"You're going to need a bigger boat."

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viernes, 7 de octubre de 2016

Películas recién vistas: EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS


La nueva película de Alberto Rodríguez, director de la inmensa La isla mínima, bucea en las cloacas de la corrupción institucional y nos lleva de vuelta a principios de los ochenta y los noventa para contarnos la rocambolesca historia de cómo Francisco Paesa consiguió que Luis Roldán cayese en manos del gobierno español.

El inigualable Eduard Fernández compone un Paesa fascinantemente humano, un "figura" que maneja los destinos de toda la gente que le rodea en una telaraña internacional de timadores, matones y "conseguidores" y que a la vez se ve privado, precisamente por ello, de toda posibilidad de una vida "normal". Pero cuando te enredas en ciertos asuntos, puedes convertirte en una persona peligrosa… y entonces, te quitan de enmedio, de una manera u otra. El film, pese a comenzar años antes, se centra en la relación entre Paesa y Luis Roldán (un excelente Carlos Santos). Roldán acude a Paesa para que le ayude a salvar su fortuna y su patrimonio cuando las acusaciones de corrupción le hacen huir de España.

Brillante es la manera en que Rodríguez y su guionista, Rafael Cobos, retratan la España de la época (recordemos que la guerra sucia contra ETA siempre estuvo detrás de los grandes escándalos de corrupción de los gobiernos socialistas; entretanto, otros se ocupaban de otros negocios, como el inmobiliario…). La retazos de noticieros televisivos nos retrotraen a aquellos años no tan lejanos, en un thriller lleno de ritmo que, pese a cierta frialdad en algunos momentos (pocos), funciona como un reloj y desprende un fino humor en muchos momentos, que humaniza a los personajes y aleja el film de tentaciones "peliculeras".

El recurso de la voz en off de Jesús Camoes (una elección inmejorable la de Jose Coronado para el papel) nos conduce de manera segura por el laberinto de viajes, recelos, mentiras, engaños, extorsiones, transferencias de capital y demás asuntos que son la vida de Paesa. Me encantaron particularmente esos rótulos casi setenteros que van puntuando la historia.

Rodríguez borda un thriller que huye de cualquier exageración y nos presenta a unos personajes que son parte de la historia de nuestro país, acercándonos a un episodio no tan lejano en el que se demuestra que el poder siempre tiene un reverso tenebroso… y siempre es tenebroso de verdad.

En resumen: peliculón.