"You're going to need a bigger boat."

"You're going to need a bigger boat."
Mostrando entradas con la etiqueta Kirk Douglas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kirk Douglas. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de diciembre de 2014

Recién leído: YO SOY ESPARTACO, de Kirk Douglas


El veteranísimo actor firmaba en 2012 un recuento jugoso y detallado de las tribulaciones de la creación de una de sus películas más conocidas, Espartaco. Con la misma fluidez y sinceridad que emanaban de El hijo del trapero, su célebre autobiografía, Douglas narra paso a paso los avatares del desarrollo del film, narrando multitud de anécdotas la mar de curiosas y centrándose en particular en su relación con el guionista Dalton Trumbo, a quien aparecer en los créditos de Espartaco rescató del vergonzoso ostracismo de las listas negras.

El libro se lee en un suspiro, y contiene un brillante epílogo en el cual Douglas reflexiona lúcidamente sobre el film, su legado, y su propia historia personal.

viernes, 18 de octubre de 2013

RODEADO DE PAPEL (SIN DIBUJOS) presenta… EL HIJO DEL TRAPERO

Van Gogh...
Kirk Douglas es uno de los personajes más interesantes del mundo de Hollywood. Su autobiografía, publicada a finales de los ochenta, es una lectura fascinante. Douglas, nacido Issur Danielovitch Demsky en Amsterdam, Nueva York, habría sido un hijo de inmigrantes más de no ser por su voluntad indomable de ser más que eso.


El despiadado gacetillero de El gran carnaval...
Tras unos titubeantes inicios en el teatro, Douglas comienza a despuntar en Hollywood con filmes como The Champion, The Bad and The Beautiful, Out of the Past o Letter to Three Wives, pero su carácter independiente y su frontal rechazo a firmar contratos largos con los estudios de Hollywood. Eso hará que su carrera atraviese por bastantes altibajos. Filmes como El loco del pelo rojo o Duelo de titanes, en la que trabaja con uno de sus grandes amigos, Burt Lancaster, se alternan con otras películas que quedan muy por debajo de ellas, en términos de éxito y calidad.


Ulises...
Pero eso no le arredra: todo lo contrario, su independencia le permite formar su propia productora, Bryna (el nombre de su madre), con la cual llevará adelante apuestas personales como Senderos de Gloria y Espartaco (Douglas no tiene pelos en la lengua acerca de Stanley Kubrick, a quien reprocha su egoismo y tacha de "mierda con talento").

Asimismo, Douglas relata una de las grandes frustraciones de su carrera. Compró los derechos de Alguien voló sobre el nido del cuco cuando la novela es aún desconocida, y primero la montó en Broadway sin ninguna repercusión, y después vio como su propio hijo, Michael, la convierte en un film de éxito pero con otro actor en el papel protagonista siempre soñado por Douglas (a quien no le gusta demasiado Jack Nicholson como MacMurphy, por cierto).


Espartaco...
El dueño del hoyuelo en la barbilla más célebre de Hollywood no oculta sus imperfecciones. De carácter volcánico y apasionado, Douglas detalla sus amoríos adolescentes (en particular, la relación que mantiene con una profesora suya en el instituto), sus matrimonios y sus numerosos romances, casado o no, y da cuenta de sus inseguridades y de la difícil relación que siempre tuvo con su padre.

Doc Hollyday...

Por supuesto, Douglas también relata con prosa ágil y una saludable dosis de autocrítica un sinfín de anécdotas sobre su trabajo en el cine y el teatro. Unos pocos ejemplos: la ocasión en la que, rodando en Cadaqués, tuvo la oportunidad de conocer a Dalí; sus broncas con directores que le pedían que rodase escenas de riesgo sin las debidas medidas de seguridad; su amistad con John Wayne, pese a ser personas muy diferentes (es impagable la manera en que Wayne le reprocha a Douglas haber interpretado a un "mariquita debilucho" como Van Gogh); la emocionada carta que le escribe la señora DeVito cuando su hijo Danny debuta en uno de los films producidos por Douglas; las numerosas ocasiones en las que se encuentra con reacciones antisemitas que ataja con un "soy judío" que sorprende a su alrededor porque "no tiene pinta de judío"; o la manera en la que relata el momento en que le implantan un marcapasos, cuanto está a punto de cumplir setenta años. Estas y otras muchas más se encuentran en las páginas de El hijo del trapero.


Einar...
El ya nonagenario Douglas, con su salud bastante mermada por un accidente de helicóptero y una apoplejía que sufrió en los noventa, sigue firmando artículos en su web (sobre temas como, por ejemplo, la tecnología en nuestras vidas, el matrimonio de parejas del mismo sexo o anécdotas sobre su carrera, vida y milagros) y en 2012 publicó I am Spartacus!, un recuento del azaroso proceso de rodaje de una de sus películas más conocidas.


En resumen: una reflexión acertada sobre el cine y el mundo del espectáculo, y una lectura estupenda para cualquier amante del Séptimo Arte.


Con su ex-cuñada.

martes, 13 de agosto de 2013

Mis películas favoritas: ESPARTACO

¿Quién no se ha emocionado con el célebre momento "Yo soy Espartaco"? El film dirigido por Stanley Kubrick y producido y protagonizado por el hijo del trapero en persona, Kirk Douglas, permanece como uno de los grandes exponentes de una manera de hacer cine "a lo grande" que la evolución de la tecnología ha hecho desaparecer.

Pero además, la película de Kubrick (mi favorita entre las suyas, he de confesar) atesora unas innegables virtudes de las cuales carecen muchos de sus colegas de género peplum: en concreto, además de un espléndido reparto y una clara carga política, hallamos en ella una inquietante visión de la moral, o la ausencia de la misma, de los poderosos. Todo ello hace de Espartaco un film moderno que no ha perdido ni gota de su interés, con el paso de los años.

Como tampoco ha perdido fuerza la novela en la que se basó su guion, un libro que el norteamericano Howard Fast escribió a principios de los años cincuenta, momento en que pasó varios meses en prisión víctima de la tristemente célebre caza de brujas. Una vergonzosa persecución que también afectó a Dalton Trumbo, guionista a quien Douglas contrató para el film terminando con el ostracismo del escritor, que fue uno de los "diez de Hollywood" y figuraba en una lista negra debido a su negativa a denunciar a miembros del partido comunista, como él.



Nacido esclavo, convertido a la fuerza en gladiador, Espartaco lidera una rebelión de gladiadores contra el poder de Roma que hace que los cimientos del poderoso imperio se tambaleen. Finalmente, el poderío militar romano aplasta la rebelión, y Espartaco y los suyos hallan la muerte.

El guion de Trumbo conserva intacta la esencia de la historia y personajes ideados por Fast (aunque inventa episodios como el mencionado y emocionante "Yo soy Espartaco", o el personaje interpretado por Tony Curtis). Dejando aparte diferencias de detalles (por ejemplo, en el film, Espartaco muere crucificado, pero no en el libro, y la estructura de la novela es más compleja que la del film, que no recurre a flashbacks ni otros recursos narrativos que sí emplea Fast), tanto la novela como el film contraponen a dos formidables personajes que se verán relacionados de una u otra forma con Espartaco y su rebelión.



Tenemos a Graco (en el film, un impagable Charles Laughton), político hasta la médula, tan astuto como orondo, que comprende mucho mejor que nadie en Roma el verdadero alcance de la rebelión de Espartaco; y a Craso (Laurence Olivier en la película), veterano militar, un verdadero exponente del poderío del imperio. Ambos son enconados rivales, y su enfrentamiento en el libro se refleja de manera más simplificada pero igualmente efectiva en el film de Kubrick. La victoria final de Craso es pírrica, dado que Graco muere, sí, pero por su propia mano, y con una sonrisa en los labios… y después de arrebatarle a la codiciada Varinia (que en el libro no se parece demasiado a Jean Simmons... aunque Espartaco tampoco tiene los rasgos de Kirk Douglas, la verdad).

El film reflejó también, en la célebre escena censurada que tantos años costó recuperar, la compleja naturaleza del personaje de Graco, a quien Olivier encarnó con su habitual brillantez, y la tensión entre las formas de la república y la abierta tiranía, el "orden" imperial que anhela Craso. En el libro, Fast presta menos atención a ello y contrapone abiertamente la honradez, pureza y justicia moral de la causa de los esclavos rebeldes a la decadente vida de los romanos, explotadores y ladrones del trabajo de otros; una decadencia moral que en el film queda bien reflejada en la morbosa fascinación de las patricias romanas con los gladiadores.



También brillan en el reparto del film, naturalmente, su principal protagonista e inspirador, un comprometido y luchador Kirk Douglas, que en la cúspide de su fama produjo y protagonizó también el anterior film de Kubrick, Senderos de gloria; y un melifluo Peter Ustinov como Baciato, el tratante de gladiadores en cuya escuela de Capua prende la llama de la rebelión de Espartaco. Inolvidable es la escena en la que Baciato y Graco relacionan la delgadez con la tiranía.

Un gran film cuyos valores cinematográficos (por no hablar de su certera reflexión sobre el poder) permanecen intactos.

lunes, 5 de abril de 2010

Mis películas favoritas: ESPARTACO


Comentarios de las buenas gentes que visitan asiduamente Rodeado de Papel me recuerdan que tenía una deuda pendiente con una de esas películas que nunca me canso de ver...

Bien conocida es la historia que narra este popular film, dirigido por un joven Stanley Kubrick, que sustituyó a Anthony Mann tras las desavenencias surgidas entre éste y la verdadera alma del proyecto: el indómito Kirk Douglas, que encarna al esclavo tracio Espartaco, quien, tras una vida en la que únicamente ha conocido la servidumbre, convertido en gladiador en el circo romano, alcanza la libertad por la vía de la rebelión. Junto a un grupo de expertos gladiadores, Espartaco se rebela contra la esclavitud, contra la tiranía, contra la misma Roma. Pero Roma no dejará tal ofensa sin castigo...

El reparto de Espartaco es uno de esos que hacen época. A Douglas, protagonista absoluto como el esclavo rebelde (un papel a su medida, en el que el actor se luce, volcánico y magnético como siempre) se le unen Tony Curtis como Antonino y Jean Simmons como Varinia, y toda una pléyade de estrellas británicas en los papeles de patricios romanos: la tétrica presencia de Laurence Olivier como el dictatorial Craso está bien compensada con la socarrona y oronda figura de Charles Laughton como Graco, y la igualmente redondeada estampa de Peter Ustinov como Lentulo Batiato.

Al argumento principal de la película se le une la interesante trama secundaria del equilibrio de poder en Roma, que también ilustró Robert Graves con su Yo, Claudio, y que intentó reproducir con escaso éxito la aparatosa pero floja en conjunto Gladiator de Ridley Scott. El Craso encarnado por Olivier simboliza el absolutismo, con su protegido Julio César (John Gavin) siempre cerca; pero el inteligente, moderado y orondo Graco aboga con inteligencia por el poder de la república... un poder que se tambalea, porque Craso aprovecha con astucia la rebelión de los gladiadores para que su causa se vea favorecida.

Laurence Olivier compone un excelente Graco: ambicioso e implacable, a la vez que elegante y solemne. Su antagonista, Laughton, está inmenso en todas las escenas en las que aparece: en la conversación íntima con una fugitiva Varinia, a quien salva con el último hálito de poder patricio que le queda, o en sus intervenciones en el senado, Laughton demuestra por qué fue y siempre será un actor magistral. Inolvidable es su sonrisa picarona cuando, hablando con Batiato, argumenta que los tiranos siempre son hombres flacos, y que la gordura es una virtud para un hombre... impagable.

El principio de la rebelión: Espartaco se enfrenta con Draba
(Woody Strode) y éste le perdona la vida...


Pero el momento más célebre y emocionante del film, citado o reproducido en muchos otros (como en El Club de los Poetas Muertos, por ejemplo) llega en las escenas finales: aplastada la rebelión, el astuto Graco solicita que los esclavos capturados le señalen quién es Espartaco, o los crucificará a todos. Cuando el tracio se levanta para librar a sus hombres del terrible castigo, las voces de los demás rebeldes le silencian: al grito de "Yo soy Espartaco", todos se ponen en pie, ante la impotente furia de Graco. Uno de esos momentos colosales, de los que no se olvidan.

Si otras películas "de romanos" de esas que suelen aprovechar las cadenas de TV para rellenar las largas horas festivas de la Semana Santa en nuestro país se ven hoy acartonadas, pasadas de moda (caso de Quo Vadis, de La Túnica Sagrada, y otras por el estilo... problema que afecta también, aunque en menor medida, a la legendaria Ben Hur de William Wyler), por el contrario Espartaco, estrenada en 1960, se mantiene fresca como el primer día. Espartaco es mucho más que una simple película "de romanos": tanto por su desarrollo, como por su bien medido desarrollo y su impactante final. El trabajo de Kubrick, del cual el perfeccionista entre los perfeccionistas siempre renegó, es soberbio. Douglas le eligió para Espartaco, filme fruto de un empeño personal del siempre inquieto actor, tras trabajar a sus órdenes como protagonista de la igualmente magistral Senderos de Gloria, ese imperecedero y obligatorio alegato antibelicista.

Además de ser una película excelente, este film atesora otro valor fundamental: el poner punto final a la tristemente célebre lista negra de Hollywood, derivada de la "caza de brujas" del senador McCarthy. Uno de los perjudicados por el clima anticomunista fue el guionista Dalton Trumbo, quien adaptó la novela homónima de Howard Fast. El empeño del productor y protagonista del film, Kirk Douglas, mantuvo a Trumbo en los créditos del film contra viento y marea. Conocidísima también es la anécdota de la famosa escena censurada, en la cual Craso y Antonino conversan, mientras el segundo lava el cuerpo del primero, y Craso insinúa que sus preferencias incluyen ambos sexos. Durante muchos años esas imágenes permanecieron guardadas bajo siete llaves, en un sótano tan profundo que su banda sonora desapareció... en las ediciones de DVD del film restaurado, que incluyen esta escena, la voz de Laurence Olivier la pone Anthony Hopkins.

Qué gran película. Como algún día la reestrenen en IMAX, a más de uno se nos va a caer la baba... eh, soñar es gratis.