Una película española de ciencia-ficción. Eso, en sí mismo, ya es casi un aliciente para darle una oportunidad. El joven Kike Maíllo dirige una cuidada opera prima, que se beneficia de un cuidado diseño de producción y de un plantel lleno de caras conocidas (Daniel Brühl, Alberto Amann, Marta Etura, Lluis Homar…).
La Universidad de Santa Irene ve cómo regresa el hijo pródigo, el genio en robótica Alex (Brühl). Allí le espera el trabajo que dejó a medias: la creación de un niño robot perfecto. Pero también le espera Lana (Etura), su antiguo amor, ahora unida a David (Amann), el hermano de Alex. Y también, aunque Alex no lo sabe, le espera… Eva.
El problema del film es su excesiva frialdad. Falta algo de pasión, de locura, de poder de arrastre en los personajes principales. La historia tampoco aporta nada especialmente original al mundo de los robots, la inteligencia artificial y demás. Y pese a aciertos como la ambientación invernal del film, pese al divertido Homar como el robot mayordomo Max y pese al excepcional trabajo de la niña Claudia Vega como Eva, la película de Maíllo resulta, en suma, algo previsible, y no acaba de enganchar en ningún momento.
Más sobre Eva, aquí.
En resumen: poca cosa.
