"You're going to need a bigger boat."

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jueves, 19 de mayo de 2016

RODEADO DE BRUCE presenta... ANOETA, The River Tour, 17 de mayo de 2016


Bueno, ¿cómo decirlo sin que suene a dicho ya? ¿Cómo explicarlo? No se puede. Solo me puedo acoger a la sensación que produce el Jefe en la gente que, incluso hoy, tiene la suerte de acudir a su primer encuentro con él. Porque cuando vas a un concierto de Bruce Springsteen, estás con él. Dentro de su mundo. Dentro de su épica rockera. Dentro de ese torbellino de energía que él y su indomable, insustituible E Street Band desatan en directo. Ese huracán gozoso, que no destruye sino que te hace temblar de emoción y se te lleva y te deja renovado y listo para seguir viviendo, y que se abatió sobre el estadio donostiarra de Anoeta hace unas pocas noches. Así se siente quien realmente se deja llevar y se rinde a la evidencia que se despliega.

Sí, claro, sé lo que dicen los que han perdido la fe, o nunca la tuvieron. "Ahh, ya no es lo mismo". "Es que los conciertos en grandes estadios, claro"… "Es que cuando le vi yo la primera vez, jo, fue la leche…",  "que tal o cual concierto donde yo estuve y tú no fue la repanocha, y aquí ha tirado de oficio…", "que si no ha tocado tal o cual canción…" Tópicos que se repiten. Perlas de "sabiduría" de críticos que dejan que su faceta de fan, y no su espíritu crítico, se interponga entre ellos y la energía que desprende Bruce.

Claro que no es lo mismo que antes: si la muerte de Danny Federici dejaba tocada de un ala a la E Street Band, el fallecimiento del Big Man Clarence Clemons la dejaba sin una buena parte de su corazón, casi casi la mitad, yo diría. Y claro que la edad hace mella. Vistos de cerca, los E Streters (bueno, quizá con la excepción de Steve Van Zandt, que no podrá ser confundido nunca con un ser humano normal) son maduros profesionales, señores mayores que parecen ajenos a cualquier agitación rockera. Y en la última década, la esencia de la banda se ha ido diluyendo en una potentísima maquinaria sonora que ha incorporado de manera temporal una sección de viento y a un renombrado as de la guitarra como Tom Morello. Y claro que el público de un estadio, la masa, los miles, demanda cosas distintas que el entregado seguidor de pabellón.

Pero la magia de Bruce es poderosa. Ah, sí. Y en esta nueva gira, el de New Jersey se ha sacado un as de la manga, quizá el último, pero uno más: la banda ha vuelto a su esencia. El sonido es más rockero, más puro, menos empastado y adornado. No es que en las últimas giras las canciones sonasen mal, pero indudablemente el ataque de los grandes clásicos del cancionero del Jefe, como Thunder Road, como Badlands, como The Promised Land, por no hablar de las baladas, impresionantes, que disfrutamos en Anoeta la otra noche es el mejor desde la inimitable gira de 2003, la verdadera cúspide de la E Street Band en su etapa de madurez.

Y no creas que no tengo espíritu crítico. Para empezar, como casi siempre en Anoeta, el sonido fue muy mejorable, oscilando entre el aceptable de la parte central del concierto y el inaceptable chatarreo del arranque, con ecos al final… indigno de la talla de la música, desde luego. Los trucos fáciles, como Waiting on a Sunny Day, o los bailoteos finales de Dancing in the Dark, suenan a ya vistos. Nils Lofgren, como casi siempre, queda algo desdibujado, por decirlo suavemente. La vistosa realización en directo en las pantallas de vídeo ningunea a buena parte de la banda durante el show.

Pero la energía de Bruce lo puede todo. Y cuando tú pones de tu parte lo que tienes, esa energía se multiplica. Y solo puedes poner todo de tu parte, porque alguna vez será la última. Ya dormirás, ya descansarás, ya se te pasarán la ronquera y las agujetas. Si no lo pones, quizá no tengas otra oportunidad.

Y ahora, la crónica.

Con menos retraso que otras veces, pasadas las nueve y diez, estalló el alborozo cuando el imperturbable Max Weinberg pisó el escenario con su aplomo chalequero habitual, se encaramó a la batería y arrancó un ritmo fácil de reconocer, y a su son fueron saliendo el resto de miembros de la banda: Roy Bittan y Charlie Giordano, Patti Scialfa y Soozie Tyrell, Steve Van Zandt y Nils Lofgren, Jake Clemons… y finalmente, y con él se desató la algarabía generalizada, el propio Bruce, guitarra en mano, atacando Working in the Highway con brío. A partir de ahí, con la grada puesta en pie y la pista entregada, la habitual andanada de arranque, lastrada por un sonido desastroso que por suerte se arregló a las alturas de Independence Day. Canción, como varias otras, de The River, que Bruce no repasó entero pero sí en gran parte (sonaron 12 de las 20 canciones del disco). La mejor parte, como casi siempre, fue la sección central del concierto: ahí, a partir de Two Hearts, con la banda ya caliente y el público entregado, Bruce desplegó lo mejor de la noche: Two Hearts, Independence Day, Hungry Heart, Out in the Street, Crush on You y You Can Look (But You Better Not Touch), así, seguidas. Ahí es nada.

Y cómo sonaron las canciones, y cómo sonó la voz de Bruce. Cómo sonó Fire. Cómo brillaron I wanna marry you, The River y Point Blank, en particular esta última. Cómo restalló Murder Incorporated, para dar paso al festivalero Darlington County, el explosivo Ramrod (mención aparte merece el trabajo de Jake Clemons en esta pieza, un Jake que por fin llena los zapatos musicales de su tío a base de energía pura) y la vibrante I'm Going Down, que levantó a los pocos que quedaban sentados. Tras el paréntesis, divertido como siempre y prescindible como siempre, de Waiting on a Sunny Day, Drive All Night alcanzaba una de las cotas más altas de emoción y conexión de la noche. Después, The Promised Land y Because the Night elevaban una vez más el espíritu y nos dirigían a la traca final…

Y la sorpresa llegaba con Brilliant Disguise, esa canción maravillosa, con Patti a los coros, como debe ser, seguidas de The Rising y la inconmensurable Thunder Road, cerrando lo que era (solo) la primera parte del show con otro de sus grandes himnos: Badlands.

Y casi sin pausa (en serio), los bises, con todas las luces del estadio encendidas, más empastados y menos sorprendentes que lo anterior, como casi siempre: un atronador Born in the U.S.A., seguido por la inmortal Born to Run, Glory Days, Dancing in the Dark y el mejor momento, el
siempre bienvenido Tenth Avenue Freeze-Out, y el cierre entre bromas de "me voy, no me voy" con Bobby Jean y la emocionante This Hard Land, en acústico, como despedida de la noche. Tres horas y tres cuartos.

Más fotos, aquí.


En resumen: Bruce.


El concierto
1. Working on the Highway
2. No Surrender
3. My Love Will Not Let You Down
4. The Ties That Bind
5. Sherry Darling
6. Two Hearts
7. Independence Day
8. Hungry Heart
9. Out in the Street
10. Crush on You
11. You Can Look (But You Better Not Touch)
12. Fire
13. I Wanna Marry You
14. The River
15. Point Blank
16. Murder Incorporated
17. Darlington County
18. Ramrod
19. I'm Goin' Down
20. Waitin' on a Sunny Day
21. Drive All Night
22. The Promised Land
23. Because the Night
24. Brilliant Disguise
25. The Rising
26. Thunder Road
27: Badlands

Los bises:
1. Born in the U.S.A.
2. Born to Run
3. Glory Days
4. Dancing in the Dark
5. Tenth Avenue Freeze-Out
7. Twist and Shout
8. Bobby Jean

Final:
7. This Hard Land