Cuando
Disney compró
Marvel recientemente, todos los estudios poseedores de derechos cinematográficos de personajes de la casa se pusieron manos a la obra, dado que, de no producir nuevas entregas de sus respectivas "franquicias", los derechos volverían a ser propiedad de Disney. Por ello, el año que viene veremos un reinicio de la saga cinematográfica de
Spiderman (y tambén, me temo, de
Ghost Rider), y ahora nos encontramos ante una operación similar con los
X-Men. Esta primera entrega, bien realizada por
Matthew Vaughn (es una pena que el guión de
Kick-Ass no fuera un poco mejor) en la cual está presente como productor y co-autor del argumento
Bryan Singer (director de las dos primeras entregas de la trilogía, recordemos), cuenta el origen del enfrentamiento entre
Xavier y
Magneto, con bastante garra aunque con escasas sorpresas.
En los años 60, Erik Lensherr (
Michael Fassbender, reconcentrado, atormentado, inspirado) persigue a los asesinos nazis de sus padres por todo el mundo… para terminar enfrentándose a Sebastian Shaw (
Kevin Bacon, muy adecuado, disfrutando su papel de villano), que dirige el Hellfire Club ayudado por otros mutantes como él, como Emma Frost (
January Jones, tan guapa que da hasta miedo). Al mismo tiempo, en los EE.UU., la agente de la CIA Moira McTaggart (
Rose Byrne, todo estilo) contacta con el experto en genética Charles Xavier (
James McAvoy, un poco soso), para que le ayude a investigar sus sorprendentes descubrimientos sobre el Hellfire Club. Con Xavier está su socia, la joven Raven (
Jennifer Lawrence, guapísima y magnética), mutante como el mismo Xavier.
X-Men: Primera Generación es un reinicio que encaja perfectamente con los anteriores filmes (incluso repite una de sus escenas clave, en el arranque del film), quitando algún cabo suelto acá y allá que probablemente será abordado en sucesivas entregas. El guión mantiene el interés, y pese a repetir varias veces algunas informaciones para que nadie se pierda (tampoco es que sea tan complicado lo que sucede para tener que repetirlo tanto, pero ese es un terrible vicio del cine comercial yanqui de nuestros días), la película es entretenida. Adolece, eso sí, de algunos altibajos en las escenas de acción, como ya le sucedía a sus predecesoras.
Un reparto de actores jóvenes pero con sobrada experiencia llena bien sus respectivos papeles. Destaca el personaje de
Mística, que complementa con su evolución la dicotomía Xavier-Magneto, que ven dos soluciones muy distintas para el mismo problema. El aspecto del film, ambientado en un momento histórico muy determinado (la crisis de los misiles de Cuba, durante la presidencia de
J.F. Kennedy), le da un aliciente especial. Militares soviéticos desfilando por la
Plaza Roja; máquinas que parecen cacharros, más que máquinas… Añades a la mezcla un vestuario que les sienta de cine a actores y actrices; un montaje muy adecuado, con escenas estupendamente resueltas (como la del reclutamiento de los aprendices de Xavier, con la sorprendente aparición de… huy, casi se me escapa), y sale un film de lo más apañado.
Un grupo de nuevos personajes, extraidos de diferentes etapas de la ya casi inabarcable historia de los cómics mutantes, que se unen a los ya conocidos: por ejemplo, la
Ángel "a la Morrison" encarnada por
Zoë Kravitz, la guapísima y diminuta hija de
Lenny Kravitz y
Lisa Bonet. Las presencias de secundarios de toda la vida como
Oliver Platt,
James Remar,
Rade Serbedzija,
Matt Craven,
Don Creech,
Ray Wise (¡el padre de Laura Palmer!),
Olek Krupa o el mismísimo
Michael Ironside alegran la función, como suelen decir los críticos de cine. Son caras que te sonarán, si sus nombres no te dicen nada.
En resumidas cuentas, un film que, sin aportar demasiadas sorpresas, es lo suficientemente divertido y entretenido para darle una oportunidad. Se pasa un buen rato. Y la verdad es que, al final, deja con ganas de más...