Cualquiera que me conozca sabe que uno de mis temas favoritos es el de los pioneros de la exploración polar, y por extensión casi todo lo que tenga que ver con la Antártida. Es inevitable, siempre acabo saliendo el tema en algún momento. A otros les gustan los zombis, por ejemplo; a mí me mola el tema polar. Es así.
La Antártida, a vista de satélite.Mi interés por el asunto nació gracias a un libro determinado:
El último lugar sobre la Tierra, un fascinante volumen escrito por
Roland Huntford para relatar los avatares de dos de las más célebres exploradores que tuvieron el polo Sur como meta. Ambos se hicieron célebres. Uno, el británico
Robert Falcon Scott, por su heroica gesta y su trágico fracaso final. El otro, el noruego
Roald Amundsen, por ser el primer ser humano que puso los pies en el remoto Sur magnético.
Huntford, manejando con soltura una enorme cantidad de información, nos traslada a principios del siglo XX: aún quedan regiones vírgenes por descubrir. Dos expediciones parten casi simultáneamente hacia la Antártida. Una de ellas lo hace desde Gran Bretaña, en el
Terra Nova: de manera ostentosa, con grandes medios y parabienes, encabezada por Scott, veterano de otras expediciones polares, británico de pura cepa en todos los sentidos. La otra, se hace a la mar desde Noruega, con la intención pública de dirigirse... al Polo Norte, porque el astuto Amundsen, también curtido en mil y una batallas polares, oculta el verdadero objetivo de su barco, el célebre
Fram con el que la leyenda en vida,
Nansen, cruzó el paso del Noroeste años atrás, y mantiene el secreto de su destino el tiempo suficiente para que nadie pueda volverse atrás y sus escasos valedores no le retiren su apoyo.

Ambas expediciones adoptan diferentes maneras de afrontar el peligroso continente antártico. Claramente ganadora resulta la manera noruega, producto de la experiencia de vivir en un clima ya extremo, de la pericia con los esquís, de la experiencia de su líder,
Amundsen (el hombre con bombín, a la izquierda de estas líneas: veterano explorador polar, lo bastante humilde como para asimiar los conocimientos de los esquimales de Groenlandia, expertos en la vida en las regiones polares), y de una concienzuda y milimétrica preparación de todos los detalles, que antepone las vidas de los hombres a cualquier otra consideración.
Por su parte, Scott confía en el valor y el sacrificio para vencer a la adversidad y desprecia muchos saberes útiles, pero muchas de sus decisiones respecto a la expedición serán erróneas (por ejemplo, confiar en trineos a motor o ponis, cuando otras misiones han revelado que el medio idóneo son los trineos tirados por perros), y ello sellará su destino. Ni Scott ni algunos de sus compañeros volverán vivos a casa.

El libro de Huntford engancha como cualquier buena novela, pese a que conocemos el final de la historia desde el principio. Se aprecia la pericia y la sangre fría de los noruegos, en especial del imperturbable Amundsen, quien en plena Antártida tiene que lidiar con un inesperado escollo en la persona de
Johanssen, un compañero de fuerte personalidad, pero que pese a ello y a otros avatares obtiene la recompensa ansiada. Resulta imposible no conmoverse ante las terribles penurias que atraviesa el valeroso pero obstinado Scott (a la izquierda) y su equipo (entre ellos, el también veterano en asuntos polares
Apsley Cherry-Garrard*), sobre todo en el desolador regreso tras alcanzar el polo Sur y encontrarse allí la bandera de los noruegos, terrible trance en el cual él y sus compañeros de asalto al polo, agotados y al límite de sus fuerzas, hallarán la muerte. Huntford salta con agilidad de una expedición a otra, comparándolas, aportando enormes cantidades de información, dándole ritmo al libro y manteniéndonos enganchados en toda su extensión.
El libro fue polémico en su momento de aparición (finales de los años 70) puesto que rompía con una tendencia común hasta entonces: calificar a Scott de héroe por su sacrificio, y tildar a Amundsen casi de "advenedizo" que solamente robaba la gloria a quien justamente la merecía. Huntford humaniza a ambos, en todos los sentidos: habla de la frialdad de Amundsen y de su capacidad de liderazgo y de asimilación de conocimientos; y también habla de la inseguridad, la ambición y la obcecación de carácter de Scott.
La introducción de
Paul Theroux hace un somero resumen del pormenorizado relato posterior de Huntford, subrayando la mencionada tésis de éste y destacando el componente nacionalista de la carrera entre ambos, que levantó gran revuelo en la época. Como las historias de tantos otros pioneros de la exploración polar, antes y después (por ejemplo, la del célebre
Shackleton), las expediciones de Amundsen y Scott , de talla casi legendaria, siguen siendo aventuras fascinantes, sobre las que se sigue investigando y continúan apareciendo libros.
El último lugar sobre la Tierra (Colección Altair Viajes, Ed. Península, Barcelona, 2002)
*El fascinante
El Peor Viaje del Mundo, de
Apsley Cherry-Garrard, es un libro absolutamente recomendable, para interesados en el tema polar o para cualquiera que desee leer un relato de aventuras absolutamente verídicas, y además espléndidamente escrito. Durante la expedición de Scott, el empeño de Cherry-Garrard y dos compañeros, aún a riesgo de sus propias vidas, permitió descubrir el primer nido de pingüino emperador jamás visto por ojos humanos.