"You're going to need a bigger boat."

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lunes, 3 de febrero de 2014

Películas recién vistas: LA GRAN ESTAFA AMERICANA


La nueva película de David O. Russell, últimamente abonado a los grandes premios con sus anteriores filmes (El lado bueno de las cosas y The Fighter), es un film dinámico y entretenido ambientado en los años setenta del siglo pasado, protagonizado de una pareja de timadores de poca monta, Irving (Christian Bale) y Sydney (Amy Adams), que se ven obligados por el FBI, encarnado en el agente DiMaso (Bradley Cooper) a enredarse con elementos muy peligrosos: empresarios, políticos… y la mafia.

El film, parcialmente basado en hechos reales, se beneficia de un estupendo diseño de producción (aunque algunas caracterizaciones funcionan mejor que otras) y de una estupenda banda sonora de éxitos de la época, y utiliza en muchos momentos recursos bien conocidos por los fans del Martin Scorsese de Goodfellas y Casino. Pero esta película adolece del enloquecido y apabullante ritmo visual y narrativo de Goodfellas (y del tono crepuscular que es lo que mejor aguanta hoy de Casino, la verdad), y cae en algunos baches de ritmo, sobre todo en sus primeros dos tercios. Nada demasiado grave, pero fácil de resolver y de "podar" en un film de 130 minutos que podría durar 110.

Quizá el alto grado de improvisación que, varios intérpretes comentan, se produjo durante el rodaje contribuya a ello. Algunos instantes cómicos funcionan también mejor que otros. Por suerte, en el tercio final Russell encadena bien las escenas que llevan a la resolución del enredo.

En el capítulo interpretativo, Christian Bale, con sus habituales e innecesarios excesos (que alguien le explique a este hombre que existen el maquillaje y la suspensión de la incredulidad, por favor), saca buena nota pero tampoco logra hacerse simpático para el espectador, algo fundamental en un perdedor patético como el que encarna. Ganan la partida las dos actrices protagonistas, la cada vez más estrella Jennifer Lawrence y la cada vez más interesante Amy Adams (pese a que los vertiginosos escotes de los vestidos que lucen pueden llegar a distraer a cualquiera); y un aprobado justito consiguen un histriónico Bradley Cooper y un (como siempre) soso Jeremy Renner.

En resumen: ni tan buena como dicen unos ni tan mala como dicen otros.

domingo, 29 de julio de 2012

Películas recién vistas: EL CABALLERO OSCURO. LA LEYENDA RENACE


Nota: reseña completamente spoiler-free.

Christopher Nolan cierra su versión de Batman con una tercera película que continúa directamente los hechos acaecidos en El Caballero Oscuro. Mezclando (esta vez, sin tanto acierto como en Batman Begins) numerosos elementos procedentes de distintas aventuras del personaje (desde El regreso del Caballero Oscuro a Tierra de Nadie, pasando por Knightfall y algunas otras), Nolan enfrenta esta vez a Batman con uno de sus peores enemigos en los cómics: Bane (interpretado por Tom Hardy), un rival a su altura en físico e intelecto, preparado para desatar el caos en una Gotham City que aún se está recuperando de la muerte de Harvey Dent.

"Soy el apocalipsis de Gotham"
El problema principal de esta tercera entrega es que muere de gigantismo, mucho más que su predecesora, a la cual se parece bastante (mucho). En términos de guión (firmado de nuevo al alimón los hermanos Nolan), se repiten los errores de la segunda entrega, y se mezclan con los ya cometidos en Origen. Así, tenemos un héroe que se divide en hasta ¡cuatro! personajes diferentes: Batman/Wayne (Christian Bale), Catwoman (Anne Hathaway), el comisario Gordon (Gary Oldman) y el agente Blake (Joseph Gordon-Levitt), todos ellos quitándose fuerza unos a otros.

Todos ellos se ven enfrentados a un villano mucho, mucho menos conseguido que el tétrico Joker que componía Heath Ledger de la segunda entrega (y que, si me apuran, también sale perdiendo en comparación con el desaprovechado Dos Caras interpretado por Aaron Eckhart). Si por un lado Bane no tiene el hándicap de compartir protagonismo con ninguna otra fuerza maléfica, por otra parte se echa de menos más explicación y algo más de carisma (la incómoda máscara no ayuda en absoluto a Hardy). Para entendernos: si en El Caballero Oscuro la magnética presencia del Joker se "come" la película y disimula muchos de sus errores, aquí no sucede lo mismo con Bane, lamentablemente.

"Se acerca tormenta, señor Wayne..."
Tantos personajes, tantas subtramas… es increíble decirlo, pero en un film que supera los 150 minutos falta tiempo para que todas las puertas que Nolan abre se cierren debidamente. Así, La leyenda renace, sin ser aburrida, da bandazos: sus escenas de acción son arrítmicas, se interrumpen entre sí, los personajes son presentados y desarrollados de manera apresurada porque, literalmente, no hay tiempo para todos. Es una pena que Nolan renuncie a centrarse en explorar las posibilidades de la relación entre Wayne/Batman y Selina/Catwoman, o un posible triángulo con la imponente Miranda Tate (Marion Cotillard), o a explicar algo mejor al personaje de Bane. Sobra ruido, falta emoción. Y se echa en falta, además, una pieza a la altura de las persecuciones urbanas de las películas precedentes. El "Bat-avión urbano" mola... pero no tanto como el coche o la moto.

Y desde luego, tienen mucha más fuerza el intercambio de miradas entre Christian Bale y un siempre inmenso Michael Caine, o la divertida composición de Anne Hathaway como Catwoman, que todos los fogonazos, los descacharramientos y los destrozos al ritmo retumbante de la repetitiva banda sonora de Hans Zimmer. Vale más una simple lagrimita que todas la soflamas revolucionarias que maneja un Bane al que se le podría sacar mucho más jugo.

Dejando aparte las evidentes lecturas que pueden tener escenas como la irrupción de Bane en la sede de la Bolsa de Gotham, o sus diatribas pseudoanarquistas (de parvulario), si algunos momentos de guión funcionan (la aparición de los murciélagos, la sorpresilla final que depara uno de los personajes protagonistas), otros son previsibles (hasta cierto punto, el desenlace se ve venir), o bordean lo simplón y lo sonrojante (la escena de Blake en el puente, la batalla campal entre policías y secuaces de Bane...). La película se revela mucho más deslavazada y errática que El Caballero Oscuro, que pese a sus arritmias, mantenía bastante mejor el rumbo y mostraba menos momentos involuntariamente risibles...

En resumen: mucho ruido (mucho) y pocas nueces (muy pocas).