Los primeros cómics que empecé a coleccionar en serio, mes a mes, fueron los de Conan. Tanto La Espada Salvaje como Conan el Bárbaro. Teniendo en cuenta eso, es fácil imaginar que uno de mis dibujantes favoritos sea el gran John Buscema, sin duda alguna el hombre que dio forma a la imagen más reconocible del bárbaro cimmerio.
La reciente exposición dedicada a su obra en el Casal Solleric de Mallorca ha ido acompañada de un espectacular catálogo, que glosa la vida y obra del mayor de los Buscema de manera atinada, familiar, crítica y nada aséptica. Una verdadera gozada de libro, profusamente ilustrado con multitud de páginas y portadas del maestro, obra de Florentino Flórez (comisario de la exposición) y Faustino Rodríguez. Un libro colosal para un artista colosal. Una excusa tan buena como cualquier otra para hablar del Gran John.Giovanni Buscema, nacido y criado en Nueva York, empezó a trabajar en cómics de todo tipo e ilustración de muy joven gracias a su talento. Pese a alejarse durante años del mundo del cómic para trabajar en publicidad, su viejo conocido Stan Lee le contrató para dibujar en Marvel en los 60, donde pronto se convirtió en uno de los artistas de referencia de la casa.
Dueño de una pasmosa habilidad para el dibujo, heredero de grandes clásicos como Raymond y Foster, Buscema es recordado principalmente por su larga estancia en Los Vengadores y a sus también extensas etapas en Los 4 Fantásticos y Thor, en ésta última rayando a gran altura junto a Lee primero y con Roy Thomas después. Y no podemos olvidar su excelente arte para el Silver Surfer, más lloriqueante y charlatán que nunca gracias a Stan Lee, cuyos guiones caían en picado mientras el arte de Buscema alcanzaba cotas nuevas de calidad página a página. John puso sus lápices al servicio de prácticamente todos los personajes populares de Marvel, en uno u otro momento.Pero a Big John no le gustaban demasiado los superhéroes. Además, el artista, que afinaba su talento dibujando por libre horas extra por la noche cuando ya había cumplido con su trabajo diario, aborrecía dibujar edificios, coches, elementos urbanos, y no es que no supiera hacerlo. Pero prefería otro tipo de ambientes, de personajes. Y fue de la mano de Roy Thomas que John encontró el vehículo ideal para su talento descomunal. A partir del histórico número 25 de Conan the Barbarian, Buscema sustituyó al exquisito Barry Smith y acuñó la imagen de Conan que nos es familiar a todos, tanto en la serie en color como en los excelentes episodios de la recordada primera etapa de Savage Sword of Conan, que a la larga sería el magazine en blanco y negro más longevo de Marvel.
Las armas artísticas de John siempre han sido las mismas: un asombroso talento para la figura humana, la expresividad y la narrativa gráfica. Ni más ni menos. Aunaba a todo ello una característica muy apreciada en Marvel: la rapidez. Buscema, durante muchos años, fue el "hombre para todo" en la Casa de las Ideas. En 1973, si sumamos las páginas publicadas en Marvel que llevaban la firma del gran John, según el catálogo de la exposición, nos sale la friolera de ¡más de 700!Precisamente esa rapidez, a la larga, perjudicaría en muchas ocasiones el resultado de su trabajo: el descuido de ambientación y fondos era la desgraciada consecuencia del apremio. Su arte, en esos momentos, se volvía rutinario y quedaba muy lejos de lo mejor que era capaz de dar. No hay más que comparar lo suntuoso de sus lápices (entintados por la habitual tropa de artistas filipinos) en los primeros años de Savage Sword of Conan o sus espléndidas páginas de los 60 y 70 para The Avengers con los rutinarios dibujos que Buscema aportaba a sus últimos años en Conan the Barbarian, en muchas ocasiones simples bocetos, dinámicos como siempre, pero demasiado dependientes del entintador de turno. O esa imagen inalterada de Conan, al cual siempre retrataba del mismo modo, con indumentarias similares, y sin demasiada diferencia en su físico e indumentaria, estuviera donde estuviera, transcurriese la aventura en su juventud o en su madurez...
Una pena, porque el mayor de los Buscema (Sal, su hermano menor, es otro veterano de Marvel de toda la vida) era grande, y su obra ha dejado huella. Por su cantidad y calidad (miles de páginas repartidas por practicamente la toalidad de grandes series de Marvel), John Buscema se ha ganado un hueco en la estanterías y en el corazón del marvelómano de pro, y también en otros artistas en cuyo trabajo es fácil ver la influencia del maestro. Lee Weeks, Steve Epting o Butch Guice son sólo tres ejemplos entre muchos otros.Su legado artístico sigue siendo excelente, pese a que él mismo siempre consideró los cómics como algo "de segunda fila" (o peor) y no tenía especial cariño por la mayor parte de su producción para Marvel. Por ejemplo, casi nunca le gustaban los entintados, que en muchas ocasiones "tapaban" demasiado su lápiz. Tenía fama de perfeccionista y también de gruñón, con respecto a su trabajo...













