"You're going to need a bigger boat."

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lunes, 3 de octubre de 2016

Recién leído: BORN TO RUN, de Bruce Springsteen



Lo mejor que se puede decir de Bruce Springsteen es que siempre lo da todo. Cuando está contigo, está contigo. Esta autobiografía recién publicada, llamada a ser un exitazo de ventas, no es una excepción.

Bruce cuenta cosas que sabemos y otras que no sabíamos. Una de las que más están llamando la atención es su confesión de lo que era un secreto a medias: sus frecuentes depresiones, casi desde adolescente, heredadas de su padre. Es tópico pensar que un triunfador tiene que ser una persona feliz. La imagen pública de Bruce (el rockero épico por excelencia, el superhombre de los interminables conciertos) no parece casar con un hombre que duda, que se autoexamina, que tiene miedo, y que se medica con regularidad desde la treintena. Pero, así es. Bruce rompe una lanza a favor de la terapia y la medicación que le dio a su padre unos buenos últimos años y que, a él, le salvó literalmente la vida.

Y qué vida. Adolescente conflictivo, (pero poco), con dieciocho años ve cómo sus padres se mudan a California desde New Jersey. Poco a poco, se va haciendo un nombre en el circuito de música en vivo de la zona costera del estado, hasta que consigue grabar sus dos primeros discos, que pasan bastante desapercibidos, y da la campanada con Born to Run, el disco en el que ya se reúne la legendaria E Street Band al completo. Después llegarán sus otros dos grandes elepés, Darkness on the Edge of Town y The River, y el estrellato interplanetario que le proporciona el celebérrimo Born in the USA.

Tras casi morir de éxito, y transcurridas casi dos décadas en las que su estrella se apaga un tanto, Bruce reúne de nuevo a la desbandada E Street Band y se dedica a hacer lo que mejor sabe hacer: tocar. Tocar para todos sus viejos fans de los setenta, para los de los ochenta, y para sus nuevos fans de los noventa y del siglo XXI. Y ahí sigue, tocando.



El 11-S desencadena una nueva toma de conciencia en un Bruce que cambia su reclusión y su timidez pública de los primeros ochenta por una presencia pública mayor, y un posicionamiento político claro que no es bien recibido por muchos sectores de sus fans en EE.UU. En la actualidad, Bruce es un referente indiscutible del rock en vivo, un artista cuyo asombroso cancionero atraviesa las décadas, conecta a tres generaciones y hace vibrar por igual a públicos de toda clase y condición. Una leyenda viva que, a los 67 años, no da señales de apagarse.

Un tipo que ha logrado todo en su profesión, y que sin embargo no olvida quién es y de dónde viene, que no pierde oportunidad de aprender, y que se emociona como un colegial cuando unos de sus héroes de juventud, los Rolling Stones, le invitan a tocar con ellos. Un sano orgullo le invade en momentos como cuando, tras acompañar a su hijo pequeño a un concierto de uno de sus grupos favoritos, lleva al chaval al camerino, y uno de los músicos tiene tatuado en el brazo… un verso de Badlands. Bruce habla como un tipo que sabe lo que tiene, que lo valora, que sabe lo que cuesta llegar a ser lo que es, y que se toma su trabajo muy en serio.



En el libro, la prosa de Bruce recuerda a sus largas peroratas en los conciertos, que jamás fueron improvisadas, cosa que nadie dudó nunca. Suena íntimo, socarrón, intenso, a veces incluso bordeando lo autodestructivo, en su modestia y su contínuo autoexamen. Bruce es, en realidad, en muchas ocasiones ese tipo de tantas canciones suyas, que conduce y conduce por la noche sin rumbo porque no puede dormir, porque no está a gusto ni en su propia piel.

La honda huella de la educación católica en su vida y sus letras, la veneración por su madre y su esposa, la comprensión y la compasión hacia su padre y las contradicciones de su condición de millonario con sus orígenes humildes (aunque acepta con naturalidad los beneficios de su desahogada posición) están bien presentes, así como su rígido código de trabajo, las giras, los vaivenes de la relación con su legendaria banda (y la honda pena por la pérdida de Danny Federici y Clarence Clemons) y la paternidad (las risas de sus hijos cuando le ven bailotear en el célebre vídeo de Dancing in the Dark, o la música que descubre gracias a ellos), los viajes de trabajo y de placer… Todo tiene cabida en las páginas de una autobiografía reveladora y amena.

En resumen: conocer un poco a Bruce es amarle. Conocerle mucho, es amarle más.