"You're going to need a bigger boat."

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jueves, 19 de mayo de 2016

RODEADO DE BRUCE presenta... ANOETA, The River Tour, 17 de mayo de 2016


Bueno, ¿cómo decirlo sin que suene a dicho ya? ¿Cómo explicarlo? No se puede. Solo me puedo acoger a la sensación que produce el Jefe en la gente que, incluso hoy, tiene la suerte de acudir a su primer encuentro con él. Porque cuando vas a un concierto de Bruce Springsteen, estás con él. Dentro de su mundo. Dentro de su épica rockera. Dentro de ese torbellino de energía que él y su indomable, insustituible E Street Band desatan en directo. Ese huracán gozoso, que no destruye sino que te hace temblar de emoción y se te lleva y te deja renovado y listo para seguir viviendo, y que se abatió sobre el estadio donostiarra de Anoeta hace unas pocas noches. Así se siente quien realmente se deja llevar y se rinde a la evidencia que se despliega.

Sí, claro, sé lo que dicen los que han perdido la fe, o nunca la tuvieron. "Ahh, ya no es lo mismo". "Es que los conciertos en grandes estadios, claro"… "Es que cuando le vi yo la primera vez, jo, fue la leche…",  "que tal o cual concierto donde yo estuve y tú no fue la repanocha, y aquí ha tirado de oficio…", "que si no ha tocado tal o cual canción…" Tópicos que se repiten. Perlas de "sabiduría" de críticos que dejan que su faceta de fan, y no su espíritu crítico, se interponga entre ellos y la energía que desprende Bruce.

Claro que no es lo mismo que antes: si la muerte de Danny Federici dejaba tocada de un ala a la E Street Band, el fallecimiento del Big Man Clarence Clemons la dejaba sin una buena parte de su corazón, casi casi la mitad, yo diría. Y claro que la edad hace mella. Vistos de cerca, los E Streters (bueno, quizá con la excepción de Steve Van Zandt, que no podrá ser confundido nunca con un ser humano normal) son maduros profesionales, señores mayores que parecen ajenos a cualquier agitación rockera. Y en la última década, la esencia de la banda se ha ido diluyendo en una potentísima maquinaria sonora que ha incorporado de manera temporal una sección de viento y a un renombrado as de la guitarra como Tom Morello. Y claro que el público de un estadio, la masa, los miles, demanda cosas distintas que el entregado seguidor de pabellón.

Pero la magia de Bruce es poderosa. Ah, sí. Y en esta nueva gira, el de New Jersey se ha sacado un as de la manga, quizá el último, pero uno más: la banda ha vuelto a su esencia. El sonido es más rockero, más puro, menos empastado y adornado. No es que en las últimas giras las canciones sonasen mal, pero indudablemente el ataque de los grandes clásicos del cancionero del Jefe, como Thunder Road, como Badlands, como The Promised Land, por no hablar de las baladas, impresionantes, que disfrutamos en Anoeta la otra noche es el mejor desde la inimitable gira de 2003, la verdadera cúspide de la E Street Band en su etapa de madurez.

Y no creas que no tengo espíritu crítico. Para empezar, como casi siempre en Anoeta, el sonido fue muy mejorable, oscilando entre el aceptable de la parte central del concierto y el inaceptable chatarreo del arranque, con ecos al final… indigno de la talla de la música, desde luego. Los trucos fáciles, como Waiting on a Sunny Day, o los bailoteos finales de Dancing in the Dark, suenan a ya vistos. Nils Lofgren, como casi siempre, queda algo desdibujado, por decirlo suavemente. La vistosa realización en directo en las pantallas de vídeo ningunea a buena parte de la banda durante el show.

Pero la energía de Bruce lo puede todo. Y cuando tú pones de tu parte lo que tienes, esa energía se multiplica. Y solo puedes poner todo de tu parte, porque alguna vez será la última. Ya dormirás, ya descansarás, ya se te pasarán la ronquera y las agujetas. Si no lo pones, quizá no tengas otra oportunidad.

Y ahora, la crónica.

Con menos retraso que otras veces, pasadas las nueve y diez, estalló el alborozo cuando el imperturbable Max Weinberg pisó el escenario con su aplomo chalequero habitual, se encaramó a la batería y arrancó un ritmo fácil de reconocer, y a su son fueron saliendo el resto de miembros de la banda: Roy Bittan y Charlie Giordano, Patti Scialfa y Soozie Tyrell, Steve Van Zandt y Nils Lofgren, Jake Clemons… y finalmente, y con él se desató la algarabía generalizada, el propio Bruce, guitarra en mano, atacando Working in the Highway con brío. A partir de ahí, con la grada puesta en pie y la pista entregada, la habitual andanada de arranque, lastrada por un sonido desastroso que por suerte se arregló a las alturas de Independence Day. Canción, como varias otras, de The River, que Bruce no repasó entero pero sí en gran parte (sonaron 12 de las 20 canciones del disco). La mejor parte, como casi siempre, fue la sección central del concierto: ahí, a partir de Two Hearts, con la banda ya caliente y el público entregado, Bruce desplegó lo mejor de la noche: Two Hearts, Independence Day, Hungry Heart, Out in the Street, Crush on You y You Can Look (But You Better Not Touch), así, seguidas. Ahí es nada.

Y cómo sonaron las canciones, y cómo sonó la voz de Bruce. Cómo sonó Fire. Cómo brillaron I wanna marry you, The River y Point Blank, en particular esta última. Cómo restalló Murder Incorporated, para dar paso al festivalero Darlington County, el explosivo Ramrod (mención aparte merece el trabajo de Jake Clemons en esta pieza, un Jake que por fin llena los zapatos musicales de su tío a base de energía pura) y la vibrante I'm Going Down, que levantó a los pocos que quedaban sentados. Tras el paréntesis, divertido como siempre y prescindible como siempre, de Waiting on a Sunny Day, Drive All Night alcanzaba una de las cotas más altas de emoción y conexión de la noche. Después, The Promised Land y Because the Night elevaban una vez más el espíritu y nos dirigían a la traca final…

Y la sorpresa llegaba con Brilliant Disguise, esa canción maravillosa, con Patti a los coros, como debe ser, seguidas de The Rising y la inconmensurable Thunder Road, cerrando lo que era (solo) la primera parte del show con otro de sus grandes himnos: Badlands.

Y casi sin pausa (en serio), los bises, con todas las luces del estadio encendidas, más empastados y menos sorprendentes que lo anterior, como casi siempre: un atronador Born in the U.S.A., seguido por la inmortal Born to Run, Glory Days, Dancing in the Dark y el mejor momento, el
siempre bienvenido Tenth Avenue Freeze-Out, y el cierre entre bromas de "me voy, no me voy" con Bobby Jean y la emocionante This Hard Land, en acústico, como despedida de la noche. Tres horas y tres cuartos.

Más fotos, aquí.


En resumen: Bruce.


El concierto
1. Working on the Highway
2. No Surrender
3. My Love Will Not Let You Down
4. The Ties That Bind
5. Sherry Darling
6. Two Hearts
7. Independence Day
8. Hungry Heart
9. Out in the Street
10. Crush on You
11. You Can Look (But You Better Not Touch)
12. Fire
13. I Wanna Marry You
14. The River
15. Point Blank
16. Murder Incorporated
17. Darlington County
18. Ramrod
19. I'm Goin' Down
20. Waitin' on a Sunny Day
21. Drive All Night
22. The Promised Land
23. Because the Night
24. Brilliant Disguise
25. The Rising
26. Thunder Road
27: Badlands

Los bises:
1. Born in the U.S.A.
2. Born to Run
3. Glory Days
4. Dancing in the Dark
5. Tenth Avenue Freeze-Out
7. Twist and Shout
8. Bobby Jean

Final:
7. This Hard Land

martes, 23 de julio de 2013

Rodeado de Bruce presenta… SPRINGSTEEN & I



Dirigido por Bailie Walsh y producido por Scott Free, la productora fundada por los hermanos Scott, Ridley y el fallecido Tony, Springsteen & I es un curioso documental realizado a partir de vídeos que fans del Boss a lo largo y ancho del mundo han grabado, tratando de explicar qué significa, para ellos Bruce y su música. Y lo consiguen, vaya si lo consiguen... como cualquier fan de Bruce podrá atestiguar tras ver el documental.

Recuerdos del primer concierto, experiencias durante los shows, encuentros de primera mano con Bruce… Los mejores instantes, sin duda, los proporciona el sufrido enamorado de una fan del Boss de Manchester, que acompaña siempre a su mujer a los conciertos, y que rezonga ante la célebre duración de los mismos, provocando carcajadas del respetable. Tampoco tiene desperdicio el momento en que un tipo de Filadelfia logra sus sueño de pisar el escenario junto a Bruce gracias a un rocambolesco disfraz de Elvis... Unos vídeos con chispa y un montaje bien llevado hacen que el documental pase en un suspiro.

Los vídeos grabados por los fans, de toda edad, procedencia y condición, se alternan con fragmentos de conciertos de toda la carrera de Bruce, con imágenes casi en su totalidad inéditas, procedentes de los inagotables archivos personales del cantante (que graba practicamente todos sus conciertos, audio y vídeo... imagina la cantidad de horas de grabaciones que puede sumar todo eso...).

El documental se cierra con un alucinante montaje en el que escuchamos un Born to Run montado a base de actuaciones de los últimos cuarenta años. Una idea realmente brillante. Y se redondea la experiencia con un simpático epílogo en el que varios de los participantes en el documental conocen a Bruce una noche después de un concierto.

Así, Springsteen & I, en vez de ser un documental babosillo de fans tarados hablando con arrobo de su ídolo, es una muestra de lo que la música puede llegar a significar para las personas, encarnado en la figura de la verdadera leyenda viva del rock, ese tipo que sigue haciendo vibrar a miles de personas cada noche que pisa un escenario. Si quieres saber cómo es capaz, o dudas de ello, puedes visitar esta página, donde tienes pruebas de sobra de lo que puede desencadenarse durante cualquier show de Bruce.

Además, como guinda, se ofrece al respetable un fragmento de unos 35 minutos de la actuación de Bruce y los suyos en el Hard Rock Calling de Londres el verano de 2012. Puede verse aquí. Sí, el célebre instante en que, tras un "momento Beatles" junto a Paul McCartney, el concierto terminó de manera accidentada porque la ordenanza londinense en materia de ruido lo exigía… La cara del tipo que se lo dice a Bruce es un verdadero poema, y el estribillo de Good Night Irene que entona Bruce como despedida es una maravilla improvisada. Una gozada en pantalla grande, con perfecto sonido digital.


En resumen: Bruce.

PS: Ojalá podamos disfrutar más veces de la pantalla grande y del sonido digital, con Bruce y son otros artistas que merecerían visionados de sus shows en una sala de cine. Dejemos caer la idea, a ver si alguien se anima a convertir la excepción en regla...
PS 2: Dado que están derribando el antiguo San Mamés, escenario de uno de los mejores shows de Bruce en su largo historial de conciertos españoles, esperemos que el nuevo San Mamés sirva para algo más que para momentos de anodino balompié y Bruce también lo haga temblar... como hizo temblar la vieja Catedral.

viernes, 28 de junio de 2013

Rodeado de Bruce presenta... GIJÓN, 26 de junio de 2013

Foto: El Comercio.
El cuervo que anida en el entramado metálico bajo la cubierta del fondo sur del estadio gijonés de El Molinón aún debe estar preguntándose qué demonios pasaba con tanto jaleo. Acostumbrado como estará a la rutina de las algarabías futboleras, ni se podía imaginar lo que se le venía encima la noche del miércoles, 26 de junio. Porque… el Jefe estaba en la ciudad.

Pasadas las nueve y media de la noche, un retraso por el que nadie se extraña ya porque simplemente hace que la expectación se acreciente, la E Street Band del siglo XXI, músicos jóvenes y veteranos, que nunca será la banda inmortal de hace unos años (concretamente, la de la gira de 2003), pero que componen una engrasada máquina de rock forjada a base de ensayos, veteranía e innumerables conciertos, pisaba el escenario… y en último lugar, aparecía un tipo de New Jersey dueño de un repertorio tan amplio como versátil. El tipo saludaba al respetable, guitarra en mano, y reclamaba aún más gritos, aullidos y alaridos, sonriente, listo para hacer lo que mejor sabe hacer. Saludaba guitarra en mano, como siempre. Chicos y chicas de todas las edades… el Jefe estaba en la ciudad. Empezaba la fiesta.

My love will not let you down y Out in the Street servían de simple calentamiento para un repertorio variado, ejecutado con ganas, con garra, con mano firme. Empezaron enseguida las sorpresas, gracias a las pancartas de los fieles de las primeras filas, como Better Days, el vibrante Travellin' Band de la Creedence Clearwater Revival o la festivalera Ain't Good Enough for You. Después llegaban una demoledora Wrecking Ball, seguida de Death to my Hometown y una memorable versión gospel de Spirit in the Night. Momento solemne a continuación con la excelente Jack of All Trades, seguida de… The River. Ahí fue cuando el respetable empezó a desatarse de verdad. 

Después, Atlantic City, otro clásico, daba paso a otra sorpresa, You Can Look (but You Better Not Touch), donde el compadreo con Steve VanZandt recordaba a los mejores tiempos de la banda. Por la entrega y por la potencia del show, parecía simplemente que aquello acababa de empezar… y es que el Jefe estaba en la ciudad.

Después de un sing along seguro como Darlington County, Bruce enlazaba una brillante Because The Night (que como siempre puso a los más reticentes en pie) con una salvaje She's the One. Después, una nueva pancarta traía al escenario la versión actual de Rosalita (Come Out Tonight), igual de divertida pero menos vibrante que años atrás, seguida de otro momento festivo con Shackled and Drawn (en la que Cindy Mizelle se lució arrancando aplausos del respetable), y el otro momento sing along: Waiting on a Sunny Day, un tema habitual en los conciertos de estadio y denostado por parte de la parroquia de fans, con los habituales y divertidos momentos de Bruce sacando a cantar el último estribillo a un chaval. Pero tranquilos, true believers… el Jefe estaba en la ciudad.


Foto: El Comercio.
Y para demostrarlo, una nueva pancarta nos permitía escuchar una emocionante Drive all Night, una de las joyas de más quilates de The River (y eso es decir mucho); y después, por si alguien pensaba que se le acababa el gas a Bruce, The Rising, Badlands y otra sorpresa más que bienvenida, Light of Day (de nuevo, Steve VanZandt hizo de las suyas) hacían vibrar al público congregado en el Molinón. Pero… aún faltaban los bises.

Arrancando con Radio Nowhere, a continuación el Jefe y los suyos enlazaban un atronador Born in the U.S.A. que hizo temblar el Molinón (y debió de oírse hasta en Oviedo, dada la salvaje interpretación y los rugidos del respetable) con Born to Run (esta vez, las luces del estadio estuvieron un poco lentas a la hora de encenderse… ya se sabe que en esta canción toda la iluminación posible tiene que dispararse de inmediato). Un público sudoroso y jadeante pedía más. Un Jefe sudoroso y jadeante tenía más. 

Un verdadero huracán de bailoteo que arrancaba con un demoledor Seven Nights to Rock de Moon Mullican, enlazado sin solución de continuidad con Dancing in the Dark y Tenth-Avenue Freeze-Out (con el habitual homenaje a los dos amigos fallecidos, Clarence Clemons y Danny Federici, bien reemplazados pero inolvidables)… y después, dos habituales en los momentos finales de los shows de Bruce en los últimos tiempos: el Twist and Shout de The Beatles y el Shout de los Isley Brothers. 

Y cuando ya había saludado y dado salida al resto de la banda… tres horas y un largo pico después, Bruce se paraba, se volvía al respetable, agarraba una guitarra acústica, agradecía la respuesta del público… y nos regalaba una emocionante Thunder Road. Y así, saludando de nuevo guitarra en mano, Bruce se despedía con un "Os queremos".

Tres horas y media de puro Bruce, o sea, el mejor show del mundo. Si alguien cree que exagero… puede visitar Youtube (esos bípedos humanos y sus pequeños y extraños dispositivos de acariciar...) o la web del Stone Pony Club, donde hay suficientes pruebas en vídeo de por qué, cuando el Jefe está en la ciudad… HAY que estar en la ciudad.

Todas las imágenes pertenecen a la galería del diario gijonés El Comercio. Más, aquí y aquí. La noticia, aquí. El repertorio completo, cortesía del blog de África Baeta, periodista televisiva e infatigable seguidora del Jefe. Un conciertazo. Uno más.

01. My Love Will Not Let You Down
02. Out in the Street
03. Better Days
04. Ain’t Good Enough For You
05. TRAVELIN’ BAND (estreno en la gira)
06. Wrecking Ball
07. Death to My Hometown
08. Spirit in the Night
09. Jack of all Trades
10. The River
11. Atlantic City
12. You Can Look (But You Better Not Touch)
13. Darlington County
14. Because the Night
15. She’s The One
16. Rosalita (Come Out Tonight)
17. Shackled and Drawn
18. Waitin’ On a Sunny Day
19. Drive All Night
20. The Rising
21. Badlands
22. Light of Day
23. Radio Nowhere
24. Born in the U.S.A.
25. Born to Run
26. Seven Nights to Rock
27. Dancing in the Dark
28. Tenth Avenue Freeze-Out
29. Twist and Shout
30. Shout
31. Thunder Road

jueves, 23 de mayo de 2013

Rodeado de Papel (Sin dibujos) presenta… BRUCE, de Peter Ames Carlin

La primera biografía autorizada por el propio Bruce Springsteen en muchos años arroja luz sobre muchas de las facetas menos conocidas o divulgadas de la vida y la carrera del músico de Freehold, New Jersey.

Peter Ames Carlin huye de cualquier tentación de conformismo y describe a Bruce como una persona difícil. Perfeccionista, obsesivo, tozudo, capaz de lo mejor y de lo peor, a veces sin solución de continuidad, el hijo de Doug y Adelle Springsteen se labra el camino hasta el estrellato en los años setenta, se convierte en un ídolo de masas en los ochenta, da bandazos en los noventa, y recupera en el siglo XXI su arrollador ímpetu y su estatus como uno de los máximos exponentes del rock. El libro ilumina especialmente el momento inicial de la carrera de Bruce, menos conocido que su discurrir posterior.

Por el camino, Ames Carlin no nos ahorra las dudas, el aislamiento social de su juventud, su impulsividad, lo imprevisible de su carácter, las tensiones en el estudio de grabación debido al perfeccionismo del cantante, o el recuento de la accidentada vida sentimental de Bruce hasta su matrimonio con Patti Scialfa. También se nos relata la difícil relación con su padre y su amistad con sus dos grandes escuderos, Steve Van Zandt y Clarence Clemons, que sobrevive a todos los obstáculos del camino… como por ejemplo, a la disolución de la E Street Band a finales de los ochenta.

Ames Carlin no oculta que Bruce es un jefe duro y obsesivo que no duda en despedir a un empleado cuando este no cumple con su trabajo exactamente como su jefe lo espera. Pero también es un ídolo del rock carente de cualquier endiosamiento (pero con algun que otro rastro de vanidad, naturalmente); y más importante, es un artista que no teme pisar callos, que cree en lo que hace por encima de todo, y que no vacila en sacudirse de encima a los políticos oportunistas, ni en salirse de los caminos establecidos, como atestiguan sus letras comprometidas, o ese espectral Nebraska que se cuela entre The River y Born in the USA.



Menos interesado en la leyenda que en los hechos, Ames Carlin da cuenta de las dudas, de los viajes, de los éxitos y sinsabores de más de cuarenta años de carrera musical. A través de numerosísimas entrevistas, y naturalmente con declaraciones del propio Bruce, Ames Carlin reconstruye con fluidez la vida del artista, dando cuenta de los fantasmas personales de Bruce, pero también de su inmenso talento y de su inquebrantable compromiso con su arte y con su público.

El libro también habla de lo diferentes que son el Bruce del siglo XX, más obsesivo, que construye tres discos legendarios pero es muy poco dado a conceder entrevistas, y el del siglo XXI, maduro, asentado pero no dormido en su leyenda, empeñado en llevar su música a cuanta más gente mejor a través de incansables giras y medios de todas clases. El relato de los días finales de las tres grandes pérdidas de la vida del cantante, su padre y sus dos compañeros de banda fallecidos, Clarence Clemons y Danny Federici, es uno de los mejores pasajes del libro.

Bruce es un libro imprescindible para cualquier fan de Springsteen, y también indicado para cualquier lector que desee conocer algunos de los motivos por el cual la fiel parroquia de seguidores del Boss sigue (seguimos) siendo tan fieles, después de tantos años...

 Los setenta.


 Los ochenta.

Hoy.

miércoles, 4 de julio de 2012

RODEADO DE BRUCE presenta… BRUCE SPRINGSTEEN, de Magela Ronda

De Greetings from Asbury Park a la Tierra Prometida es el más reciente libro publicado en nuestro país sobre Bruce Springsteen. Coordinado por Magela Ronda, el volumen pasa revista a la gestación de cada disco del Boss y a las circunstancias que rodearon su creación: la formación de la E Street band, el éxito de Born to Run, los años difíciles previos a Darkness…, la confirmación con The River, la celebridad con Born in the USA, el bache de los años 90 y el glorioso retorno del Bruce de siempre con The Rising; y entre ellos, los discos menos "comerciales" de Bruce, como Nebraska o The Ghost of Tom Joad.

Este libro ha sido una agradable sorpresa. Ronda, una verdadera true believer de Springsteen, ha reunido a un amplio grupo de apasionados por el Boss de muy diversas procedencias, y ha dado forma a un libro que funciona tanto para el fan de toda la vida que desee conocer más cosas sobre Springsteen, o repasar muchas otras que ya conoce, como para profanos que quieran comprender el porqué de la inquebrantable devoción que Bruce provoca entre sus seguidores.

El acierto del libro es su impecable concepción. Repasando la carrera de Bruce de disco en disco, desde 1973 hasta la actualidad, cada capítulo está dividido en varias secciones fijas que permiten a las numerosas firmas que colaboran en el libro mostrar todo tipo de matices y detalles. Además, en el libro se acumulan historias personales, análisis en profundidad de canciones seleccionadas, anécdotas, opiniones sobre los discos y el devenir de la carrera del de Freehold, entrevistas... y por supuesto, se hace un repaso, gira a gira, de sus ya legendarias actuaciones en directo. Y naturalmente, todo ello se acompaña de multitud de fotografías, y se envuelve en un diseño de lo más claro, funcional y atractivo.

En resumen: todo un acierto.


domingo, 3 de junio de 2012

RODEADO DE BRUCE presenta... DONOSTI, 2012 (una crónica nada imparcial)

Foto: EL DIARIO VASCO
En los momentos en que arreciaba el aguacero que cayó sobre Anoeta durante buena parte del show, Bruce Springsteen, uno de los hijos predilectos de New Jersey, se mojó, literal y figuradamente. Durante tres horas de concierto en el cual las pausas, en conjunto, sumaron aproximadamente… cinco minutos, Bruce se creció mientras los relámpagos iluminaban el cielo sobre el escenario.

Incluso prescindiendo de canciones habituales, casi imprescindibles, como son The Promised Land, Darkness on the Edge of Town, The Rising y Thunder Road, incluso con la sentida ausencia de Clarence Big Man Clemons y Danni Federici… Bruce, anoche, volvió a vencer y convencer. El Boss gritó, rugió, chapoteó y corrió bajo la lluvia, después de abrir el concierto con la legendaria Who'll stop the rain de su admirado John Fogerty. Y después del himno tradicional de apertura de concierto en noches de lluvia para Bruce y la incombustible y reforzada para la ocasión E Street Band, llegaron como un tren de mercancías disparado We take care of our own y Wrecking Ball... inmediatamente seguidas de un engarce de lo viejo y lo nuevo formado por la inmensa The Ties that Bind, la reivindicativa Death to my hometown y una emocionante My City of Ruins (homenaje a Sam Cooke incluido) en la que Bruce presentó a la banda, incluidos los ausentes, a un público ya entregado.

Tras el primer respiro en aproximadamente media hora, arrancó Spirit in the Night con un arreglo de apertura soberbio, seguida por una telúrica Night y una estupenda sorpresa, en directo desde 1973: Does this bus stop at 82st Street?, que también pudimos escuchar en San Mamés en otra noche mágica. A estas alturas del show quedaban ya claras varias cosas. Bruce venía con ganas de mantener intacta su reputación; la banda sonaba estupendamente; el público estaba entusiasmado; el sonido, nunca perfecto en estadios, era bastante mejor que en su anterior actuación en Anoeta, más claro y menos retumbante; y el heredero y sobrino del Big Man, Jake Clemons, demostraba que no está en la banda por oportuno nepotismo y bordaba los solos de saxo.

Foto: EL DIARIO VASCO

Pero lo mejor estaba por llegar. La sensacional Jack of all trades daba paso a una tremenda Adam Raised a Cain, demostrando que Bruce sigue navegando por su amplio cancionero con brújula experta y absoluto control, y manteniendo una admirable unidad temática en el diseño de sus repertorios. Prove it all Night y She's the One, sobre todo esta última, acabaron de poner de pie a quien aún quedaba sentado, y el respetable rio y disfrutó de lo lindo a contiucación con el festival de bailoteo que se marcó Bruce en Working on the Highway.

Una Shackled and Drawn a puro voz en grito, rematada por Bruce con un aire gospel a dúo con una de las excelentes vocalistas negras incorporadas a la banda, Cindy Mizelle, dio paso a una divertidísima Waiting on a Sunny Day (con Bruce correteando detrás del chaval al que invitó a cantar el estribillo, ante la algarabía general por la soltura del crío). La primera parte del show se cerraba con una estupenda versión de Save My Love, uno de esos descartes que Bruce ha ido rescatando de lo que se quedó en el proceso de elaboración de sus discos; una escalofriante The River en la que Bruce se volcó y que el público acogió con pasión, y que dio paso a una tremenda pareja formada por Backstreets y Badlands, dos de las grandes piezas del Boss, ejecutadas de manera magistral, para culminar en la esperanzadora Land of Hope and Dreams, en su nuevo arreglo para Wrecking Ball.

Foto: EL DIARIO VASCO
Y después, en unos bises que como siempre arrancaron casi sin interrupción, Bruce concedió un breve respiro con Rocky Ground… una canción para corear y recuperar fuerzas para lo que se avecinaba. Y eso que mientras la lluvia volvía a aparecer, Bruce se desató por completo. "Are you ready!?" fue el grito furioso que dio paso a un impresionante Born in the USA que hizo temblar Anoeta (literalmente) y fue coreado bien alto por el respetable, seguido por el inmortal Born to Run y el festivalero Hungry Heart… Y entonces un sonriente y desatado Bruce atacó con una demoledora Seven Nights to Rock, que dio paso a Dancing in the Dark (con un impresionante aguante al saxo de Jake Clemons mientras el respetable se moría de risa con Bruce sacando a a bailar a unos cuantos chavales al escenario en la parte final)… y al habitual y siempre bienvenido numerito de Bruce desplomándose en un fingido "no puedo más" del que Steve Van Zandt le despertaba a golpe de esponja empapada en agua… para terminar con la inmortal Tenth Avenue Freeze-Out, donde el público aplaudió a rabiar el esperado homenaje al inmortal Clarence Clemons.

En resumen: impagable. Una noche soberbia… una vez más, y van seis, desde 1999, al menos para quien esto escribe. Un concierto fabuloso, a la altura de todas las expectativas, con un repertorio que recorre practicamente todas las décadas de la discografía de Springsteen. Un show lleno de energía entre audiencia y artista, en el que se vio a Bruce contento, entregado, frenético en algunos momentos, respaldado por una banda de postín (aunque se echó de menos un Because the Night, por ejemplo, para que Nils Lofgren pudiera lucir su virtuosismo guitarrero), y en el que los bises sonaron menos apresurados que en otras ocasiones.

Y como dijo anoche el mismo Bruce, en esa estrofa de Born in the USA que ha ido alterando con el paso de los años… "Forty years burning down the road / Nowhere to hide, nowhere to go". Sólo, una vez más, saltar al escenario… a vibrar y hacer vibrar al público, con sus clásicos de siempre, que son acogidos con rugidos del respetable, que siempre se atenúan un poco en el caso de las canciones "nuevas" de turno.

Como siempre, después de un concierto de Bruce, a estas alturas, queda la duda… ¿será el último gran show que disfrutaré(mos) de esta banda inigualable? Ni lo bueno ni lo malo dura para siempre. Al igual que en otras ocasiones, Bruce se despidió con un "We'll be seeing you"

Más fotos, crónicas y demás, en la página web de El Diario Vasco y en muchos otros lugares. Las canciones (cortesía del imprescindible blog de África Baeta):

1. Who’ll Stop The Rain
2. We Take Care of Our Own
3. Wrecking Ball
4. The Ties That Bind
5. Death to My Hometown
6. My City of Ruins
7. Spirit in the Night
8. Night
9. Does This Bus Stop at 82nd Street?
10. Jack of All Trades
11. Adam Raised a Cain
12. Prove It All Night
13. She’s the One
14. Working on the Highway
15. Shackled and Drawn
16. Waitin’ on a Sunny Day
17. Save My Love
18. The River
19. Backstreets
20. Badlands
21. Land of Hope and Dreams
22. Rocky Ground
23. Born in the U.S.A.
24. Born to Run
25. Hungry Heart
26. Seven Nights to Rock
27. Dancing in the Dark
28. Tenth Avenue Freeze-Out

martes, 20 de marzo de 2012

RODEADO DE BRUCE presenta… WRECKING BALL


El Jefe nos presenta un nuevo disco, en el cual encontramos algunos cambios respecto a su más reciente trayectoria. Un nuevo productor, Ron Aniello, y una gran cantidad de músicos, muchos de ellos familiares de colaboraciones en otros discos, que sustituye a buena parte de la E Street Band en las sesiones de grabación, destacando la total ausencia de Roy Bittan, Garry Tallent y Nils Lofgren, y la casi testimonial presencia de otros miembros del legendario grupo, que sin embargo se reunirá para la próxima gira, con la sentida ausencia de los fallecidos Danny Federici y Clarence Big Man Clemons.

El disco, en lo musical, presenta un aire más cercano a Seeger Sessions que a los recientes Magic y Working on a Dream: los homenajes al pop y rock clásico y a la música de los 60 dejan paso a la potencia folk y los aires festivaleros de la mayoría de los temas, en un sonido vibrante que contrasta vivamente con las letras, ásperas y comprometidas, primas hermanas de las de discos como Nebraska o The Ghost of Tom Joad.

En temas como We Take Care of our Own, Death to my Hometown o Jack of all Trades, Bruce retrata los años que vivimos. Años en los que los ricos se vuelven más ricos, y los pobres más pobres, en los que a la inundación sigue la sequía, y en los cuales los perdedores siempre parecen (parecemos) ser los mismos… Los cortes del disco componen un discurso unitario que ataca el mismo tema desde distintos ángulos.

En su primera parte, el disco encadena cinco canciones realmente logradas. La segunda parte, desde This Depression, tiene más altibajos, y además allí se encuentran tres piezas ya paseadas por Bruce en multitud de conciertos: la estupenda Wrecking Ball (en una versión de estudio tan arrolladora como la que ya conocíamos en vivo), la esperanzadora Land of Hope and Dreams y la festiva American Land. Tres temas que encajan perfectamente en el discurso. Sin embargo, ni This Depression, ni We are Alive, ni Swallowed Up están al mismo nivel. El supuesto "rap" de Rocky Ground es la mejor canción "nueva" de esta parte del disco, y como los demás temas nuevos, gana mayor fuerza en directo, como ya se ha podido comprobar.

Habrá quien diga que el mensaje no es nuevo, y que quizá un músico multimillonario no es el más capacitado para hablar de los menos afortunados… Pero eso no le quita la razón a su diagnóstico, ni fuerza al disco. Wrecking Ball es un buen disco, mejor y más equilibrado que los dos anteriores, aunque con un par de canciones prescindibles. Se escucha de un tirón, y se disfruta intensamente su sonido compacto.

Esta es la nueva obra de un autor que no tiene que demostrar nada pero que sigue poniendo fe en lo que hace, como siempre. ¿Es una excusa para salir de gira? Como si nos importase… Lo es, naturalmente, pero en conjunto aporta más de lo que aportaron Magic y Working on a Dream.

En resumen: Bruce ha vuelto, gente.

jueves, 5 de mayo de 2011

RODEADO DE BRUCE presenta... AIN'T GOOD ENOUGH FOR YOU


Lo bueno de algunos es que, cuando montan una fiesta privada, luego invitan a todo el mundo... Ain't good enough for you, una de las canciones inéditas rescatadas para la reedición de Darkness..., cobra vida en manos de Bruce y la E Street Band. Vamos, sube el volumen y alégrate el día un rato...

Visto en el imprescindible blog de África Baeta, conocida presentadora de noticias de ETB y gran fan de Bruce.

viernes, 17 de diciembre de 2010

RODEADO DE BRUCE presenta... SONGS FROM "THE PROMISE"

Es estupendo comprobar una vez más que en el diccionario de Bruce Springsteen no existen la palabra "trámite" ni la expresión "cumplir con el expediente". Y si no, compruébese en esta grabación de aproximadamente media hora, un concierto privado (con unos cuantos auténticos lucky bastards como público) grabado en New Jersey hace unos días, que ahora se puede ver en Internet. Cinco temas: Racing in the Streets (la versión antigua, la descartada), Gotta get that Feeling, Ain't Good Enough for you, The Promise y una versión de Blue Christmas. Colosal...

Un regalo de Navidad adelantado... Puede verse aquí.

jueves, 9 de diciembre de 2010

RODEADO DE BRUCE presenta… THE PROMISE o DARKNESS ON THE EDGE OF TOWN, 2010


Primero, el comentario obligado de fan de Bruce. La nueva edición de Darkness on the Edge of Town, en una lujosa caja que contiene 3 discos y 3 DVDs es la bom-ba. Punto. Si la caja Tracks descubría maravillas ocultas, este The Promise hace lo mismo… Vayamos por partes.

El libro
Bien sabida es la costumbre del de New Jersey de usar un cuaderno, donde va anotando las ideas, las letras de las canciones, y cualquier cosa que le resulte de interés durante la producción de un disco. El diseño del libro reproduce fielmente el aspecto de uno de los célebres cuadernos de Bruce, obviamente, el de Darkness, tachones, pegotes variados (como carátulas de cassettes con distintas pruebas del orden de las canciones del disco) y páginas rotas incluidos. Entre garabatos casi indescifrables, somos testigos de cómo van naciendo las canciones, cómo va tomando forma sus letras y títulos, cómo el músico juega con ellas hasta que está completamente satisfecho… un lujo, vamos.

Los discos
Los tres CDs que contiene The Promise son, por un lado, la obligatoria remasterización del disco original, uno de los mejores de su carrera sin duda. Por otro, una veintena de tomas inéditas entre las cuales se encuentra un poco de todo. Son canciones grabadas durante las sesiones de Darkness, que después quedaron descartadas, en un proceso habitual en Bruce, que graba, graba, graba y después selecciona: oimos desde versiones alternativas de canciones del disco, hasta nuevos (para nosotros) temas descartados en su día (sin duda, por su poca concordancia con el tono general de Darkness, no por su evidente calidad).
Una decena y media larga de piezas completamente inéditas, más unas cuantas versiones alternativas que muestran cuánto pueden cambiar las canciones desde su primer origen hasta la grabación definitiva. Un puñado más de temas que se añaden sin desentonar al ya apabullante cancionero del Boss. Casi nada, oiga.
Jóvenes de Jersey... de izquierda a derecha: Roy Bittan, Clarence Big Man Clemons, Garry Tallent, Max Weinberg, Bruce, Stevie Van Zandt y Danny Federici. O, para abreviar... la E Street Band.

Los DVDs
La joya de la corona de The Promise es sin duda la grabación de un concierto ofrecido en Houston en 1978, donde un joven Bruce y la banda se muestran absolutamente demoledores. Tras varios años tocando juntos, la E Street Band primigenia suena de muerte. Pese a que a los avezados fans de Bruce les sonarán algunas versiones de canciones gracias a los innumerables discos bootleg que circulan por el mundo (¿tú cuántos tienes? Yo, sincermante, he perdido la cuenta...), ver al Jefe y los muchachos en acción en esos años no tiene precio, y quien no haya disfrutado de ello tiene una oportunidad inigualable. La calidad de las imágenes es la que es: la de la grabación de vídeo original, con todos sus defectos, pero obviamente su valor testimonial hace olvidar todas sus imperfecciones. La mezcla de sonido es estupenda.
Absolutamente rompedor es el atracón final de bises con temas propios y ajenos que regalan a la entregada audiencia, con un divertido y descamisado Bruce, que parece poseido (se dirige al público con frases como "no puedo parar" o "vosotros me habéis provocado", en medio del frenesí rocanrolero, con la banda sonando a toda pastilla… y eso, después de casi tres horas de concierto. ¿Destacar alguna cosa? Por mencionar algo en concreto, dentro de un conjunto sobresaliente, una larga e impresionante versión de She's the One mezclada con el clásico Mona.



La gran sorpresa es otra grabación en directo, esta vez de 2009. La banda, sin Nils Lofgren y sin presencia femenina, y con Charlie Giordano sustituyendo al fallecido Danny Federici, se marca una toma en directo de las doce canciones originales de Darkness, pero en un teatro vacío, sin público. Ello no significa que ni Bruce ni los músicos se tomen la cosa a broma, todo lo contrario. La entrega es total, e incluso al final, la transición entre Prove it all Night y Darkness… es al mejor estilo E Street Band, sin pausa, como en cualquier otro show.
Es, ni más ni menos, la mejor máquina de tocar en directo, tocando en directo… ¿para nadie? No, más bien para todos, para cualquiera que se siente delante del televisor y enchufe el DVD (o el Blu-Ray). Un concierto privado. Toma ya. Y un testimonio de madurez y de saber hacer, como demuestran una telúrica Badlands, una solemne Racing in the Streets o una maravillosa The Promised Land.

 

Lo mejor de todo es que en el mismo disco se recogen una serie de piezas, bajo el título de Thrill Hill Vault, grabadas en los tiempos de Darkness: ensayos, versiones primerizas en directo y otras curiosidades, titubeos de un músico y una banda que suenan increíbles ya entonces. Es divertidísimo ver a un grupillo de desmañados y melenudos chavalotes ensayando y tocando, divirtiéndose juntos y disfrutando de la música, y maravillarse con su estupenda conjunción y arrolladora energía, incluso en ensayos en la granja de Holmden en la que Bruce vivía por entonces.
Hablando de energía, la invasión de fans femeninas que besuquean y estrujan a Bruce mientras canta (o lo intenta) Rosalita en una de estas piezas es desternillante...

 
Para finalizar, un documental sobre la creación del disco y los conocidos avatares de la vida del cantante, por entonces. Lo mejor, obviamente, las imágenes tomadas durante las sesiones de grabación, donde se pueden escuchar piezas ya clásicas en el repertorio de Bruce, como Badlands, The Promised Land o Factory, con distintas letras, diferentes arreglos… mientras, a fuerza de ensayos, revisiones, obsesiones, discusiones y horas y horas de trabajo, el disco iba tomando forma, como podemos apreciar también en algunas de las grabaciones de The Promise. De lo más interesante.

Más de seis horas de imágenes, en total. Vamos, lo dicho: lujazo. Más información y detalles, aquí.

martes, 12 de octubre de 2010

RODEADO DE BRUCE presenta... especial I'M ON FIRE


Tres versiones distintas de una misma canción: I'm on Fire, ese recuento de acaloramientos nocturnos que no dejan dormir... una pequeña pieza escondida entre los petardazos de rock'n'roll festivaleros y comprometidos por igual que era Born in the USA. La original del propio Bruce, naturalmente; una con el sello inconfundible y la voz profunda y espectral de Johnny Cash, quien no necesita presentación; y una tercera más eterea y sinuosa, desde la inimitable conjunción de voz y piano de la mesmérica Tori Amos, quien tampoco necesita presentación. Cortesía de Youtube.

RODEADO DE BRUCE presenta… CINCO CANCIONES DE BRUCE

Ni son las cinco mejores, ni pretendo sentar cátedra, ni nada por el estilo. Son cinco canciones que selecciono del amplísimo repertorio del de New Jersey, simplemente porque me apetece, sin mayores pretensiones. Simplemente, me gustan.

Screen door slams, Mary's dress sways...


Thunder Road
Aquí sí que voy a ser claro: sin duda, Thunder Road es mi canción favorita de Bruce, seguida a corta distancia por muchas otras, pero nunca desplazada del primer lugar. Tanto en versión acústica como en toma rockera, esta canción es la fusión perfecta entre una melodía deliciosa y una letra inspirada y directa, con un final épico y abrumador. La apertura de Born to Run, el disco que hizo famoso a Bruce, es una mano tendida, un canto de esperanza que invita a dejar atrás lo malo y lanzarse hacia adelante. Pone los pelos de punta.
Más, aquí (en inspirada versión acústica a dúo con Melissa Etheridge) y aquí.

My love will not let you down
La primera canción que tocó el Jefe en el primer concierto en el que tuve la suerte de estar: Zaragoza, gira de reunión de la banda, 1999. Así se empieza un concierto, con un contundente "estamos aquí", que es lo que es esta canción publicada por primera vez en la caja Tracks, quince años después de ser grabada, y que se ha convertido en una presencia habitual en los repertorios en vivo de la última época de giras, como en el reciente concierto de San Mamés, donde Bruce y su gente se marcaron una explosiva versión con un tremebundo solo de batería de Max Weinberg. Una canción que siempre funciona, con un sencillo mensaje de confianza y conexión muy en la onda del cancionero de Bruce.
Más, aquí y aquí.

The Promised Land
La canción más esperanzadora (casi la única nota de esperanza) de las que componen uno de los discos de cabecera de Bruce, Darkness on the Edge of Town. Una buena muestra de las ideas habituales de las canciones del Jefe: la fe en algo mejor que está en alguna parte, lejos del mundo opresivo que puede venirnos impuesto por la familia, el lugar donde nacemos… Sobre vagabundear sin rumbo, y sobre romper con la tristeza y la rutina en busca de un lugar donde respirar, lejos de las mentiras y de los sueños que no se cumplen. Siempre impresionante en vivo, es sin duda una de las mejores muestras de la esencia springsteeniana.
Más, aquí y aquí.

Badlands
Este es el grito de un Bruce que terminaba un largo periodo de silencio discográfico de tres años, impuesto por el antiguo contrato firmado antes del éxito de Born to Run. La canción que abre Darkness hace explosión desde el primer segundo y es un desahogo, un rugido vibrante de estrofas cortas y secas que termina convertido en un himno de libertad. Recuerda Dave Marsh, el biógrafo oficial de Bruce, en alguno de sus libros, la conmoción que le produjo escuchar esta canción por primera vez, conmoción que se repite en cada interpretación, hasta hoy. Es de las que nunca suelen faltar en los conciertos del de New Jersey, y merecidamente, porque es una gran, gran canción.
Más, aquí y aquí.

The Rising
Cuenta la leyenda que, poco tiempo después del 11-S, alguien le dijo a Bruce "Te necesitamos". ¿Exageración? ¿Truco publicitario? En cualquier caso, la respuesta del artista fue el disco al que esta canción a título. The Rising supuso un cambio de productor para los discos del Jege, algo que altera una tanto el sonido de la banda; quince canciones entre las que sobresale esta, un verdadero himno, potente, poderoso, homenaje explícito a los bomberos que perecieron en el World Trade Center que se ha afianzado entre las canciones imprescindibles del Jefe en directo. Una canción de esas que se te llevan en volandas. Palpitante, imparable, soberbia.
Más, aquí y aquí.

domingo, 27 de junio de 2010

RODEADO DE BRUCE presenta... LONDON CALLING


Casi tres horas de Bruce y la banda en Hyde Park, en DVD, en el marco de un macrofestival musical celebrado en la capital británica, el verano pasado. Un caramelo difícil de resistir, y más teniendo aún muy vivo el recuerdo del espectacular concierto que ofrecieron en Bilbao, también el pasado verano. Un concierto intenso, a la altura de los mejores de la gira, donde la conexión de Bruce y la banda con el impresionante gentío que tapiza Hyde Park es excelente, superando el hándicap de una excesiva separación entre el escenario y los espectadores de las primeras filas. Una pena, porque Bruce ha hecho del contacto con el público un verdadero arte. Decir que el de New Jersey sigue siendo un fiera en vivo es decir una perogrullada. Ya lo dije aquí, y no soy el único, así que no me extenderé.

¿Qué encontrará el true believer como yo, público objetivo al que se dirige el disco? Pues agradables sorpresas como la apertura con el célebre London Calling de The Clash, o la revisión del clásico del siglo XIX Hard Times Come Again No More, con algunos versos modificados por Bruce, que suena sorprendentemente actual, seguramente descubierto e "importado" al repertorio durante la gira con la Seeger Sessions Band, y que ha sido objeto de versiones de artistas tan dispares como Mary J. Blige o Johnny Cash.

Hard times come again no more

'Tis the song, the sigh of the weary

Hard times, hard times, come again no more
Many days you have lingered all around my cabin door
Oh hard times, come again no more
While we seek mirth and beauty and music, light and gay
There are frail forms fainting at the door
Though their voices are silent, their pleading looks will say
Oh hard times, come again no more."

Y quien no sea un true believer como yo aún, pues siempre puede empezar por aquí y luego ir poniéndose al día...

El DVD, algo lastrado por una realización menos inspirada que la de predecesores como Live in New York City o Live in Barcelona, también permite documentar el estado de la banda. Una panda de alegres cincuentones, excelentes músicos con largas carreras en solitario por separado, con muchos años de carretera a sus espaldas, que disfrutan con su trabajo, y que cada noche salen a darlo todo y a divertirse, y que están en un estupendo estado de forma musical; comandados por un Bruce que es un verdadero terremoto, que se encuentra en una forma física envidiable, y que aguanta el tirón y hasta se permite bromear al respecto. Impagable es el momento en el cual se queja de la cantidad de escalones que tiene que subir para llegar al escenario desde la zona de las primeras filas de público, y pide un ascensor, "porque ya tiene sesenta años, joder". O los momentos en que Bruce cambia el repertorio sobre la marcha...

Quien acusa más no la edad, sino los problemas de salud, es el carismático y resultón Big Man. Clarence Clemons arrastraba en esta gira graves achaques de espalda y rodillas, que pese a no impedirle actuar, le quitaban parte de su fuerza arrolladora al saxo y sobre todo, le restaban movilidad hasta extremos alarmantes (de hecho, caminaba con muchas dificultades). Las últimas noticias dicen que el Big Man se recupera de una operación de espalda, con buen ánimo y con ganas de volver a ser el que era, y bailar de nuevo con Bruce como nos tiene acostumbrados. Es una buena noticia.

Y para los que creen que tanto festivaleo, tanto concierto inigualable, tanto "yo aguanto como el que más" es pura fachada, y discuten el hecho incontrovertibe de que Bruce Springsteen es uno de los pocos músicos de hoy que hacen buena la etiqueta de "leyenda viva"... que sepan que las últimas noticias también hablan de una segunda caja de Tracks, rescatando otra tacada de temas inéditos de los ingentes "archivos secretos" de Bruce... que sepan que también se avecina una largamente anunciada edición aniversario del seminal Darkness on the Edge of Town, adornada con un concierto en DVD... y quee además, Bruce podría ya estar grabando nuevo material, si hacemos caso a lo que declaraba recientemente Bob Clearmountain. Quizá no es una fuente muy autorizada, sólo es el responsable de las mezclas de la práctica totalidad de la producción discográfica de Bruce...


En resumen: viva Bruce.

martes, 28 de julio de 2009

RODEADO DE PAPEL presenta... ¡RODEADO DE BRUCE!

Mientras termino de repasar esta crónica, nada imparcial por supuesto, suena Jungleland en el Ipod... y pienso en el niño a quien Bruce invitó a cantar el estribillo de Waiting on a Sunny Day, en un celebrado momento del concierto. El chaval estuvo todo el concierto en las primeras filas frente a una pantalla de doce metros de altura. Desde su estatura, y con la descomunal pantalla, debió de parecerle colosal, gigantesca, la figura del de New Jersey. Y eso es exactamente lo que vimos todos, no solo el chaval: todos quienes tuvimos la suerte de disfrutar con Bruce vimos a un gigante, a alguien realmente grande, haciendo lo que mejor sabe hacer.

Lo que Bruce Springsteen y la E Street Band hicieron la otra noche en San Mamés puede tener muchos calificativos. Pero todos ellos se pueden resumir en una sola palabra: entrega. La conexión con el público fue completa desde el primer instante hasta el último. El repertorio registró numerosos cambios respecto a los demás conciertos de la gira europea, con un adecuada mezcal de clásicos, canciones "de estadio" y rarezas, y el show duró tres horas largas: tres horas de sonrisas, de complicidad, de gamberradas varias y numerosos guiños al público que vibraba y hacía vibrar San Mamés... Un lugar tan poco dado, por desgracia, a acoger espectáculos musicales; parece que algunos piensan que, de hecho, eventos de este tipo "molestan" al fútbol; sólo los más ignorantes entre los ignorantes pueden ser TAN ignorantes... por suerte son una pequeña minoría de energúmenos quienes así rebuznan (de hecho, se oían comentarios del tipo "ojalá saliéramos tan contentos siempre de San Mamés", una vez terminado el concierto...). El respetable aplaudió, aulló, rugió y respondió sin descanso a un igualmente incansable Bruce.

Con media hora de retraso respecto al horario previsto, algo inhabitual en los conciertos de Bruce, dio comienzo el show con una sorpresita especialmente dedicada a la ciudad anfitriona. Sonriente, el diminuto Nils Lofgren tocó con su acordeón una festivalera versión de... Desde Santurce a Bilbao. Un detalle para meterse a los públicos de la vieja Europa aún más en el bolsillo, un guiño que se ha ido repitiendo en todos los conciertos europeos este año, que naturalmente funcionó a la perfección, acogido con carcajadas y aplausos, que se convirtieron en verdaderos aullidos y rugidos cuando Bruce y el resto de la banda ocuparon sus lugares en el escenario. Con el saludo en euskera, "Kaixo Bilbao, hemen nago, eta pozik" ("Hola Bilbao, aquí estoy, y contento"), un Bruce sonriente y relajado puso en marcha la locomotora rockera con The Ties that Bind, seguida de la inmortal Badlands (coreada a voz en grito por el público) y el clásico Hungry Heart, cuya primera estrofa, como es costumbre, la cantaron (cantamos) los asistentes.

Vinieron después dos americanadas, en el buen sentido de la palabra: un toque rockabilly para Working on the Highway, y una vibrante versión de Outlaw Pete, una de las piezas más logradas de su último disco. Frente a la espectacularidad de escenarios y efectos especiales de otras megagiras, Bruce sigue apostando por la sobriedad: acompañó con paisajes icónicos de Norteamérica proyectados en una pantalla gigante detrás del escenario (y un sombrero de vaquero) la historia crepuscular del forajido Pete. En otros momentos la pantalla mostró al entregado público, que también coreó a voz en grito Working on a Dream, la canción que Bruce puso al servicio de Barack Obama (y que Patxi López también, digamos, "adoptó" en su campaña)... y rugió bien alto cuando Bruce, en su español macarrónico como siempre, anunció: "esta noche vamos a liarla". La conexión el de New Jersey con el público, su envidiable saber hacer en el escenario, su irrefrenable y arrolladora energía siguen intactas, aunque lleve ya más de 30 años en el oficio. Quien dude de ello, no tiene más que acercarse a verlo en cualquiera de los demás conciertos que quedan por celebrarse en España estos días.

La edad tampoco hace gran mella en la E Street Band. Los evidentes problemas de salud de un visiblemente más delgado Clarence Clemons (quien casi no puede caminar y será operado de la espalda, tras la gira) no le impiden ser el de siempre en el saxo, y su cálida sonrisa agradeciendo los contínuos vítores del público llenó las pantallas. Max Weinberg se mostró, si cabe, más poderoso que nunca. Roy Bittan y Charlie Giordano (competente sustituto para el inolvidable Danny Federici), más el imprescindible y casi siempre invisible Garry Tallent, mantienen el tipo, y tanto el teatral Steve Van Zandt como Nils Lofgren, virtuoso sin igual, también son los de siempre. Las aportaciones de Soozie Tyrell, mucho más simpática y dinámica que la siempre fría Patti (que ya no participa en demasiados shows) y los dos vocalistas "importados" de la Seeger Sessions Band complementan el sonido de siempre de la banda.

Siguiente tanda, sin solución de continuidad: Murder Incorporated y su rock poderoso, la nueva versión de la triste historia de Johnny 99 convertida en un traqueteo imparable a ritmo de locomotora, imitando Bruce, Steve Van Zandt y Max Weinberg el sonido de la máquina a base de guitarrazos y baquetazos en unos minutos absolutamente soberbios, que continuaron, para absoluto delirio del respetable, con la conocidísima e intensa Because the Night, que de nuevo fue coreada bien alto, y contó con un solo de guitarra genial a cargo de Nils Lofgren. Hasta entonces, el concierto iba bien... pero a partir de ahí fue a mejor.

Porque llegaron dos sorpresas, dos canciones poco habituales en los recientes shows de Bruce, que permitieron al respetable respirar por primera vez: Factory, en una versión acústica, solemne y maravillosa, y This Hard Land, maravillosamente ejecutada, con un Bruce completamente entregado, que acto seguido disparó Raise your Hand y se paseó alegremente por las primeras filas, repartiendo saludos y sonrisas, y recogiendo a cambio las pancartas de los aficionados, con títulos de canciones propias y ajenas, que el artista acumuló después a los pies del estrado de la batería.

Y entonces, empezó el delirio: por un momento, fue Navidad en julio cuando Bruce mostró una petición de lo más original para Santa Claus is Coming to Town, que tocaron a continuación, entre risas; la canción navideña fue seguida por la indescriptible algarabía que provocaron los primeros sones de armónica de Thunder Road, clásico entre los clásicos; y luego vino la sorpresa absoluta: Does this Bus stop at 82nd Street?, pieza extraida de su primer LP de ¡1973!. Por si a alguien podía quedarle alguna duda, a estas alturas ya estaban despejadas todas. El show iba viento en popa. Bruce y la banda siguen siendo los de siempre. Y siguen sabiendo sacarle partido a su interminable repertorio.

Otra pancarta hizo brotar una telúrica My love will not let you down, en la cual Max Weinberg protagonizó una exhibición descomunal de fuerza que hizo vibrar el estadio, desmintiendo por la vía de los hechos informaciones de algún indocumentado que afirmaban que su sustitución por otro batería en algunos conciertos (por cierto, es su propio hijo Jay quien le reemplaza, información para indocumentados) se debe a problemas de salud y no a la verdadera razón, sus compromisos televisivos con Conan O'Brien. Después, momento festivo con Waiting on a Sunny Day, con un público exultante coreando, y el divertido momento en que Bruce dejó a un chaval cantar dos estribillos de la canción, y luego le sacó a saludar al respetable (seguramente el niño es hijo de algún amigo; por allí andaba Manel Fuentes, por ejemplo, y suele ser normal en los conciertos de Bruce que salude a gente en las primeras filas). Y después, otro clásico inmortal: The Promised Land, y otro afortunado chaval recibiendo la armónica de Bruce de regalo.

El show remontó a nuevas alturas con The River, en una versión algo más lenta y solemne que en otras giras, recibida con gran agrado por el respetable, que después se vio sacudido por una sucesión de verdaderas balas de cañón rockeras y vibrantes, disparadas sin descanso: Radio Nowhere, Lonesome Day, The Rising y Born to Run. Se agotan los calificativos. Menuda andanada.

La banda saludaba, pasada ya la medianoche... como si eso fuera el final del show. Todos sabíamos (y ellos también...) que la cosa aún no acababa ahí.

Sin abandonar el escenario, los veteranos músicos ocuparon de nuevo sus lugares. Las sorpresas fueron menores en los bises, como suele ser habitual, pero no decayó le energía en ningún momento. Bruce sacó una pancarta del montón... y sonó You never can Tell, de Chuck Berry, pieza popularizada por Tarantino en Pulp Fiction, que hizo bailar a todo el estadio. Y después, ese himno colosal, desaforado e interminable que es Jungleland: una versión emocionante, perfectamente ejecutada, con el célebre solo de saxo de Clarence que siempre pone la piel de gallina, y que el Big Man ejecutó a la perfección. Después, nueva algarabía festivalera con American Land, seguida del habitual y siempre divertido show de Bruce y Steve, en plan "estoy agotado, no puedo más", que culminó con los dos entre carcajadas mostrando a las cámaras una pancarta que pedía a "Rosie"... como dijo Bruce, "Rosalita, sal esta noche" entre el delirio del público. Enlazaron una rápida Rosalita con Dancing in the Dark (con Bruce sacando a bailar a una chica que se lo pedía con una original pancarta) y el concierto culminó con la conocida "versión Bruce" de Twist and Shout, aderezada con algunas gotitas de La Bamba.

Fin de fiesta. El público, sudoroso y agotado pero feliz, aclamaba a la banda, que saludaba y acto seguido se retiraba con un "Os queremos" dedicado por Bruce a la audiencia. Un último saludo de Bruce en solitario, guitarra en alto... y hasta la próxima.

Que sea pronto.

Bruce, relajado como un turista más en la playa de Ondarreta de Donosti, donde se aloja estos días.

LISTADO COMPLETO DE CANCIONES
De Pointblankmag.com

Desde Santurce a Bilbao

The Ties That Bind
Badlands
Hungry Heart
Outlaw Pete
Working on the Highway
Working on a Dream
Murder Incorporated
Johnny 99
Because the Night
Factory
This Hard Land
Raise Your Hand
Santa Claus is Comin' to Town
Thunder Road
Does This Bus Stop at 82nd Street?
My Love Will Not Let You Down
Waitin' on a Sunny Day
The Promised Land
The River
Radio Nowhere
Lonesome Day
The Rising
Born to Run

BISES:
You Never Can Tell
Jungleland
American Land
Rosalita (Come Out Tonight)
Dancing in the Dark
Twist and Shout