"You're going to need a bigger boat."

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jueves, 12 de febrero de 2009

Películas recién vistas: REVOLUTIONARY ROAD


April (Kate Winslet) y Frank (Leonardo DiCaprio) son jóvenes, guapos e idealistas; se conocen en una fiesta, una noche cualquiera, en los luminosos EE.UU. de los 50. Se enamoran, se casan, se mudan a las afueras cuando tienen su primer retoño. Llegado el segundo retoño, un día se dan cuenta de que sus ideales se han quedado en agua de borrajas y son exactamente lo que no querían ser: iguales que todos los demás. Entonces, April le hace a su marido una propuesta... cambiar completamente de vida.

Basada en la novela homínoma de Richard Yates, Revolutionary Road es la nueva película de Sam Mendes, director de American Beauty y de la plomiza Camino a la Perdición. Emparentada argumentalmente con ésta, además de otros filmes como Lejos del Cielo, Las Horas o la exitosa serie de TV Mad Men, la película tiene su interés, pero su segunda parte se vuelve algo redundante, en comparación con la primera, para mi gusto bastante más lograda en todos los sentidos.

La película acierta en su descripción de Frank como "uno más" del mar de sombreros de ejecutivos que se desplazan a la gran ciudad a trabajar, y en el retrato de April como "una más" de la legión de felices amas de casa que esperan a su maridito a la hora de cenar; o en la elegante manera de presentar los flashbacks que nos cuentan cómo se conocen Frank y April, o el momento en que compran la bonita casa en la que viven. Visualmente, la película establece un evidente contraste entre lo "luminoso" del mundo que rodea a la pareja, y el drama que se desarrolla entre ambos, efecto muy logrado en la primera parte del film. Adscrita claramente al género dramático, la cinta carga con el lastre de la insufrible banda sonora del repetitivo y cansino Thomas Newman.

El reparto cumple con su tarea con entrega: tanto Leo (enérgico) como Kate (elegantísima y nada sobreactuada) están bien, y ponen toda la carne en el asador en las escenas de sus tremendas broncas matrimoniales. Los actores secundarios están bien en sus papeles, y destacan Kathy Bates y Michael Shannon en el papel de su hijo, John, un joven con problemas mentales (y por ello, "fuera" de ese mundo que amenaza con engullir los sueños de Frank y April), quien "remacha" el tema de la película en una escena estupenda, denunciando la falsedad de ambos cónyuges en su manera de enfrentarse a la situación.

Como sucede con la novela (que confieso no haber leído), la tesis es sencilla: el matrimonio no da la felicidad, y solamente representa monotonía, renuncia a los sueños e ideales, y aceptación de una vida gris y plana. La película es efectiva en este sentido, dado que plantea claramente que ante ello, o se acepta, o se sucumbe a la imposibilidad de cambiarlo. Nadar contracorriente siempre es más difícil que seguir el camino más trillado... Una perspectiva bastante descorazonadora, y una crítica de la vida "cuadriculada" de los EE.UU. de los 50... y en general, de cualquier vida "cuadriculada".

No es una mala película, pero repito, falla en enganchar algo más al espectador, sobre todo en una segunda parte algo más reiterativa que la primera, en particular en lo referente al personaje de Frank.

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