"You're going to need a bigger boat."
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miércoles, 9 de diciembre de 2015
Peliculas recién vistas: EL CLAN
La nueva película del argentino Pablo Trapero es intensa y poco complaciente, como sus anteriores filmes, las tremendas Carancho y Elefante blanco. Trapero nos traslada a primeros de los ochenta, el momento en que Argentina empieza a dejar atrás el espectro de la dictadura militar. Pero no todos los fantasmas son fáciles de olvidar. Y los instrumentos del antiguo régimen, esos eficientes e implacables eliminadores de personas, siguen ahí… ¿Qué hacen cuando el estado ya no tiene empleo para ellos, cuando sus únicas habilidades son el secuestro, la tortura, el asesinato?
Basándose en el caso real de la familia Puccio, Trapero crea un relato absorbente, en el que refleja los estragos que en el círculo familiar va causando la actividad delictiva del patriarca, el implacable Arquímedes (un inmenso, inmenso Guillermo Francella, en un papel en las antípodas de otros por los que le recordamos, como el del inefable amigo de Ricardo Darín en El secreto de sus ojos).
Cuando el estado le da la espalda y le desecha como una herramienta que ha dejado de ser útil, Arquímedes sigue haciendo lo que mejor sabe hacer, esta vez por cuenta propia. Sus hijos no podrán ser ajenos a sus fechorías, en particular Alex (Peter Lanzani), la estrella del rugby, colaborador, aunque con ansiedad y reticencia crecientes, en los manejos de su padre. Capítulo aparte merece la madre del clan, que colabora impasible con su marido, pese al terror que provoca en sus hijos más jóvenes el proceder de Arquímedes, que "aloja" a las personas que secuestra... en su propia casa.
El director hace un inquietante retrato de un monstruo fácil de reconocer, porque cosas como estas no solo han ocurrido en Argentina... un monstruo atroz que, sin embargo, también es padre de familia. Y por ello, resulta más terrorífico, y más aún, sabiendo que se trata de una historia real. Trapero rueda con excelente narrativa visual, y abundan sus habituales y estupendos planos-secuencia que, sin llegar a la tremenda virguería de la parte final de Carancho, consiguen transmitir una tensión creciente en la trama.
En resumen: excelente.
lunes, 16 de julio de 2012
Películas recién vistas: ELEFANTE BLANCO
Lo que nosotros conocemos como "barrios de chabolas" y en Brasil recibe el nombre de "favela", en Argentina se conoce como "villas miseria", pero sus características son siempre las mismas: descontrolados asentamientos de población en constante crecimiento, falta de las mínimas condiciones de vida, violencia, tráfico de drogas… En uno de esos lugares, devastado por la miseria, el pandilleo y la droga, en el que malviven miles de personas, el padre Julián (un inmenso Ricardo Darín) trata de sacar adelante una obra de construcción de viviendas algo más decentes, con la ayuda de sus colaboradores en la parroquia, entre ellos la asistente social Luciana (Martina Gusman) y el recién llegado padre Gerónimo (Jérémie Renier). Pero los obstáculos son muchos…
Pablo Trapero, después de su excelente Carancho, presenta un film comprometido, que consigue llamar la atención sobre un problema que, segun se desprende de lo visto en la película, el director considera endémico e imposible de resolver (y que estos días, gracias a la promoción del film, asalta nuestros ojos en periódicos y telediarios para, probablemente, ser rápidamente olvidado). Trapero combina el análisis de la situación de la villa con el drama de sus protagonistas, equilibrando bien la parte dramática con la denuncia de la situación, un empeño en el cual muchos filmes de este tipo fracasan.
Aunque algunos elementos de la trama dramática son algo más previsibles que otros, Elefante Blanco avanza con buen pulso, con un excelente trabajo de dirección, en particular en varios estupendos planos-secuencia (recurso que Trapero ya empleaba en Carancho) y en una nerviosa narrativa visual que saca buen partido al desolador ambiente en el que se mueven los personajes. Todo ello, al ritmo de una estupenda banda sonora del inconfundible Michael Nyman. Decir que Ricardo Darín está bien en el film es como decir que el sol sale por el este. El argentino, una vez más, logra transmitir todos los matices de su personaje, un cura cuya conducta recuerda a los célebres (y convenientemente olvidados) sacerdotes de la Teología de la Liberación (como ilustra su intercambio dialéctico con sus superiores). Darín, toda una garantía, está bien secundado por el resto del conjuntado reparto.
No hay que irse tan lejos como Buenos Aires (o la favela brasileña Cidade de Deus, o el monstruoso asentamiento de Kibera en Kenia, dos lugares que nos mostraba Fernando Meirelles en sus imprescindibles filmes Ciudad de Dios y El Jardinero Fiel) para conocer la miseria, que siempre tiene las mismas caras, los mismos antecedentes, y cuya solución se enfrenta siempre con los mismos problemas. Recordemos que en estos tiempos de crisis, no sólo la ayuda al Tercer Mundo se resiente… y a veces, el Tercer Mundo puede estar mucho más cerca de lo que pensamos. Sólo hay que mirar.
Una película que hay que ver.
domingo, 3 de octubre de 2010
Películas recién vistas: CARANCHO
Cada cierto tiempo, llegan aires porteños a la cartelera, en este caso en forma de film de serie negra. Este Carancho que nos traen el director Pablo Trapero y el conocidísimo actor Ricardo Darín se revela como una pieza modélica de género, una película dura, incluso cruda, tensa, nerviosa, que no da respiro en prácticamente la totalidad de su metraje y que deja huella. Y para entendernos, un carancho es un ave de presa... básicamente, parece ser otra manera de decir "buitre".
Sosa (un siempre creíble Ricardo Darín) es un picapleitos de segunda fila que "caranchea" entre ambulancias, accidentados y la corrupta mutua de seguros para la cual maltrabaja. Baqueteado, frecuentemente apalizado, solitario y desencantado, la suerte de Sosa parece cambiar cuando conoce a Luján (Martina Gusmán, esposa en la vida real de Trapero, y también productora ejecutiva... todo queda en casa), una joven médico pluriempleada y toxicómana con la que inicia una relación sentimental. Pero cuando uno lleva mucho tiempo metido en ciertos berenjenales… es muy difícil salir. Y cuando andas removiendo la mierda… solo es cuestión de tiempo que empiece a salpicarte a tí y también a quienes están a tu alrededor.
Carancho pinta un panorama desolador. Por los ambientes nocturnos de Buenos Aires se mueven un buen número de personajes turbios (es un decir). Nadie se salva: bufetes de abogados ansiosos de dinero (pero no para sus clientes), policías que actúan como esbirros, médicos que participan en las estafas… por no mencionar el ambiente cochambroso y carente de medios de los hospitales en los que los pobres ciudadanos que tienen la desgracia de tener un accidente son literalmente asediados por bandadas de buitres de la peor especie: la humana. El hombre es un lobo para el hombre, boludo… (siempre se pega la jerga argentina cuando uno ve una peli de estas…). Carancho no es una película acomodaticia ni fácil, y su desenlace es perfectamente consecuente con su desarrollo.
El guión del film está perfectamente medido. Alterna perfectamente las secuencias de diálogo con otras mudas sin que el espectador deje de recibir la información con claridad en ningún momento. La realización del film es tensa, nerviosa, desprovista de todo asomo de glamour, con largas secuencias cámara en mano y falsos planos secuencia (con ayudas digitales) que funcionan estupendamente.
Y por encima de todo, dentro de un conjunto excelente, una vez más, destaca la presencia de Ricardo Darín, ese actor invisible a quien conocimos en la estupenda El hijo de la Novia y que desde entonces es garantía segura de una interpretación modélica, tanto en el papel de "persona humana" tan cultivado en los filmes realizados junto a Juan José Campanella, como en el de cabronazo timador en Nueve Reinas, o en un personaje humano, bien delineado, turbio y con aristas como es el Sosa de Carancho, un film recomendable al cien por cien.
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