"You're going to need a bigger boat."

"You're going to need a bigger boat."

miércoles, 1 de julio de 2015

Recién leído: LA HIJA DEL TIEMPO, de Josephine Tey



Una novela negra de lo más inusual: Alan Grant (no confundir con el guionista homónimo), un detective de Scotland Yard ingresado en un hospital y aburrido hasta la náusea, se dedica desde su cama a investigar ni más ni menos que… el asesinato de los dos príncipes herederos a los que Ricardo III, presuntamente, ordenó asesinar como medio para alcanzar la corona, después de la Guerra de las Dos Rosas. 

Así, Josephine Tey elabora en La hija del tiempo un entretenido trabajo de investigación, que más allá de lo discutible que pueda resultar su resultado (hay multitud de obras históricas que narran diferentes versiones de lo sucedido), y subraya lo importante de conocer la procedencia de las fuentes de investigación y los intereses que puedan anidar tras ellas, y la necesidad de investigar, contrastar, preguntar, comparar, sin dejarse llevar por primeras impresiones o aceptar sin más "lo que nos digan" sobre los hechos históricos. 

Tey no olvida introducir elementos relacionados con el personaje de Grant, que puntúan adecuadamente la trama de investigación pura y dura: su relación con las enfermeras, su romance con una famosa actriz, o la amistad que establece con Brent Carradine, un joven universitario yanqui a quien Grant contagia su obsesión por Ricardo III y el presunto crimen execrable por el que es recordado en los libros escolares de historia.


En resumen: interesantísima lectura.

lunes, 29 de junio de 2015

El Montón de Tebeos presenta... MARVEL 75 AÑOS: LA ERA CLÁSICA



Panini recopila en este Marvel 75 años: la era clásica una serie de inolvidables historias protagonizadas por los héroes Marvel, en una fastuosa celebración de los primeros 75 años de vida de la editorial. En estas 700 páginas encontramos momentos inolvidables como el célebre viaje espacial que otorga sus poderes a Los 4 Fantásticos; la picadura fatídica de la araña envenenada con radiación que convierte al gafotas de Peter Parker en el asombroso Spiderman, o la reunión de los miembros fundadores de Los Vengadores…


Los orígenes de los héroes se complementan con historias selectas de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta: la muerte del primer amor de Peter Parker, Gwen Stacy, a manos del Duende Verde, una imborrable historia que sigue siendo tan vibrante como en el momento de su aparición; los imprescindibles capítulos de Capitán América creados por el sin par Jim Steranko, y la llegada de una de las grandes estrellas del nuevo firmamento fílmico Marvel, la Visión; o la irrupción del gran rey de los cómics de superhéroes de los ochenta, John Byrne, cuyo arte encontramos en numerosos episodios de este libro: en particular, destaca Días del futuro pasado, la brillante distopía que constituye una de las cumbres de la colaboración de Byrne con Chris Claremont en La Patrulla-X.


El volumen nos da una visión de cómo ha sido la editorial en estos primeros 75 años de vida: de unos comienzos algo titubeantes, ingenuos y a menudo inconexos, a la consolidación a lo largo de la década de los sesenta de un universo cohesionado con una impecable lógica interna. Y de unos años setenta que alternaban la repetición con la innovación, pasamos a unos años ochenta donde nuevos creadores como Chris Claremont, John Byrne, Frank Miller, Walt Simonson y otros dejaron una huella imborrable en Marvel con una imbatible combinación de conceptos innovadores y homenajes a sus maestros. 


Este espléndido libro es tan imprescindible para el fan de Marvel de toda la vida como para el aficionado que solo conoce los tebeos más modernos, o que llega al cómic desde las cada vez más abundantes películas y series de televisión que narran las aventuras de los personajes creados por autores como Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko, Bill Everett y otros muchos. Creadores y creaciones que forman parte de la historia del cómic y de la cultura popular desde hace décadas. Como suele suceder en este tipo de proyectos, no están todos los que son… pero sí son todos los que están. 

Además, Panini se lo pone fácil a los neófitos, con numerosos textos que ponen en contexto las historias y referencias a otras ediciones de clásicos de la editorial en distintos formatos, donde los lectores pueden conocer más grandes hitos de la historia de Marvel.


En resumen: excelente en todos los sentidos.

domingo, 28 de junio de 2015

Recién leído: USAGI YOJIMBO. SENSO, de Stan Sakai


El veterano Stan Sakai sigue al pie del cañón. Y además sorprende con una mezcla de lo más refrescante y explosiva: ¿qué sucedería si los marcianos de H.G. Wells hubieran aterrizado por primera vez no en Surrey, sino… en el Japón feudal donde viven sus aventuras Usagi y sus amigos? Esto es lo que ofrece este Senso, que deja un estupendo sabor de boca, y que enlaza además enlaza con Space Usagi de manera harto elegante. ¿Cómo? ¿Que no has leído Space Usagi? ¿Y a qué rayos estás esperando?

Además, Sakai acierta al ambientar la historia dos décadas en el futuro de las habituales andanzas del conejo ronin. Así, Usagi ya es un señor mayor, Jotaro está hecho todo un samurai, y los habituales personajes secundarios campan por sus respetos: Gen, Tomoe, Chizu, los ninja Neko, Lord Hebi… buenos y malos se enfrentan por igual a la amenaza de los marcianos.


En resumen: colosal.

martes, 23 de junio de 2015

El montón de tebeos presenta... EL MULTIVERSO, de Grant Morrison


El Multiverso es un canto de amor de Grant Morrison al género superheroico en general y a DC en particular. La riquísima tradición de universos paralelos de la editorial ofrece el campo de juego perfecto para que Morrison haga, años después de apuntar ya en esta dirección en Animal Man (¿recuerdas al Psicopirata?), por fin, su propia versión a lo grande de Crisis en tierras infinitas. En vez de ordenar para luego unificar, como fue el caso entonces (o viceversa, como sucedió después), Morrison crea un esquema por el que moverse con libertad, lleno de posibilidades que apenas esboza. Todo lo que vemos en El Multiverso deja abierta la puerta a nuevas historias en cada uno de los mundos… Ahora, habrá que ver si DC se anima a seguir adelante y explorar esas distintas realidades o se pierde en nuevos reinicios al mejor estilo DiDio. Todo este material es un verdadero tesoro que en manos de autores inspirados puede dar lugar a diversión sin fin.


En todo caso, El Multiverso cumple a rajatabla las condiciones para ser un tebeo de superhéroes de los buenos. Es divertido, está lleno de sense of wonder, de sorpresas, de homenajes explícitos (como los dedicados a Flash, un verdadero icono para Morrison, durante la batalla final), y la lectura de cada uno de los capítulos deja mucho espacio al lector para ir juntando las piezas. El Multiverso es un tebeo autoconsciente y postmoderno que ha de hacer las delicias del aficionado al género con ganas de divertirse de verdad, y no de leer siempre las mismas historias, como ya sucedía en los imprescindibles New X-Men de Morrison, por no hablar de su andadura en Batman, lo mejor que se ha hecho con el personaje desde Año Uno.


Cierto es que hace falta tener un conocimiento bastante amplio del Universo DC para zambullirse en el laberinto de tierras paralelas que plantea la historia. Unos artículos introductorios al estilo de la antigua edición de Zinco de Crisis en tierras infinitas habrían sido una gran idea. Quizá para una próxima edición en tomo… De todos modos la historia no es complicada, pero sucesivas relecturas permiten hallar nuevos niveles y detalles, como suele suceder con la particular manera de narrar que tiene Morrison. A diferencia de muchos otros tebeos de superhéroes actuales, que no solo no soportan relecturas, sino a veces ni siquiera se dejan leer por primera vez, las obras del escocés ganan con cada revisión.


Los homenajes a los más de 75 años de historia de DC son contínuos. Remando en contra de la filosofía rupturista que representan los Nuevos 52, Morrison abraza, ordena, revisa, reconstruye y trae de vuelta a infinidad de personajes e ideas, en un esfuerzo titánico que además resulta ser un conjunto de tebeos sorprendentemente accesible, variado y legible (a diferencia de otros crossovers anteriores, como Crisis Infinita, simplemente incomprensibles, y sin caer en lo abigarrado como el Infinito de Marvel, un verdadero plomo). Acompañado por las grandes estrellas del lápiz de DC, Morrison divide El Multiverso en varias historias interconectadas que le permiten explorar diversos mundos, sin que las historias se continúen estrictamente, pero encuadrando todas dentro de un tapiz más grande. Solo al final se consigue abarcar el vasto mosaico de personajes coloridos que componen las 52 realidades alternativas.


En El Multiverso 1, Morrison arranca su historia recuperando algunas ideas de su reciente etapa en Action Comics. Un portal entre mundos permite a un Superman negro (y presidente de los EE.UU.) reunir un equipo de héroes de varias tierras para hacer frente a la amenaza del corrompido Nix Uotan, el último Monitor, con héroes de una tierra paralela donde "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" (ejem) como invitados… Esto es solo el principio. La historia se traslada entonces al mundo de la Sociedad de Superhéroes, donde dos mundos chocan de manera dramática; y a continuación, en Los justos, contemplamos el triste futuro de un mundo en el que los héroes han acabado con el mal y sus descendientes malgastan sus dones en una vida anodina.


Después llega un tebeo simplemente apabullante: Pax Americana. Es indescriptible. Solo hay una opción: sumergirse en el mundo creado por Morrison y un Frank Quitely más que inspirado, en su particular versión de Watchmen. Los héroes de la vieja Charlton Comics, que DC compró e incorporó a su catálogo de personajes, incluido el bizarro Peacemaker, protagonizan una historia simétrica y circular, llena de facetas, y que muestra, como Watchmen mostró en su momento, hasta dónde se puede llegar con imaginación y talento. Y a continuación, Mundo Trueno. La familia Marvel contra la hermandad de Sivanas de todas las realidades paralelas y su asombroso plan para vencer por fin a sus siempre sonrientes enemigos. Una verdadera gozada.


Pero es en el siguiente número, La Guía del Multiverso, donde la diversión se dispara de verdad. Dos Batman de distintas realidades encuentran un cómic que es a la vez el que tienes en tus manos, que además es una guía de las 52 realidades paralelas en las que transcurre la historia. Este es el momento en el cual el ámbito de lo que está planeando Morrison comienza a revelarse. Y, tras visitar una Tierra en la que Kal-El nunca aterrizó en Kansas sino en el Berlín de entreguerras para convertirse en el arma definitiva para los nazis, descubrimos el enigma de Ultracomics, el héroe creado a partir de la misma esencia de la ficción, el único superhéroe de Tierra 33.


Y para finalizar, en El Multiverso 2, Morrison redondea la saga con un final tan abierto como siempre deben ser los finales en los crossovers, en esa eterna sucesión de historias que nunca termina que son los tebeos de superhéroes.

El Multiverso demuestra una vez más lo bien que Morrison entiende el género, y que sabe disfrutar y hacernos disfrutar con su trabajo. Un tebeo de superhéroes para todos los que amamos los tebeos de superhéroes. ¡Supermanes a paladas! ¡Flash facts! ¡Colores! ¡Traiciones! ¡El Capitán Zanahoria! ¡No se puede pedir más, gente!


lunes, 8 de junio de 2015

Películas recién vistas: CONDUCTA


Esta es una de esas películas tan comprometidas como difíciles de olvidar. Conducta es un verdadero canto al poder de la educación, a la dignidad y a la responsabilidad, encarnadas en la figura de Carmela (excepcional Alina Rodríguez), una profesora a punto de retirarse después de una vida de trabajo enseñando a decenas y decenas de escolares. Niños y niñas como Chala (también excepcional Armando Valdés Freire), un chaval que tiene todas las papeletas para convertirse en un delincuente, y a quien Carmela se empeña en llevar por el buen camino, contra viento y marea: contra la miseria en la que viven, contra los prejuicios de todas clases, y contra la tiesa administración educativa que se preocupa más de las frías normas que de los personas.

El film escrito y dirigido por Ernesto Daranas huye de los tópicos y presenta un relato donde lo más importante es la dignidad y la responsabilidad. Carmela, encarnación misma de la rectitud moral y del compromiso, rebelde y sacrificada, sirve de espejo en el que colegas y alumnado se miran, y como suele suceder, cuando alguien hace el bien a su alrededor, consigue que más gente haga el bien. 

Brillantísimo ejemplo de cine social del bueno, sin las habituales babosadas del cine anglosajón más comercial, Conducta es un film soberbio que, además, debería ser de visionado obligatorio en colegios e institutos, y no digamos para estudiantes de magisterio. 


En resumen: "si le tratas como a un delincuente, tendrás un delincuente". Una película excepcional. Date prisa en verla antes de que desaparezca de la cartelera... Más información, aquí.

viernes, 5 de junio de 2015

Recién leído: ESTO LO CAMBIA TODO, de Naomi Klein


La autora de La doctrina del shock tiene una bien ganada reputación de revolucionaria. Esta nueva obra, Esto lo cambia todo, remacha esa fama con un conjunto de ideas brillantes sobre el cambio climático, que, piensa Klein, puede y debe ser la bandera que reúna a los ahora dispersos movimientos de izquierdas contra el bien pertrechado y cohesionado bloque conservador que lleva varias décadas manejando los hilos en practicamente todo el mundo. Para Klein, el capitalismo es el principal culpable del cambio climático, desde las primeras chimeneas de las fábricas en la Gran Bretaña del siglo XIX hasta el penúltimo vertido de petróleo en el mar. De hecho, Klein afirma que el negacionismo que la derecha conservadora practica en todo el mundo acerca del cambio climático es la mejor evidencia de que son conscientes del poder que puede tener para desestabilizar su situación de privilegio.

Las multinacionales del petróleo y el carbón son una industria todopoderosa, con firmes conexiones con el poder político, que hacen y deshacen a su antojo (casi siempre) y sobre todo, se disfrazan de salvadoras de zonas deprimidas (como muchos países del llamado Tercer Mundo) ofreciendo dinero y trabajo al terrible precio del desarraigo, la destrucción de formas de vida, especies animales (incluida la humana) y vegetales, y peor aún, todo ello de manera irreparable en muchos casos, y eso, si no se producen accidentes como vertidos masivos, por ejemplo. Pero en el libro hay balas para todo el mundo: algunas grandes organizaciones ecologistas tradicionales tampoco salen bien paradas cuando Klein empieza a investigar sus conexiones con la todopoderosa industria del petróleo; eso, por no hablar de la andanada de Klein contra el supuesto compromiso ecologista de Richard Branson.

Me encanta la forma que tiene Klein de describir como "pensamiento mágico" esa creencia, que nace con Francis Bacon y se refuerza en la Revolución Industrial, de que el ser humano es el amo de la naturaleza y debe dominarla y aprovecharse de ella sin ninguna preocupación por las consecuencias de esos actos. No puedo estar más de acuerdo. La tesis de Klein, apoyada en datos científicos, está clara: hay que cambiar la manera de relacionarnos con el medio ambiente. Reducir de manera drástica las emisiones a la atmósfera y buscar modelos de crecimiento y abastecimiento diferentes, e industrias que apuesten por el equilibrio y por una relación responsable con el medio ambiente. Klein pone el acento en la absoluta necesidad de que sean los gobiernos quienes obliguen a las industrias a ser más limpias (o limpias a secas) y responsables, con legislaciones que se impongan en un mundo actual donde la regulación laxa (o la no regulación) y la rampante corrupción permiten a los grandes conglomerados industriales campar por sus respetos, literalmente. 

Y, ¿quién tiene que impulsar estos cambios en la política?, se pregunta Klein. La respuesta, obviamente, es NOSOTROS. Klein aboga por la recuperación del espíritu de unos movimientos sociales que conquistaron grandes logros en el pasado, ahora aletargados o desprovistos de fuerza. Y también aboga la autora por una educación ciudadana que nos haga más responsables, menos consumistas, más informados, y con una manera más equilibrada y sana, en todos los sentidos, de relacionarnos con el medio ambiente. Por ejemplo, Klein apuesta decididamente por fomentar la desinversión en las empresas extractivas para reducir su poder. Si ellos solo entienden el lenguaje del dinero, hablemos ese lenguaje. Y también por una mayor regulación por parte de las administraciones locales y nacionales de todas estas cuestiones. 

Y en lo tocante al cambio en los modos de vida, Klein pone como ejemplo a multitud de tribus y culturas indígenas de América del Norte y del Sur, donde hoy en día los modos tradicionales se dan la mano, en muchos casos, con la apuesta decidida por tecnologías de energías renovables para que las comunidades prosperen de manera equilibrada y estable. Klein también pone como ejemplo el creciente peso de las energías renovables en países como Alemania, para demostrar que políticas más respetuosas con el medio ambiente son posibles a gran escala, y no solo en comunidades pequeñas. Y además, remacha Klein, no hay que olvidar que, al igual que las ayudas sociales y la cooperación internacional, las políticas relacionadas con el medio ambiente han sido otra víctima más de la austeridad. 

El libro es minucioso, y maneja una enorme cantidad de información, resultando por ello denso pero para nada farragoso. Además hace gala de un humanismo que resulta reconfortante, y huye de simples avisos agoreros para convertirse más bien en una seria y documentada advertencia sobre dónde estamos, hacia dónde vamos, y por qué. 


En resumen: una lectura muy, muy interesante.

jueves, 4 de junio de 2015

El montón de tebeos presenta... DAREDEVIL de FRANK MILLER y KLAUS JANSON


La sombra del trabajo de Frank Miller con el héroe ciego de Marvel se extiende hasta nuestros días. Solo la huella dejada por Miller en un icono de ficción universal como Batman puede equipararse al efecto que su versión de Daredevil tuvo para el personaje y para los lectores que quedaron (quedamos) asombrados por ella. Aún hoy la andadura de Miller en Daredevil sigue siendo un verdadero ejemplo de cómo se cuentan historias en viñetas.

A principios de los ochenta, una historia se repitió varias veces: como antes pasó con Jim Starlin, a un joven Chris Claremont le habían encomendado una serie por la que nadie daba un duro (y ya sabemos lo que pasó), y a otros jóvenes autores se les colocó en tareas similares. Uno de estos jóvenes fue Frank Miller, quien primero como dibujante y luego como autor completo revolucionó a uno de los héroes de segunda fila de Marvel hasta convertirlo en un personaje que desde entonces ganó en importancia y peso en la Casa de las Ideas. La huella es bien visible, por cierto, en la excelente versión televisiva recién estrenada en Netflix.


Miller, ya en los primeros momentos de su estancia en la serie, demostró que su estilo gráfico estaba a años luz de cualquier otra serie Marvel de la época. Fusionando influencias tan variadas como Gil Kane, Will Eisner y Lone Wolf & Cub, el grafismo de Miller y su espectacular manera de ilustrar las escenas de acción llamaron la atención desde el primer momento. No es ajeno al impacto gráfico de aquellas primeras páginas el entintado de quien ya entonces era todo un referente en su trabajo: Klaus Janson. Y no olvidemos la presencia como editor de otro de los personajes clave de los últimos treinta años, si hablamos del cómic americano: Denny O'Neil. 

Las historias de Roger MacKenzie, en cuyos argumentos colaboraba Miller activamente, eran un tanto deslavazadas. Destacó sin duda la que narraba el enfrentamiento entre Daredevil y Hulk en pleno Nueva York, una historia sólida y una virguería gráfica que ya auguraba lo que estaba por llegar. Pero cuando Miller cogió las riendas de la serie como autor completo, es cuando la emoción se disparó. 


Dos elementos clave aporta en su visión del personaje: por un lado, remozar a un personaje ya conocido como Kingpin, a quien dota de una dimensión trágica muy en la onda del Don Corleone de Mario Puzo; por otro, crear a un personaje inolvidable: la asesina griega Elektra, antiguo amor de juventud de Matt Murdock, ahora enemiga mortal. De pronto, el tebeo se convirtió en un noir en toda regla, con escasísimas incursiones de otros personajes Marvel, con políticos corruptos, periodistas en el filo de la navaja, mujeres fatales de verdad, mafiosos de medio pelo y de altos vuelos… y en el centro de todo ello, un héroe atormentado, que hacía malabares entre su atribulada vida personal y profesional y su papel de justiciero urbano. 

MIller reflexiona en las historias sobre la violencia, la ley y la justicia, con un héroe furioso y permanentemente frustrado, siempre en el borde de convertirse en un justiciero desenfrenado, pero a quien la bondad y la responsabilidad atemperan. Kingpin es un personaje también brillante: un mafioso supremo, que manipula a todo y todos sin excepción. La cúspide del paso de Miller y Janson por la serie lo constituyen los episodios que narran, primero, el complot de Kingpin para colocar a un candidato "suyo" en la alcaldía de Nueva York, y por otro, el enfrentamiento entre Bullseye y Elektra, que acaba con la muerte de esta, y con Daredevil destrozado. Contribuye a ello, por un lado, el supremo refinamiento que la expresividad narrativa de Miller alcanza en estas historias, y por otro, el acabado gráfico de Janson, color incluido (y esto es muy importante), cada vez con más peso en la serie a medida que Miller va pasando a realizar más bocetos que lápices.


Desde la muerte de Elektra, aunque las historias siguen manteniendo un nivel excelente, Miller parece algo menos centrado en Daredevil que en su personaje fetiche de aquellos años, y recurre a ideas y personajes ya explorados de manera algo más alargada y tópica. La cumbre llega al final: la impresionante, aún hoy, historia que cierra la saga, esa reflexión terrible sobre la violencia titulada Ruleta, asombra aún hoy, y más aún después de una historia con menos garra: todo lo que rodea a Stick y a su banda de ninjas vestidos de blanco, con una remozada Viuda Negra como estrella invitada. 


En estas historias, excepto la última, brilla mucho más la faceta narrativa de Miller (por ejemplo, en la espléndida manera de reflejar cómo se descontrolan los hipersentidos de Daredevil) que su tarea como escritor. Janson ya es de facto el dibujante de la serie, porque los bocetos de Miller han pasado a ser simples esquemas. 



Después, las carreras de Miller y Janson se unirían de nuevo en Batman: Dark Knight Returns, y luego se separarían mientras Janson se dedicaba a múltiples empeños (en su faceta de hombre orquesta, capaz de manejarse sin problemas con cualquier género, personaje y faceta del oficio; ojo, se dice pronto) y Miller se independizaba del mainstream con Sin City, aunque antes de todo ello, Miller retornaría a Daredevil para, junto a David Mazzucchelli, narrar Born Again, uno de los mejores tebeos de Marvel de todos los tiempos. Pero esa historia merece comentario aparte. Incluso, dos: aquí y aquí.

Esperemos que pronto podamos disfrutar en castellano de una nueva edición de estas historias para que muchos lectores nuevos puedan descubrirlas. 

martes, 2 de junio de 2015

Rodeado de series presenta… DAREDEVIL, temporada 1


La primera de las varias series que Marvel presenta en alianza con Netflix no puede dejar mejor sabor de boca. Apoyada en unos excelentes guiones y una factura técnica espléndida, esta nueva version en imagen real del atribulado héroe de la Cocina del Infierno es altamente satisfactoria tanto para el veterano conocedor de los asuntos del personaje como para cualquier persona humana que no haya leído un tebeo de Daredevil en su vida.

¿El secreto de su éxito? Una ambientación lograda; un reparto primoroso encabezado por un estupendo Charlie Cox como Matt Murdock y un inmenso Vincent D'Onofrio como Kingpin; una tensión que va creciendo a lo largo de los episodios; y unas impresionantes escenas de acción y peleas que se cuentan entre lo mejor que se ha visto en mucho tiempo, en ese ámbito. 

La huella de la versión noir de Frank Miller es alargada, como no podía ser menos. Pero los guiones de la serie rehúyen la simple réplica y las citas metidas con calzador, y dan entidad propia a personajes como Karen Page, Foggy Nelson, Vanessa y otros. No me voy a extender más. Solo puedo recomendarla fervientemente.


En resumen: excelente.

lunes, 1 de junio de 2015

Películas recién vistas: MAD MAX, FURIA EN LA CARRETERA

 

Sed testigos.

 

Prueba la sangre de alto octanaje.



Prepárate a pisar el acelerador a fondo.


 

Húndete en el barro en el desierto.

 

Atraviesa la tormenta.

 

Tiembla al oir el sonido del trueno.


Y sobre todo... 
no te cruces en el camino de FURIOSA.

En resumen: sin palabras.

lunes, 18 de mayo de 2015

EL MONTÓN DE TEBEOS presenta… LOS TEBEOS DE SUPERHÉROES SON ABURRIDOS. ¿POR QUÉ?

Sí.
Sí, así es. Acéptalo, fiel creyente. Hace años que los tebeos de superhéroes de Marvel y DC, con escasísimas excepciones en ambos campos, se han vuelto un verdadero plomo. Yo lo sé, tú lo sabes. Busquemos las razones.

Primer culpable: Watchmen. Sí, así de sencillo. El éxito de Watchmen generó toda aquella avalancha de tebeos de héroes "dark and grim", con Lobezno y Punisher a la cabeza, que aún hoy en día da algún que otro coletazo agonizante. Ese rollo "realista" fue el principio del fin. Y lo que no era eso, inauguró una tendencia a tomarse en serio el género siguiendo su estela. En DC, por ejemplo, la huella de Moore es muy alargada: el Animal Man de Morrison arranca como una más que evidente imitación del estilo de Moore, y poco a poco evoluciona hacia senderos más personales. Tomarse en serio los superhéroes siempre ha sido una fuente de aburrimiento sin fin, con contadísimas excepciones. Por ejemplo, el Born Again de Daredevil.

Segundo culpable: Kurt Busiek. El afán enciclopédico de Busiek y otros dio forma a obras estimables (como Marvels, un bonito homenaje al Marvel más clásico), pero también a ilegibles desbarres como Vengadores para Siempre. Y no hablemos de mamotretos como Tierra-X, por ejemplo, o los intrincados Vengadores de Hickman. En general, la sacrosanta continuidad, en universos que han alcanzado tal vastedad como los de Marvel o DC, no deja de ser la antítesis de la diversión. El hecho de que los personajes compartan universo no tiene por qué ser malo, siempre que se sepa sacarle partido sin aburrir a las ovejas. ¿Por qué convertir algo tan sencillo en un galimatías tan complicado? Enlazado con lo anterior, está el recurso a las "rendijas" de la continuidad. Esa manía de "voy a coger lo que hicieron los demás y darle la vuelta para demostrar que soy muy listo y soy capaz de hilarlo todo" (como si fuera necesario) también ha afectado a uno de los grandes del género, John Byrne, en algunos momentos de su carrera. 

No.
Más culpables
Otro gran culpable: Bryan Hitch. Su obsesión por el detalle y por dibujar los uniformes de los héroes de manera realista ha dado lugar a verdaderos desaguisados y a que muchos de ellos hayan perdido buena parte de su identidad icónica. Alex Ross (otro culpable, por cierto), por muy hiperrealista que sea, al menos distingue entre metal, tela y cuero cuando dibuja. 

No olvidemos los crossovers. Gracias, Jim Shooter. Tus Secret Wars dieron el pistoletazo de salida a mil y un cruces, a cual más laberintico y plomizo. En esto DC no le va a la zaga a Marvel, de hecho, incluso puede que lo inventase, con la hoy en día casi ilegible Crisis en tierras infinitas. Y lo que es peor, otras editoriales les imitan, en lo malo, construyendo universos que replican los de las dos grandes y cayendo en los inevitables cruces, sin aportar mayores novedades. Los crossovers son una peste que se extiende por las colecciones y hace que automáticamente pierdan interés. Solo guionistas geniales en su mejor momento son capaces de salir airosos de estos bretes, cada vez más frecuentes.

¿Y qué decir de las muertes innecesarias? Cuando algún personaje muere, la apuesta no es a si volverá o no, sino a cuándo retornará. Así, es difícil que los aficionados se emocionen con lo que sucede en los tebeos. Si no sabes qué hacer con el personaje, no lo mates. Al menos copia alguna buena historia.

Sí.
La multiplicación de cabeceras es otro problema grave. ¿Son necesarias diez series mensuales distintas de Los Vengadores? ¿Es necesario lanzar nuevas colecciones de 52 en 52? Sabemos que ello responde a una lógica mercantil, pero ¿no sería mejor hacer menos series, pero buenas de verdad? Ejemplo: la evidente mejora de calidad de The Amazing Spider-Man cuando pasó a ser la única serie arácnida, con Un nuevo día.

Además, desde que los tebeos de superhéroes dejaron de tener diálogos en las portadas, perdieron buena parte de su encanto. Eso es un hecho. Las portadas tienen que tener rótulos y bocadillos, accíón, vida, llamar la atención. Los tebeos Marvel de los setenta son un buen ejemplo. No digamos los impagables textos de portada de los clásicos DC de los cincuenta y sesenta. Canela fina. Pero qué poco atractivas son esas repetitivas imágenes de héroes derrotados tirados por el suelo (como posando, además) mientras el villano se alza triunfante, o las portadas "icónicas", que no dicen nada, que no tienen relación alguna con el interior del tebeo… vamos, estilo Jae Lee, por ejemplo.

Y para terminar, no hay que olvidar la concepción de las historias en arcos argumentales, que hacen que en muchas ocasiones leer un cómic mensual resulte muy poco satisfactorio. Y lo que es peor, a veces leer todo el arco tampoco es muy satisfactorio que digamos.

Soluciones
Pero no basta con diagnosticar el problema. Hace falta proponer soluciones. Los tebeos de superhéroes son un cajón de sastre que acepta todos los géneros: fantasía, aventura, ciencia ficción, culebrón, todo tiene cabida. La única regla dorada es que sean divertidos.

Que alguien se relea, por ejemplo, los tebeos de Peter David para Marvel y DC, y descubra que se puede mantener la frescura, mes a mes, y sorprender a base de inteligencia. Hablando de guionistas capaces de capear temporales… ahí está Ultimate Spiderman, el tebeo más chulo de Marvel de las últimas décadas, mes a mes. Otros ejemplos: The Umbrella Academy, el Invencible de Robert Kirkman… o los dos ciclos de The Authority creados por Ellis y Hitch (antes de volverse un cargante), y por Millar, Quitely y otros. Eso es hacer tebeos chulos, que además aportaban ideas nuevas. No hablemos de los clásicos como Los 4 Fantásticos de Lee y Kirby, o los grandes clásicos de los setenta y los ochenta de Marvel. 

Sí.
Otra esperanza: que más autores sigan la estela de Grant Morrison. Su JLA y sus New X-Men son dos de las obras fundamentales del género en los últimos treinta años, arrolladores de principio a fin, y lo mismo podemos decir de su alucinante trayectoria en Batman. Y no olvidemos su Doom Patrol, ya que hablamos. Morrison es un buen ejemplo lo que tendrían que ser TODOS los tebeos de superhéroes: un homenaje al trabajo de quienes vinieron antes (algo consustancial al género, una dimensión fundamental que muchos confunden con simplemente copiar y repetir historias) que no se queda solo en eso sino que aporta mucho, mucho más. Sobre todo, diversión.

Otros ejemplos: los trabajos de Rick Remender, Dan Slott Jason Aaron: porque, aunque son irregulares (de hecho, Aaron y Remender brillan más en obras más personales y menos encorsetadas que sus guiones para Marvel), son de los pocos guionistas de superhéroes que no han olvidado cómo entretener y sorprender. Más esperanzas: cosas como el Ojo de Halcón de Fraction y Aja (a años luz de otros nuevos tebeos Marvel), o Battling Boy y Aurora West, de Pope, Petty y Rubín, ejemplos de lo que debería ser un tebeo de superhéroes moderno, divertido, vibrante, que cogen lo mejor del género y le devuelven su frescura.

Es necesario que los artistas aprendan del ejemplo de Frank Quitely: como el mejor en su trabajo, y como modelo a seguir para unos cuantos fieras que andan sueltos por el panorama comiquero yanqui con estilos propios, con capacidad y ganas de hacer cosas distintas. Queremos más diversión que el simple reconocer tal o cual homenaje (o robo descarado). Queremos buenos narradores, no simples dibujantes que hacen viñetas horizontales y dibujan poses molonas; queremos estilos personales, no clones de clones de clones. 


Queremos a guionistas que se diviertan con lo que hacen. Queremos a dibujantes con ganas y con estilos personales: queremos a Chris Burnham (hablando de aprender de Quitely y después evolucionar…), a Cameron Stewart, Emma Ríos, a los hermanos Bá Moon, Fiona Staples, Ross Campbell, a Tim Sale, Sean Murphy, David Aja, Javier Pulido, a Marcos Martín, a Javier Rodríguez, Mike Allred, Stuart Immonen, a Sara Piccheli… 

Ese es el nivel que queremos. Y no es ese el nivel que "disfrutamos" en los últimos tiempos, precisamente, en Marvel y DC.



Sí.

Sí.

Sí.

Sí.

Sí.


Sí.


Sí.