No sé demasiado de Jung (Michael Fassbender) y Freud (Viggo Mortensen). Por lo tanto no puedo apreciar si la historia que narra la película de David Cronenberg es muy fiel a las ideas de cada uno de ellos, si la confrontación "estilo Amadeus" (pero sin ansias asesinas, o quizá ansias asesinas reprimidas) que se plantea es real, o si el personaje de la joven rusa a la que da vida la siempre bienvenida Keira Knightley, también real, está bien reflejado o no.
Lo que puedo decir es que me sorprende que una película dirigida por David Cronenberg (quien no necesita presentación) y escrita por Christopher Hampton (quien tampoco necesita presentación) resulte tan sosa y aburrida. Y desde luego, sin saber demasiado, me resulta difícil creer que dos de los personajes más influyentes en su campo del siglo pasado sean el par de simplones a quienes dan vida un ubicuo Fassbender (es que sale en todas las palículas, el tipo este, ultimamente) y un toscamente caracterizado Mortensen. Y últimamente, Keira Knightley me ha parecido mucho más convincente, por ejemplo, aquí, donde se defiende mucho mejor.
Quizá se intentaba "humanizar" a sus célebres protagonistas, pero lo cierto es que al film le falta capacidad de atrapar al espectador y le sobran tópicos, y es una película que para durar poco más de hora y media, no se hace precisamente corta. La habitual y demostrada capacidad de Cronenberg para interesar al respetable brilla por su ausencia.
En resumen: muy poca cosa.
"You're going to need a bigger boat."
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martes, 8 de mayo de 2012
domingo, 15 de abril de 2012
Películas recién vistas: SHAME
Dejemos aparte alguna que otra diatriba moralista que circula por ahí (y a la que no voy a molestarme en remitirte), y hablemos de la historia que nos cuenta Shame (que puede traducirse como "vergüenza", pero también como "lástima"), dirigida por Steve McQueen: la de Brandon (Michael Fassbender), neoyorquino solitario y elegante, que padece una adicción al sexo de carácter bastante destructivo. Su rutina de atonía y sexo se verá trastocada por la reentrada en su vida de Sissy (Carey Mulligan), su hermana, cuyas tendencias van más hacia lo autodestructivo…
El film ilustra el tema de la adicción con acierto: pese a la casi continua actividad sexual, Brandon nunca parece satisfecho, ni siquiera en plena faena. Nunca obtiene verdadero placer de lo que hace (ni siquiera alcanza el orgasmo en ningún momento). Siempre necesita más. Debido a la naturaleza de la adicción del protagonista, el film es muy explícito, incluso crudo en muchas escenas; y a la vez aparece en muchos momentos frío, distante, casi gélido, en un ambiente urbano que subraya el aislamiento de su protagonista.
Shame no emite ningún juicio moral sobre Brandon. ¿Es el desierto desolado, carente de ninguna conexión emotiva, en el que se arrastra día tras día la única alternativa a una vida "convencional", de la cual Brandon abomina? ¿Por qué es incapaz Brandon de conectar con nadie? ¿La pelirroja del metro simboliza algo? Obviamente, ninguna de estas preguntas (ni muchas otras) tiene su respuesta en Shame. Eso es intencionado, claro. Quizá en algunos momentos un poco más de explicación no le vendría mal al film, un descenso a los infiernos tan efectivo como, por ejemplo, Requiem por un Sueño (aunque bastante menos estomagante y gratuito).
Aunque en algunas escenas peca de algún exceso esteticista, el trabajo de McQueen es excelente. Y pese a que Shame flaquea un tanto en todo lo que rodea al personaje de Sissy, una parte de la trama mucho más previsible que todo lo que la rodea, el film se beneficia de la impresionante actuación de Michael Fassbender, en un papel complicado y fácil de sobreactuar que sin embargo el actor lleva con pulso firme.
En resumen: Shame es una de esas películas que hacen pensar, aunque no te acaben de convencer o no termines de entenderlas del todo; una de esas a las que le das vueltas una vez vista. Desde luego, la segunda película de Steve McQueen dista mucho de ser un film convencional, ni apto para todo tipo de paladares. Merece la pena darle una oportunidad... pero no esperes respuestas, ni una historia convencional.
El film ilustra el tema de la adicción con acierto: pese a la casi continua actividad sexual, Brandon nunca parece satisfecho, ni siquiera en plena faena. Nunca obtiene verdadero placer de lo que hace (ni siquiera alcanza el orgasmo en ningún momento). Siempre necesita más. Debido a la naturaleza de la adicción del protagonista, el film es muy explícito, incluso crudo en muchas escenas; y a la vez aparece en muchos momentos frío, distante, casi gélido, en un ambiente urbano que subraya el aislamiento de su protagonista.
Shame no emite ningún juicio moral sobre Brandon. ¿Es el desierto desolado, carente de ninguna conexión emotiva, en el que se arrastra día tras día la única alternativa a una vida "convencional", de la cual Brandon abomina? ¿Por qué es incapaz Brandon de conectar con nadie? ¿La pelirroja del metro simboliza algo? Obviamente, ninguna de estas preguntas (ni muchas otras) tiene su respuesta en Shame. Eso es intencionado, claro. Quizá en algunos momentos un poco más de explicación no le vendría mal al film, un descenso a los infiernos tan efectivo como, por ejemplo, Requiem por un Sueño (aunque bastante menos estomagante y gratuito).
Aunque en algunas escenas peca de algún exceso esteticista, el trabajo de McQueen es excelente. Y pese a que Shame flaquea un tanto en todo lo que rodea al personaje de Sissy, una parte de la trama mucho más previsible que todo lo que la rodea, el film se beneficia de la impresionante actuación de Michael Fassbender, en un papel complicado y fácil de sobreactuar que sin embargo el actor lleva con pulso firme.
En resumen: Shame es una de esas películas que hacen pensar, aunque no te acaben de convencer o no termines de entenderlas del todo; una de esas a las que le das vueltas una vez vista. Desde luego, la segunda película de Steve McQueen dista mucho de ser un film convencional, ni apto para todo tipo de paladares. Merece la pena darle una oportunidad... pero no esperes respuestas, ni una historia convencional.
domingo, 5 de junio de 2011
Películas recién vistas: X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN
Cuando Disney compró Marvel recientemente, todos los estudios poseedores de derechos cinematográficos de personajes de la casa se pusieron manos a la obra, dado que, de no producir nuevas entregas de sus respectivas "franquicias", los derechos volverían a ser propiedad de Disney. Por ello, el año que viene veremos un reinicio de la saga cinematográfica de Spiderman (y tambén, me temo, de Ghost Rider), y ahora nos encontramos ante una operación similar con los X-Men. Esta primera entrega, bien realizada por Matthew Vaughn (es una pena que el guión de Kick-Ass no fuera un poco mejor) en la cual está presente como productor y co-autor del argumento Bryan Singer (director de las dos primeras entregas de la trilogía, recordemos), cuenta el origen del enfrentamiento entre Xavier y Magneto, con bastante garra aunque con escasas sorpresas.
En los años 60, Erik Lensherr (Michael Fassbender, reconcentrado, atormentado, inspirado) persigue a los asesinos nazis de sus padres por todo el mundo… para terminar enfrentándose a Sebastian Shaw (Kevin Bacon, muy adecuado, disfrutando su papel de villano), que dirige el Hellfire Club ayudado por otros mutantes como él, como Emma Frost (January Jones, tan guapa que da hasta miedo). Al mismo tiempo, en los EE.UU., la agente de la CIA Moira McTaggart (Rose Byrne, todo estilo) contacta con el experto en genética Charles Xavier (James McAvoy, un poco soso), para que le ayude a investigar sus sorprendentes descubrimientos sobre el Hellfire Club. Con Xavier está su socia, la joven Raven (Jennifer Lawrence, guapísima y magnética), mutante como el mismo Xavier.
X-Men: Primera Generación es un reinicio que encaja perfectamente con los anteriores filmes (incluso repite una de sus escenas clave, en el arranque del film), quitando algún cabo suelto acá y allá que probablemente será abordado en sucesivas entregas. El guión mantiene el interés, y pese a repetir varias veces algunas informaciones para que nadie se pierda (tampoco es que sea tan complicado lo que sucede para tener que repetirlo tanto, pero ese es un terrible vicio del cine comercial yanqui de nuestros días), la película es entretenida. Adolece, eso sí, de algunos altibajos en las escenas de acción, como ya le sucedía a sus predecesoras.
Un reparto de actores jóvenes pero con sobrada experiencia llena bien sus respectivos papeles. Destaca el personaje de Mística, que complementa con su evolución la dicotomía Xavier-Magneto, que ven dos soluciones muy distintas para el mismo problema. El aspecto del film, ambientado en un momento histórico muy determinado (la crisis de los misiles de Cuba, durante la presidencia de J.F. Kennedy), le da un aliciente especial. Militares soviéticos desfilando por la Plaza Roja; máquinas que parecen cacharros, más que máquinas… Añades a la mezcla un vestuario que les sienta de cine a actores y actrices; un montaje muy adecuado, con escenas estupendamente resueltas (como la del reclutamiento de los aprendices de Xavier, con la sorprendente aparición de… huy, casi se me escapa), y sale un film de lo más apañado.
Un grupo de nuevos personajes, extraidos de diferentes etapas de la ya casi inabarcable historia de los cómics mutantes, que se unen a los ya conocidos: por ejemplo, la Ángel "a la Morrison" encarnada por Zoë Kravitz, la guapísima y diminuta hija de Lenny Kravitz y Lisa Bonet. Las presencias de secundarios de toda la vida como Oliver Platt, James Remar, Rade Serbedzija, Matt Craven, Don Creech, Ray Wise (¡el padre de Laura Palmer!), Olek Krupa o el mismísimo Michael Ironside alegran la función, como suelen decir los críticos de cine. Son caras que te sonarán, si sus nombres no te dicen nada.
En resumidas cuentas, un film que, sin aportar demasiadas sorpresas, es lo suficientemente divertido y entretenido para darle una oportunidad. Se pasa un buen rato. Y la verdad es que, al final, deja con ganas de más...
En los años 60, Erik Lensherr (Michael Fassbender, reconcentrado, atormentado, inspirado) persigue a los asesinos nazis de sus padres por todo el mundo… para terminar enfrentándose a Sebastian Shaw (Kevin Bacon, muy adecuado, disfrutando su papel de villano), que dirige el Hellfire Club ayudado por otros mutantes como él, como Emma Frost (January Jones, tan guapa que da hasta miedo). Al mismo tiempo, en los EE.UU., la agente de la CIA Moira McTaggart (Rose Byrne, todo estilo) contacta con el experto en genética Charles Xavier (James McAvoy, un poco soso), para que le ayude a investigar sus sorprendentes descubrimientos sobre el Hellfire Club. Con Xavier está su socia, la joven Raven (Jennifer Lawrence, guapísima y magnética), mutante como el mismo Xavier.
X-Men: Primera Generación es un reinicio que encaja perfectamente con los anteriores filmes (incluso repite una de sus escenas clave, en el arranque del film), quitando algún cabo suelto acá y allá que probablemente será abordado en sucesivas entregas. El guión mantiene el interés, y pese a repetir varias veces algunas informaciones para que nadie se pierda (tampoco es que sea tan complicado lo que sucede para tener que repetirlo tanto, pero ese es un terrible vicio del cine comercial yanqui de nuestros días), la película es entretenida. Adolece, eso sí, de algunos altibajos en las escenas de acción, como ya le sucedía a sus predecesoras.
Un reparto de actores jóvenes pero con sobrada experiencia llena bien sus respectivos papeles. Destaca el personaje de Mística, que complementa con su evolución la dicotomía Xavier-Magneto, que ven dos soluciones muy distintas para el mismo problema. El aspecto del film, ambientado en un momento histórico muy determinado (la crisis de los misiles de Cuba, durante la presidencia de J.F. Kennedy), le da un aliciente especial. Militares soviéticos desfilando por la Plaza Roja; máquinas que parecen cacharros, más que máquinas… Añades a la mezcla un vestuario que les sienta de cine a actores y actrices; un montaje muy adecuado, con escenas estupendamente resueltas (como la del reclutamiento de los aprendices de Xavier, con la sorprendente aparición de… huy, casi se me escapa), y sale un film de lo más apañado.
Un grupo de nuevos personajes, extraidos de diferentes etapas de la ya casi inabarcable historia de los cómics mutantes, que se unen a los ya conocidos: por ejemplo, la Ángel "a la Morrison" encarnada por Zoë Kravitz, la guapísima y diminuta hija de Lenny Kravitz y Lisa Bonet. Las presencias de secundarios de toda la vida como Oliver Platt, James Remar, Rade Serbedzija, Matt Craven, Don Creech, Ray Wise (¡el padre de Laura Palmer!), Olek Krupa o el mismísimo Michael Ironside alegran la función, como suelen decir los críticos de cine. Son caras que te sonarán, si sus nombres no te dicen nada.
En resumidas cuentas, un film que, sin aportar demasiadas sorpresas, es lo suficientemente divertido y entretenido para darle una oportunidad. Se pasa un buen rato. Y la verdad es que, al final, deja con ganas de más...
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