"You're going to need a bigger boat."

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martes, 31 de diciembre de 2013

Películas recién vistas: EL HOBBIT, LA DESOLACIÓN DE SMAUG


Peter Jackson y su equipo habitual continúan con su libre adaptación de El Hobbit, con Bilbo, Gandalf y la bandada de enanos barbudos atravesando la Tierra Media camino de la Montaña Solitaria. Y, como ya sucedía en la primera parte, la magia, la espectacularidad y la capacidad de asombro desplegadas en La comunidad del Anillo están presentes, pero también la redundancia innecesaria, las escenas prescindibles y el alargamiento hasta la extenuación de situaciones, como veíamos en Un viaje inesperado.

La magia está en momentos como la batalla de Gandalf en Dol Guldur, realmente espectacular; el encuentro de Bilbo con el majestuoso Smaug (pese a que la escena se alarga demasiado) o la fascinante secuencia de las arañas gigantes. Lo plúmbeo, lamentablemente, se alterna con esos momentos soberbios: por ejemplo, en la innecesaria aparición de Beorn, en las aburridísmas secuencias que transcurren en la dichosa ciudad del lago, o en la casi intragable presencia de los elfos del bosque, encabezados por el insufrible Legolas.

Lo mejor del film, sin duda, Martin Freeman, una vez más, todo humanidad y vis cómica: una elección perfecta, que se eleva sin problemas sobre el resto del reparto, incluido un Ian McKellen siempre bienvenido. Lo peor: la sensación de ya visto que transmiten algunas situaciones, como si Jackson y los suyos se preocupasen más de citarse a sí mismos para deleite de sus incondicionales que de cuidar y manejar bien la historia que están contando.

Así, La desolación de Smaug es, como su predecesora, y como ya lo eran Las dos torres y El retorno del rey, un film arrítmico, mucho más valioso como festín visual de fantasía épica que como película en sí. No es ninguna sorpresa comprobar que, una vez más, Jackson y los suyos insisten en inflar cada escena, cada situación, y eso contribuye a sacar al espectador del film continuamente (ejemplo: la secuencia de los barriles, demasiado alargada como ya lo había sido toda la parte final de Un viaje inesperado). Así, dentro de un espectáculo muy disfrutable en pantalla grande, encontramos menos sorpresas de lo que nos gustaría, y sí muchos momentos algo predecibles, y sobre todo sosos.

En resumen: irregular. Pero, el año que viene... otra.