"You're going to need a bigger boat."

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domingo, 3 de octubre de 2010

Películas recién vistas: CARANCHO


Cada cierto tiempo, llegan aires porteños a la cartelera, en este caso en forma de film de serie negra. Este Carancho que nos traen el director Pablo Trapero y el conocidísimo actor Ricardo Darín se revela como una pieza modélica de género, una película dura, incluso cruda, tensa, nerviosa, que no da respiro en prácticamente la totalidad de su metraje y que deja huella. Y para entendernos, un carancho es un ave de presa... básicamente, parece ser otra manera de decir "buitre".

Sosa (un siempre creíble Ricardo Darín) es un picapleitos de segunda fila que "caranchea" entre ambulancias, accidentados y la corrupta mutua de seguros para la cual maltrabaja. Baqueteado, frecuentemente apalizado, solitario y desencantado, la suerte de Sosa parece cambiar cuando conoce a Luján (Martina Gusmán, esposa en la vida real de Trapero, y también productora ejecutiva... todo queda en casa), una joven médico pluriempleada y toxicómana con la que inicia una relación sentimental. Pero cuando uno lleva mucho tiempo metido en ciertos berenjenales… es muy difícil salir. Y cuando andas removiendo la mierda… solo es cuestión de tiempo que empiece a salpicarte a tí y también a quienes están a tu alrededor.

Carancho pinta un panorama desolador. Por los ambientes nocturnos de Buenos Aires se mueven un buen número de personajes turbios (es un decir). Nadie se salva: bufetes de abogados ansiosos de dinero (pero no para sus clientes), policías que actúan como esbirros, médicos que participan en las estafas… por no mencionar el ambiente cochambroso y carente de medios de los hospitales en los que los pobres ciudadanos que tienen la desgracia de tener un accidente son literalmente asediados por bandadas de buitres de la peor especie: la humana. El hombre es un lobo para el hombre, boludo… (siempre se pega la jerga argentina cuando uno ve una peli de estas…). Carancho no es una película acomodaticia ni fácil, y su desenlace es perfectamente consecuente con su desarrollo.

El guión del film está perfectamente medido. Alterna perfectamente las secuencias de diálogo con otras mudas sin que el espectador deje de recibir la información con claridad en ningún momento. La realización del film es tensa, nerviosa, desprovista de todo asomo de glamour, con largas secuencias cámara en mano y falsos planos secuencia (con ayudas digitales) que funcionan estupendamente.

Y por encima de todo, dentro de un conjunto excelente, una vez más, destaca la presencia de Ricardo Darín, ese actor invisible a quien conocimos en la estupenda El hijo de la Novia y que desde entonces es garantía segura de una interpretación modélica, tanto en el papel de "persona humana" tan cultivado en los filmes realizados junto a Juan José Campanella, como en el de cabronazo timador en Nueve Reinas, o en un personaje humano, bien delineado, turbio y con aristas como es el Sosa de Carancho, un film recomendable al cien por cien.