"You're going to need a bigger boat."

"You're going to need a bigger boat."

sábado, 28 de mayo de 2016

Recién leído: TODOS LOS HIJOS DE PUTA DEL MUNDO


Querido Antonio, o Alberto González Vázquez, es necesario. Como La vida de Brian. Como El jovencito Frankenstein. Como Groucho Marx. En un mundo cada vez más dominado por una impostura tan descarada que a veces ni se molesta ya en disimularse a sí misma, en un día a día dominado por "la noticia de hoy" o el enésimo incendio de las redes sociales, lo que hace este tipo con su humor indomable, con su ingenio afilado, con su imaginación impredecible, es la única salida posible a tanta parodia amable de coleguitas, y a tanta crítica y tanto exabrupto en redes sociales, que en realidad da carta de naturaleza a lo que critica.

Historietas como la de la necrofilia de cierto tipo de incierto bigote, la de la eterna desconexión con la realidad del guaperas líder de izquierdas, por no hablar del inmovilismo del impertérrito gobernante gallego y del "movilismo" de la renovación con coleta de la izquierda. Los políticos son el blanco predilecto de González Vázquez, como nosotros somos el blanco predilecto de los políticos para sus mentiras, sus medias verdades y sus medidas de verdad.

Todo ello, regado con píldoras breves que no dejan títere con cabeza y que convierten este libro en objeto imprescindible, como ya lo era su anterior recopilación, Humor cristiano, o como son sus vídeos en El intermedio o sus otras artes humorísticas.

En resumen: lo necesitamos.

viernes, 27 de mayo de 2016

Rodeado de series presenta… JUSTIFIED


Ya va siendo hora de reconocerlo, gente. A veces, las series sin demasiadas pretensiones pueden ofrecer tanta satisfacción (o más) que las "innovadoras", las "hype", "las que hay que ver", bla bla bla. Es el caso de Justified, una pieza de género hecha con garra y con saber hacer. La falta de pretensiones no está reñida con la calidad.

Justified está basada libremente en una serie de relatos de Elmore Leonard, con lo que empezamos bien. Y es también una suerte de puesta al día de la premisa de las setenteras andanzas del comisario Sam McCloud, a quien solo los más veteranos recordarán… En este caso, el poli con hechuras de cowboy que se ve trasladado a otra comisaría es Raylan Givens (Timothy Olyphant, a quien recordarás de Deadwood), un Marshall de los EE.UU. originario del condado de Harlan, una región de Kentucky donde el tiempo parece haberse detenido hace unas cuantas décadas. Pero en este caso, en vez de estar fuera de su elemento, en realidad Raylan está en su elemento... pero es el último lugar de la Tierra donde querría estar.

Porque Raylan, el tipo de andares extraños y sempiterno sombrero Stetson, es de Harlan, nacido y criado, como dirían ellos. Como su padre, Arlo (Raymond J. Barry), el pandillero de la tercera edad. Como su ex-mujer, Winona (Natalie Zea), ahora estenógrafa del juzgado. Como su ex-novia, Ava (Joelle Carter), ahora enredada con el peligroso clan Crowder. Como su ex-amigo y compañero de trabajo de juventud en la mina, Boyd Crowder (Walton Goggins, a quien recordarás de The Shield), ahora convertido en un peligroso cabecilla neonazi.


La serie comienza con el reencuentro entre Raylan y Boyd, quien pronto se convertirá en su némesis y en uno de los grandes valores de la serie. A lo largo de las seis temporadas de las que consta, Justified irá incorporando nuevos personajes a las tramas, primero episódicas, y pronto formando historias completas en cada temporada.

¿Cuáles son las virtudes de Justified? En primer lugar, un tono agradablemente ligero y divertido, apoyado en el carisma creciente de su reparto, en particular los inefables Raylan y Boyd. Raylan es un poli completamente "old school", de los de gatillo rápido, que se salta las reglas y liquida habitualmente a un facineroso o dos por episodio; Boyd es capaz de reinventarse a sí mismo continuamente para causar todos los problemas posibles y más.


En segundo lugar, el cariño que se les coge enseguida a los personajes, tanto principales como secundarios. Ocurre con los dos polizontes que padecen a Raylan, el francotirador de sangre fría Tim (Jacob Pitts) y la enérgica Rachel (Erica Tazel), y también con los que están al otro lado de la ley, como el zarrapastroso Dewey Crowe (Damon Herriman), la precoz Loretta (Kaitlyn Dever), Dickie Bennett (Jeremy Davies), orgullo (es un decir) del peligroso clan Bennett, o el despreciable picapleitos Wynn Duffy (Jere Burns). Caras conocidas como las de Sam Elliot, Mary Steenburgen, Neal McDonough, William Ragsdale, Michael Rapaport, Patton Oswalt o Margo Martindale se van paseando por las diferentes temporadas, como aliciente adicional. Fotos del reparto en glorioso blanco y negro, aquí.

En tercer lugar, los diálogos. Los personajes de Justified hablan, mucho, y dicen mucho cuando hablan. Especialmente brillantes son los encontronazos verbales entre Raylan y Boyd. En una época en la que, en muchos casos, los diálogos no se cuidan nada, da gusto oír réplicas y contrarréplicas ingeniosas a rabiar.


Lo mejor que se puede decir de Justified es que es una serie hecha con oficio, con cariño, con inteligencia, con talento, con un reparto estupendo, con unos personajes que respiran y evolucionan, con unas tramas enredadas y llenas de sorpresas que enganchan irremisiblemente, y todo servido en casi 80 píldoras de unos 40 minutos de duración media. Una serie que gusta de principio a fin, que arranca con una escena inolvidable y se cierra con otra escena inolvidable. Eso no es decir poco… Merece la pena, y es una verdadera gozada, volver a disfrutarla desde el principio. Una muestra de los diálogos, aquí. Fotos del reparto en glorioso blanco y negro, aquí. Más información, aquí.

jueves, 19 de mayo de 2016

RODEADO DE BRUCE presenta... ANOETA, The River Tour, 17 de mayo de 2016


Bueno, ¿cómo decirlo sin que suene a dicho ya? ¿Cómo explicarlo? No se puede. Solo me puedo acoger a la sensación que produce el Jefe en la gente que, incluso hoy, tiene la suerte de acudir a su primer encuentro con él. Porque cuando vas a un concierto de Bruce Springsteen, estás con él. Dentro de su mundo. Dentro de su épica rockera. Dentro de ese torbellino de energía que él y su indomable, insustituible E Street Band desatan en directo. Ese huracán gozoso, que no destruye sino que te hace temblar de emoción y se te lleva y te deja renovado y listo para seguir viviendo, y que se abatió sobre el estadio donostiarra de Anoeta hace unas pocas noches. Así se siente quien realmente se deja llevar y se rinde a la evidencia que se despliega.

Sí, claro, sé lo que dicen los que han perdido la fe, o nunca la tuvieron. "Ahh, ya no es lo mismo". "Es que los conciertos en grandes estadios, claro"… "Es que cuando le vi yo la primera vez, jo, fue la leche…",  "que tal o cual concierto donde yo estuve y tú no fue la repanocha, y aquí ha tirado de oficio…", "que si no ha tocado tal o cual canción…" Tópicos que se repiten. Perlas de "sabiduría" de críticos que dejan que su faceta de fan, y no su espíritu crítico, se interponga entre ellos y la energía que desprende Bruce.

Claro que no es lo mismo que antes: si la muerte de Danny Federici dejaba tocada de un ala a la E Street Band, el fallecimiento del Big Man Clarence Clemons la dejaba sin una buena parte de su corazón, casi casi la mitad, yo diría. Y claro que la edad hace mella. Vistos de cerca, los E Streters (bueno, quizá con la excepción de Steve Van Zandt, que no podrá ser confundido nunca con un ser humano normal) son maduros profesionales, señores mayores que parecen ajenos a cualquier agitación rockera. Y en la última década, la esencia de la banda se ha ido diluyendo en una potentísima maquinaria sonora que ha incorporado de manera temporal una sección de viento y a un renombrado as de la guitarra como Tom Morello. Y claro que el público de un estadio, la masa, los miles, demanda cosas distintas que el entregado seguidor de pabellón.

Pero la magia de Bruce es poderosa. Ah, sí. Y en esta nueva gira, el de New Jersey se ha sacado un as de la manga, quizá el último, pero uno más: la banda ha vuelto a su esencia. El sonido es más rockero, más puro, menos empastado y adornado. No es que en las últimas giras las canciones sonasen mal, pero indudablemente el ataque de los grandes clásicos del cancionero del Jefe, como Thunder Road, como Badlands, como The Promised Land, por no hablar de las baladas, impresionantes, que disfrutamos en Anoeta la otra noche es el mejor desde la inimitable gira de 2003, la verdadera cúspide de la E Street Band en su etapa de madurez.

Y no creas que no tengo espíritu crítico. Para empezar, como casi siempre en Anoeta, el sonido fue muy mejorable, oscilando entre el aceptable de la parte central del concierto y el inaceptable chatarreo del arranque, con ecos al final… indigno de la talla de la música, desde luego. Los trucos fáciles, como Waiting on a Sunny Day, o los bailoteos finales de Dancing in the Dark, suenan a ya vistos. Nils Lofgren, como casi siempre, queda algo desdibujado, por decirlo suavemente. La vistosa realización en directo en las pantallas de vídeo ningunea a buena parte de la banda durante el show.

Pero la energía de Bruce lo puede todo. Y cuando tú pones de tu parte lo que tienes, esa energía se multiplica. Y solo puedes poner todo de tu parte, porque alguna vez será la última. Ya dormirás, ya descansarás, ya se te pasarán la ronquera y las agujetas. Si no lo pones, quizá no tengas otra oportunidad.

Y ahora, la crónica.

Con menos retraso que otras veces, pasadas las nueve y diez, estalló el alborozo cuando el imperturbable Max Weinberg pisó el escenario con su aplomo chalequero habitual, se encaramó a la batería y arrancó un ritmo fácil de reconocer, y a su son fueron saliendo el resto de miembros de la banda: Roy Bittan y Charlie Giordano, Patti Scialfa y Soozie Tyrell, Steve Van Zandt y Nils Lofgren, Jake Clemons… y finalmente, y con él se desató la algarabía generalizada, el propio Bruce, guitarra en mano, atacando Working in the Highway con brío. A partir de ahí, con la grada puesta en pie y la pista entregada, la habitual andanada de arranque, lastrada por un sonido desastroso que por suerte se arregló a las alturas de Independence Day. Canción, como varias otras, de The River, que Bruce no repasó entero pero sí en gran parte (sonaron 12 de las 20 canciones del disco). La mejor parte, como casi siempre, fue la sección central del concierto: ahí, a partir de Two Hearts, con la banda ya caliente y el público entregado, Bruce desplegó lo mejor de la noche: Two Hearts, Independence Day, Hungry Heart, Out in the Street, Crush on You y You Can Look (But You Better Not Touch), así, seguidas. Ahí es nada.

Y cómo sonaron las canciones, y cómo sonó la voz de Bruce. Cómo sonó Fire. Cómo brillaron I wanna marry you, The River y Point Blank, en particular esta última. Cómo restalló Murder Incorporated, para dar paso al festivalero Darlington County, el explosivo Ramrod (mención aparte merece el trabajo de Jake Clemons en esta pieza, un Jake que por fin llena los zapatos musicales de su tío a base de energía pura) y la vibrante I'm Going Down, que levantó a los pocos que quedaban sentados. Tras el paréntesis, divertido como siempre y prescindible como siempre, de Waiting on a Sunny Day, Drive All Night alcanzaba una de las cotas más altas de emoción y conexión de la noche. Después, The Promised Land y Because the Night elevaban una vez más el espíritu y nos dirigían a la traca final…

Y la sorpresa llegaba con Brilliant Disguise, esa canción maravillosa, con Patti a los coros, como debe ser, seguidas de The Rising y la inconmensurable Thunder Road, cerrando lo que era (solo) la primera parte del show con otro de sus grandes himnos: Badlands.

Y casi sin pausa (en serio), los bises, con todas las luces del estadio encendidas, más empastados y menos sorprendentes que lo anterior, como casi siempre: un atronador Born in the U.S.A., seguido por la inmortal Born to Run, Glory Days, Dancing in the Dark y el mejor momento, el
siempre bienvenido Tenth Avenue Freeze-Out, y el cierre entre bromas de "me voy, no me voy" con Bobby Jean y la emocionante This Hard Land, en acústico, como despedida de la noche. Tres horas y tres cuartos.

Más fotos, aquí.


En resumen: Bruce.


El concierto
1. Working on the Highway
2. No Surrender
3. My Love Will Not Let You Down
4. The Ties That Bind
5. Sherry Darling
6. Two Hearts
7. Independence Day
8. Hungry Heart
9. Out in the Street
10. Crush on You
11. You Can Look (But You Better Not Touch)
12. Fire
13. I Wanna Marry You
14. The River
15. Point Blank
16. Murder Incorporated
17. Darlington County
18. Ramrod
19. I'm Goin' Down
20. Waitin' on a Sunny Day
21. Drive All Night
22. The Promised Land
23. Because the Night
24. Brilliant Disguise
25. The Rising
26. Thunder Road
27: Badlands

Los bises:
1. Born in the U.S.A.
2. Born to Run
3. Glory Days
4. Dancing in the Dark
5. Tenth Avenue Freeze-Out
7. Twist and Shout
8. Bobby Jean

Final:
7. This Hard Land

domingo, 8 de mayo de 2016

Recién leído: PRESAS FÁCILES, de Miguelanxo Prado


Un talento consagrado como Miguelanxo Prado nos presenta este año Presas fáciles, una historia que mezcla el noir "a la española" con una clara denuncia de muchos de los males que han aquejado a la sociedad española durante los últimos años. En la España de 2014, dos policías de lo más realistas investigan una serie de asesinatos que parecen no tener relación entre sí… hasta que resulta que sí que la tienen.

Con un dibujo en blanco y negro que quita el hipo, Prado alterna los registros de denuncia y thriller con fluidez, y nos cuenta una historia humana, de esas que dan que pensar, anclada en la realidad y llena de vida. En un tebeo que se lee de un tirón sin que nada chirríe, Prado lanza una mirada tan enfadada como lúcida sobre la sociedad en la que vivimos: la invisibilidad de los ancianos, víctimas de muchos de los desmanes de la economía más despiadada; la desfachatez de los todopoderosos bancos, con sus esbirros listos para ejecutar sus planes sin rechistar y sin pensar en las personas, sólo en los números; las instituciones públicas, siempre listos para defender al poderoso, como si le hiciera falta; y sobre todo, las consecuencias de lo que se hace… y lo que se deja de hacer.

Y estoy seguro que habrá quien criticará la más que evidente toma de postura del autor sobre ciertos asuntos, con la cual confieso estar totalmente de acuerdo. Solo diré dos cosas: tomar postura es valiente, y en el caso de un autor tan indiscutible como Miguelanxo Prado, el hecho de que lo haga es aún más importante; y dos, ese argumento de "es propaganda, es maniqueo, bla bla bla", solo se suele usar para desacreditar UN TIPO de tomas de postura… cuando EL OTRO TIPO de tomas de postura lanza continuamente sibilinos mensajes a través de múltiples vías, en muchos casos disfrazados apenas de eso que llaman "corrección política", y tiran de la opinión pública siempre en la misma dirección… y los "malos", casualmente, resultan ser quienes se oponen a ellos o simplemente plantean otras opciones.

En resumen: un gran tebeo.


jueves, 5 de mayo de 2016

El montón de tebeos presenta… EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO


Pues sí, lo he releído por vez enésima, y me sigue dejando alucinado cómo conserva intacta su potencia narrativa, treinta años después. Y cómo se queda grabado en tu memoria lo que realmente te impresiona, la primera vez que lo lees...

Sorprende lo diferente que era la DC de aquellos tiempos, empeñada en dar una vuelta a sus iconos de siempre y dominando la segunda mitad de los ochenta y parte de los noventa con dos jugadas maestras: el fichaje de las grandes figuras de la Marvel de los primeros ochenta, como Byrne, Pérez y Miller, y la captación de todo ese talento que esperaba en Gran Bretaña: los Moore, Morrison, Delano, Ellis, Ennis, Gibbons y tantos y tantos otros. Wonder Woman, en manos de George Pérez, y Superman, con Byrne, se renovaban de arriba a abajo, pero las operaciones de lavado de cara practicadas en ambos personajes eran una minucia comparadas con la salvaje deconstrucción de Batman en manos de Frank Miller.

El creador de Elektra, con El regreso del Caballero Oscuro y Año Uno, daba forma al concepto de Batman que ha marcado a varias generaciones de lectores ya: Bruce Wayne es el disfraz, Batman es Batman todo el rato. Un justiciero torvo, obseso, violento, que nunca se toma un descanso. De este concepto han bebido practicamente todas las encarnaciones de Batman desde entonces, con matices, con mejor o peor fortuna, y así seguirá siendo. Por no hablar de la influencia que la visión posmoderna, sardónica y desatada de Miller ha tenido en una multitud de autores que han venido después. 


Sorprende el desparpajo de un Miller al que DC prestaba su mejor juguete para jugar. Asombra, aún hoy, la capacidad del autor para el montaje de escenas y páginas, usando de manera soberbia una rejilla de dieciséis viñetas que le permite miles de posiblididades. Esa página en que las franjas de la bandera americana se transforman en la S de Superman… el uso de las onomatopeyas, un arte casi perdido en el cómic comercial hoy en día… las espectrales escenas del retorno a la acción de Batman… Miller hace puro cómic, saca músculo en cada página, huye de lo convencional, no hace concesiones a la galería, refina ese monólogo interior narrativo que se convertirá en marca de fábrica de la casa.

Por no hablar del ramalazo fascista-libertario que desprende su visión del personaje y del mundo en general, en la obra. El estado no arreglará los problemas: Batman demuestra que nosotros tenemos que arreglar los problemas (con esa Lana Lang abogando por el murciélago desde la televisión…). Las buenas intenciones no valen para nada. La caricatura salvaje de las torpes instituciones (alcaldía, gobierno…) y de las ideas de izquierda, encarnadas en los padres porreros de Carrie y en el siquiatra empeñado en rehabilitar a los viejos enemigos de Batman, haría las delicias de Ayn Rand.



Si en Daredevil, Murdock dudaba entre la acción directa del justiciero y la ley del abogado, Batman no duda. No se cimbrea contra el viento. No hace concesiones. No se ablanda, como Superman. Cuando todo el mundo dice "sí", el dice "que te den". Crea su propio viento y las concesiones te las incrusta en la cocorota de un porrazo.

Y sin embargo, años después, Miller llevaba aún más lejos ese concepto en el DK2, un tebeo adelantado a su tiempo, mucho más simple en apariencia, pero igualmente complejo en el fondo, que gana con cada relectura. Y el mismo Miller se choteaba sin pudor alguno de su Batman en All Star Batman & Robin, esa monumental broma que muchos siguen sin entender, como tampoco la entendió Jim Lee.

En resumen, todo lo anterior se resume en lo siguiente: Frank Miller, con sus luces y sus sombras, con sus aciertos y sus errores, es uno de los autores de cómic más importantes de la historia del medio. Punto. Estos días, Miller visita España. Cuando hablen de él, ya sabes de quién estamos hablando.


lunes, 2 de mayo de 2016

Películas recién vistas: CAPITÁN AMÉRICA. CIVIL WAR



Civil War fue la historia que me atrajo de nuevo a la continuidad de Marvel, después de una temporada siguiendo solo las series de Marvel Knights. En la versión cinematográfica, desaparece la carga política (clara, pero leve, no nos engañemos) que llevaba el guión de Mark Millar, para dejar paso al drama y al espectáculo para todos los públicos: o sea, machacado y clarito, pero entretenido a rabiar. Al menos para mí, las películas de Marvel son como ir al cine cuando eras niño: buscas la pantalal más grande posible, desconectas del realismo y te dejas llevar. Así hay que verlas: quien no sea fan de Marvel de toda la vida, o quiera cosas más profundas y esto de los tipos con pijama le parezca una pérdida de tiempo, obviamente no conectará con este mundillo. Es comprensible. Eso no excluye juzgar si son buenas o malas, es decir, si logran sus objetivos. Capitán América: Civil War, desde luego, mala no es. No es Los Vengadores, pero está al nivel de la excelente Soldado de Invierno.

Los hermanos Russo logran lo que no logró Joss Whedon: si La era de Ultrón era plomiza a ratos y arrítmica en general, Civil War dosifica bien su información, derrocha acción y espectáculo por los cuatro costados, sin que la traca final pierda gas, a lo largo de dos horas y veinte minutos de peleas a mansalva y drama por arrobas, en una historia que consigue que, al menos, La era de Ultrón tenga un sentido… Y que por lo menos no renuncia del todo al humor, encarnado en el estupendo Spiderman al que da vida Tom Holland e, inevitablemente, en el Iron Man de Robert Downey Jr., verdadero emblema del éxito marveliano en la gran pantalla. Él y Chris Evans, com antagonistas principales, llevan bien el peso de la trama.

La película es una pieza más del ya gigantesco serial cinematográfico de Marvel, y al mismo tiempo es una historia sólida, entretenida, y que deja al espectador satisfecho y con ganas de no salir nunca de este tinglado en el cual cada vez pululan más personajes. 



La batalla del aeropuerto es un verdadero espectáculo, como lo es la dinámica contienda inicial contra el tétrico Calavera o el juego del gato y el ratón entre el Capi, el Soldado de Invierno y Pantera Negra en Berlín. Estupendas incorporaciones al asunto cinematográfico Marvel son Martin Freeman (pena que su papel no tenga más importancia), y Daniel Brühl, un excelente Zemo al que, esperemos, veamos más veces… Chadwick Boseman resulta algo más soso como el solemne y misterioso Pantera Negra, a la espera de que su personaje se desarrolle en su próxima película, al igual que la Sharon Carter que encarna Emily VanCamp resulta también algo plana (pese a participar en uno de los mejores momentos de la película, el beso). Los demás, léase Ojo de Halcón, Visión, Bruja Escarlata, etc., sin sorpresas (bueno, alguna que otra sí…)

En resumen: queremos más. Y no lo dudemos… tendremos más. Y por supuesto, quédense hasta el final de los créditos...


domingo, 1 de mayo de 2016

El montón de tebeos presenta… FRANK MILLER


Para toda una nueva generación de lectores, el nombre de Frank Miller no tiene la resonancia mítica que tiene para los que ya tenemos una cierta edad. ¿Cómo no sentir algo especial cuando recuerdas las obras más clásicas de Miller? ¿Cómo olvidar el duelo a muerte entre Bullseye y Elektra? ¿O Ruleta? ¿Cómo olvidar el encuentro de Matt con la hermana Maggie en Born Again? ¿Cómo quitarse de la cabeza esa imagen de Lobezno, enseñando las garras e invitándote a bailar? ¿Cómo olvidar el dramático "Me convertiré en un murciélago" de Año Uno? Pero, en los últimos tiempos (o sea en los últimos quince años), como sucedió con la estela de Prince, otro monstruo sagrado de los ochenta, la estrella de Miller ha brillado bastante menos. Miller es sin duda uno de los autores de cómics vivos más importantes de la historia del medio. ¿Vale? Lo digo por si acaso alguna vez se nos olvida...



Su época de esplendor máximo fueron los ochenta, esa verdadera década prodigiosa del cómic americano, dominada en su primera mitad por Marvel y en su segunda mitad por DC. Autores como Frank Miller, Walt Simonson, John Byrne, Chris Claremont, George Pérez, y después la invasión británica encabezada por Alan Moore, dieron al cómic yanqui grandes obras. Pero, me atrevo a afirmar, ninguna, más explosiva, más visceral, más emocionante, más inolvidable que las de Miller.

Miller triunfó en las dos orillas. Primero, en Daredevil, donde le dio la vuelta completamente al personaje, además de acuñar un estilo y una manera de narrar nunca vistas hasta entonces en un tebeo comercial norteamericano, a la altura del estallido realista del Batman de Neal Adams en los setenta, y culminó con ese monumento que es Born Again, junto a un soberbio David Mazzucchelli. Inolvidable es también el Lobezno que fraguó junto a un Claremont en estado de gracia. Las influencias del manga, del noir, de Will Eisner, se amalgamaban en las páginas de Miller, y además contaba con la inestimable ayuda de Klaus Janson en las tintas y el color.



Tras dejar Marvel, Miller inauguraba en DC el formato de lujo con una amalgama de samuráis y ciencia ficción, Ronin, pero la verdadera campanada llegó con sus dos obras seminales sobre Batman, El regreso del Caballero Oscuro (sí, por eso se le llama a Batman "Caballero Oscuro", no se lo han inventado los hermanos Nolan) y Año Uno, de nuevo con Mazzucchelli. Dos tebeos que transformaron a Batman por completo, como ya había trastocado Miller a Daredevil antes, obras de las cuales han copiad… perdón, bebido, con mayor o menor fortuna, practicamente TODOS los tebeos y películas relacionados con Batman en las últimas tres décadas. Y que, junto a Watchmen, contribuyeron a revitalizar el cómic norteamericano y a darle otra dimensión… y quizá a acabar con una manera más ligera, divertida y vitalista de ver las historias de los justicieros disfrazados, pero esa es otra historia.


En los noventa, Miller escribió guiones de cine (Robocop II y III) y paralelamente se consagró a los guiones, ilustrados por otros (Hard Boiled, Give Me Liberty, etc.), se alineó con los primeros ejemplos de autores que seguían la estela de los "fugitivos" de Image y buscaban un mejor reconocimiento de su trabajo en Dark Horse, a través de aquellos sellos editoriales como Legend, Bravura y otros, ya extintos, junto a gente como Arthur Adams, John Byrne o Mike Mignola, por ejemplo. Regresó brevemente a Marvel, justo antes de arrancar con Sin City, para crear Elektra Lives Again, y después se sacó de la manga en DC el célebre DK2, El Contraataque del Caballero Oscuro, un tebeo que descolocó a propios y extraños en su momento (incluido yo mismo; por suerte, con el tiempo, uno va creciendo y juzgando mejor las cosas), y que el tiempo ha puesto en su lugar.




Desde entonces, poco que reseñar: Sin City se alargó mucho más de lo que hubiera debido durar, 300 sigue siendo tan divertido como exagerado (envejece mejor que la película, desde luego), y las aventuras fílmicas de Miller junto a Robert Rodríguez se saldaron con resultados muy decepcionantes. All-Star Batman & Robin quedó como una rara avis en DC, un chiste que nadie pareció entender, y menos que nadie Jim Lee. El tiempo lo va poniendo en su lugar como lo que es, un tebeo tan divertido que da pena que nadie se moleste en seguirle la estela.

El tan rumoreado regreso de Miller a los cómics, Terror sagrado, fue un proyecto muerto desde un principio que pasó totalmente desapercibido cuando se publicó (y era el primer tebeo de Miller desde el DK2…), pese a los "esfuerzos" de Miller para atraer atención mediática… Ahora llega un DKIII que, pese a contar con el concurso de Miller y con autores más que solventes como Azzarello, Kubert y Janson, no parece destinado a ser el aldabonazo que fueron sus dos predecesores… pero que todos vamos a leer, sin duda. Aunque solo sea por si acaso.



En fin, que este es Frank Miller, gente. Creo que es importante recordarlo, porque parece que a veces la gente se olvida de de quién estamos hablando. No puedo menos que recomendar a quien no conozca sus años dorados que se zambulla en ellos sin pensárselo dos veces: Daredevil, Born Again, Año Uno, El regreso... y El contraataque..., de estos últimos al menos tengo pendientes sendas relecturas inminentes. Y lo mejor: todo ello está disponible en el mercado en estos momentos en estupendas ediciones. Merece la pena, y mucho. Pero MUCHO.

miércoles, 13 de abril de 2016

Recién leído: THE WICKED + THE DIVINE, vol. 1


¿Te imaginas un tebeo de fantasía nada plomizo y muy dinámico, donde el misterio forma parte de la trama, donde el escritor se preocupa más de divertir que de demostrar lo leído que es, y además dibujado por un tipo que saca el máximo partido posible a su trabajo? Como si fuera The Sandman, pero despojado de la pátina de "mira cuántas palabras distintas conozco" de Neil Gaiman.

Pues eso es lo que es The Wicked + The Divine, una de esas ya muchas series del sello Image que aún no ha llegado a España (pero seguro que no tardará mucho…), cortesía de Kieron Gillen y Jamie McKelvie, curtidos en Marvel con las desventuras del jovencito Loki y en Los Jóvenes Vengadores.

Cada dos años, un panteón de dioses de distintas mitologías se encarna en una serie de adolescentes, les posee, y dos años después, todos mueren para renacer y comenzar un nuevo ciclo. El arranque de la serie sigue a los protagonistas precisamente en uno de estos momentos de cambio, y el resultado es divertido y deja con ganas de más.

En resumen: pues eso, que quiero más. Lo mejor es que ya hay cuatro tomos...

miércoles, 30 de marzo de 2016

Rodeado de series presenta… DAREDEVIL, temporada 2


La primera serie de Netflix relacionada con personajes Marvel fue la dedicada a Daredevil, el justiciero ciego de la Cocina del Infierno. El estupendo resultado de su primera temporada abrió el camino a la oleada de series Marvel que componen Jessica Jones y las inminentes Luke Cage y Puño de Hierro. La segunda temporada de la serie del cuernecitos no ha hecho sino mejorar los resultados de su predecesora.

Los aciertos de casting continúan: si Charlie Cox, Deborah Ann Woll y Elden Henson componían unos estupendos Matt, Karen y Foggy, sus papeles crecen en dimensión y entidad y ellos siguen llenándolos estupendamente. Si Vincent D'Onofrio bordaba su atormentado Wilson Fisk, ahora lo lleva mucho más lejos y literalmente se sale de la pantalla, con su espectacular retorno. Y a la fiesta se unen Elodie Young como una más que convincente Elektra y un espléndido Jon Bernthal que sorprende y convence con su espectral, atormentado e hiperviolento Frank Castle.

When you hit'em, they get up. I hit'em, they DON'T.
Las tramas que la serie desarrolla arrancan en parte de las ya iniciadas en la primera, con esos ninjas chungos y supersilenciosos y sus misteriosos planes, y con el retorno del misterioso Stick, y todo ello se entrecruza con el Punisher y su violenta irrupción en la Cocina del Infierno y con la reaparición de Elektra en la vida de Matt.

Muchos de los elementos del argumento remiten a los cómics clásicos de Frank Miller, pero el nuevo equipo de showrunners contratado para la segunda temporada maneja su material con destreza y la serie engancha endiabladamente al espectador. El resultado mejora con creces la ya altísima calidad de la primera temporada.

Hello, Matthew...
Especialmente impactantes son las secuencias de acción, de nuevo resueltas de manera harto lograda y espectacular, en especial los enfrentamientos entre Daredevil y el Punisher, y ese tremendo momento de Frank en el bloque de celdas… Las dosis de violencia, ya presentes en la primera temporada, se desatan en esta nueva entrega, compuesta de 13 capítulos.

En resumen: por el fantasma de Ben Urich, ¿para cuándo la tercera temporada?