
La segunda película del murciélago obra de
Christopher Nolan sigue la estela de su predecesora,
Batman Begins: mezcla varias tramas (aunque esta vez sin "flashbacks"), está espléndidamente realizada, es seria y ambiciosa, contiene escenas de acción estupendamente bien resueltas, y además incorpora a dos nuevos actores al ya impresionante casting de la saga:
Aaron Eckardt como Harvey Dent / Dos Caras (impresionante la caracterización), y el recientemente fallecido
Heath Ledger como el Joker.
Nolan, esta vez junto a su hermano
Jonathan, en vez de con
David S. Goyer, firma el guión, en el cual reincide en temas ya tratados en
Batman Begins: el código moral del justiciero encapuchado y su papel como la esperanza de regeneración para Gotham City, su relación con las fuerzas "establecidas" de la ley (Gordon, Dent, alcalde, etc.), y el riesgo que corre el héroe de dejar de serlo para convertirse en aquello contra lo que combate, si sobrepasa ciertos límites. Para ello, Nolan utiliza como antagonista principal al
Joker, convertido en una incontrolable fuerza del caos, a la vez que contrapone el papel de vigilante de
Batman con la figura del fiscal del distrito
Dent, la integridad personificada, pero peligrosamente cercano a la obsesión.
El director de
Memento "roba" con estilo de diferentes historias y momentos de la leyenda del murciélago para construir su película, y se le puede achacar que cae en los mismos altibajos de ritmo que se observaban en
Batman Begins, esta vez quizá algo más acusados al ser la película de mayor duración e incluir una serie de tramas y subtramas que se entrelazan y se van resolviendo a lo largo del film. Asimismo, pierde algo de fuerza el personaje de
Batman/Wayne como héroe/fuerza del bien al pasar parte de ese papel a
Harvey Dent, frente al excelentemente construido papel del Joker, con un
Heath Ledger magnético desde su primera aparición en la estupenda escena de apertura.
El Caballero Oscuro son casi dos películas en una, por esa "división" del papel de "bueno" entre el murciélago y Dent, y esto lastra un tanto el desarrollo de la trama, con algunos altibajos que no estropean el resultado final, por fortuna, gracias a la fuerza de otras escenas y las sorpresas que va dándonos la película. Quizá la historia de Dent y su caída podría haber dado para una película, por sí misma.
Eso sí, el mayor acierto del film es el Joker encarnado por un inspiradísimo
Heath Ledger. El inolvidable
Ennis Del Mar de
Brokeback Mountain, caracterizado de manera asombrosamente efectiva, compone un malvado genial: un psicópata absoluto, una fuerza del mal por el mal, inquietante, imprevisible, peligroso y manipulador, con ecos de
La Broma Asesina en el tratamiento de su "relación" con Batman (son excelentes las dos escenas en las que ambos personajes se enfrentan cara a cara). El
Joker es, sin duda alguna, lo mejor de la película, y le roba protagonismo incluso al mismísimo murciélago. Toda la historia gira a su alrededor: él tiene el control, como el personaje de
Kevin Spacey en
Se7en.

Nolan opta esta vez por un final menos optimista que en
Batman Begins, dejando al murciélago en una situación que plantea interesantes posibilidades para una continuación (más que cantada, dado el enorme éxito de taquilla de
El Caballero Oscuro en todo el mundo). Lástima que no podamos contar de nuevo con Ledger. Veremos qué personajes son los elegidos para intentar que olvidemos a este
Joker memorable.
Hecha la salvedad referente a ciertas "caídas de ritmo" en el guión (que tampoco son tan graves),
El Caballero Oscuro está a la altura de su predecesora y de cualquier otra película de superhéroes del momento (y de muchas "de las otras", también). Nolan recurre al montaje alternado, al estilo de
Coppola en la saga de
El Padrino, en diversos momentos del film, y obtiene buenos resultados. Las escenas de acción son soberbias: comentario aparte merece la espectacular persecución furgón blindado - coches de policía - camión grande de narices - batmóvil (cómo mola) - "batmotoneta" (de nuevo, cómo mola), con gran cantidad de destrucción de la propiedad privada en el proceso, que realmente deja boquiabierto (sobre todo, los increíbles truquitos de la "batmotoneta"), así como la ya mencionada escena de apertura, o la fugaz visita del murciélago a Hong Kong. Escenas de acción vertiginosas, ambientadas en una Gotham algo más luminosa que en
Batman Begins, acompañadas de nuevo por la música retumbante y oscura de
Hans Zimmer y
James Newton Howard y con una excelente labor del reparto, eso sí, oscurecidos todos ellos por la alargada sombra del payaso.
En resumen: muy buena. Queremos más, señor Nolan.
PS. A poder ser, disfrútese en IMAX. Merece la pena pagar algo más.