"You're going to need a bigger boat."

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domingo, 5 de febrero de 2017

Recién leído (por fin): TAKEMITSU ZAMURÁI, de Taiyô Matsumoto e Issei Eifuku


Si alguien (habrá alguien, seguro) sigue pensando que el manga es solo un mundo de "niños de ojos grandes", necesita una inmersión urgente en la obra de creadores como Jiro Taniguchi, Shintaro Kago, Naoki Urasawa o Matsumoto Taiyô, entre otros. Casi cualquier obra de éste último, mismamente, puede servir para acabar con los prejuicios de un plumazo.

Recomiendo a cualquier lector que aún no haya leído este Takemitsu Zamurái que se lance a por este manga. Lamentablemente, tras el cierre de EDT, antigua Glénat, su editora en castellano, ha quedado descatalogado… Esperemos que pronto alguna editorial aproveche la oportunidad que ofrece un mercado de manga cada vez más diverso como el que disfrutamos, y reedite esta obra. Si la impaciencia te puede, aún podrás tratar hacerte con ella, en la distribuidora tienen aún ejemplares… pero no de todos los números, me temo. Pero el siempre socorrido mercado de segunda mano puede ser de gran ayuda.

Takemitsu Zamurái, el samurái que vendió su alma es un excelente ejemplo de talento y creatividad desatados. Esta historia de samuráis con elementos fantásticos es perfecto territorio para que Matsumoto ejercite su impresionante capacidad artística. La expresividad, el absoluto arrebato de cada página es simplemente alucinante. Solo hay que hojearlo para caer rendido. Y después de leerlo, pues caes más rendido.


Con guión de Issei Eifuku, el manga cuenta la historia de Soichiro Senô, un samurái que ha vendido su espada y la ha cambiado por una katana falsa, de bambú, de ahí el título del manga. Porque su espada, su alma, es algo más que una espada normal, y Senô teme aquello en que puede convertirse cuando la empuña. Pero además, el pasado de Senô esconde un secreto, que hace referencia a una terrible tragedia… que irá siendo revelado a lo largo de la trama.

La ambientación, además, permite a Matsumoto abandonar un tanto su habitual estilo, personal y cercano al underground, reflejar en su arte el estilo de las antiguas pinturas japonesas (en particular, en las acuarelas en color que sirven de portadas y portadillas de los ocho tomos). La forma en que manipula y retuerce la anatomía en busca de la expresividad es soberbia, en particular en las escenas de acción. El mejor ejemplo es el implacable asesino Kikuchi, un gigante que segun avanza la obra va pareciendo cada vez más un verdadero ogro, o el propio diseño de Senô, con esa cara imposible. Eso, por no hablar de las siempre originales composiciones de página o por la brillante manera de presentar la voz de la katana de Senô como un fantasma en forma de geisha tuerta, con la guarda de la espada como parche. O la estupenda idea de traducir a los perros y a los gatos cuando ladran o maúllan.

En resumen: colosal en todos los sentidos.