"You're going to need a bigger boat."

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lunes, 14 de febrero de 2011

Películas recién vistas: VALOR DE LEY


Este segundo remake en la carrera de los hermanos Coen, que por fortuna es mucho mejor que la espantosa The Ladykillers, es algo atípico en nuestros días: un western, para empezar, y además revisionista, antiépico y sin embargo clásico al mismo tiempo. Vamos, una jugada parecida a la de unas cuantas películas de los años 70 (como Pequeño Gran Hombre, por ejemplo), que jugaban con los arquetipos del género del oeste y aportaban visiones muy distintas a los habituales tópicos. Es decir, que tampoco es que esta nueva versión de la famosísima película de Henry Hathaway, que le reportó a John Wayne su único Oscar (básicamente, por hacer de sí mismo), aporte gran novedad...

La historia es sobradamente conocida, y no me extenderé al respecto. Además, excepto algunos detalles de la parte final del film, los Coen siguen escrupulosamente la senda marcada por el clásico de Hathaway, incluyendo la inevitable escena de Cogburn cabalgando con las riendas entre los dientes. La relación entre los personajes está bien llevada, y los diálogos, de agradable regusto clásico, están estupendamente resueltos, en particular las frecuentes broncas entre el mal avenido trío protagonista. Y se evitan, por fortuna, las tan habituales "moderneces" en películas de época hechas hoy en día.

El alguacil Rooster Cogburn cobra nueva vida, algo más arrastrada y gordinflona, en la figura del siempre impagable Jeff Bridges, y la niña Hailee Steinfeld aporta al personaje de Mattie empaque y credibilidad. Por su parte, Matt Damon tiene el físico perfecto para encarnar al bonachón Ranger de Texas Labeouf, y resulta ser de lo mejor del film, a diferencia del sobrevalorado y cansino Josh Brolin y del molestamente babeante Barry Pepper, que dan vida a los malos de la función.

Quizá este film, que se presenta como una "graaaaaan" película, no es más que lo que era su versión antigua: una historia clásica, bien contada, con el habitual tratamiento visual de los Coen, que se muestran menos truquistas y más clásicos, a tono con la historia, pese a algunos abusos con la música. El film tiene algunas pinceladas de brillantez, sin más. Al menos, esa es la impresión que deja. ¿Qué le habrá parecido a Garth Ennis el remake de una de sus películas de cabecera? Recordemos Predicador: es el John Wayne de Valor de Ley, cascado y fondón, el que se aparece a Jesse Custer…

En todo caso, este film queda muy lejos de Fargo, y muy lejos de las dos grandes películas del año pasado, Toy Story 3 y La Red Social.

domingo, 30 de enero de 2011

Películas recién vistas: HEREAFTER (MÁS ALLÁ DE LA MUERTE)

La más reciente (siempre penúltima) película del director de Sin Perdón le acerca a un tema poco explorado en el resto de su filmografía. Y lo hace de la mano de una historia que en realidad son tres: la de George, un desdichado parapsicólogo aficionado a Dickens (Matt Damon); la de Marie, una periodista de París superviviente de una gran catástrofe (interpretada por la elegante actriz francesa Cécile De France); y la de Marcus (Frankie McLaren), un niño británico que acaba de sufrir una terrible pérdida.

Las tres historias avanzan de manera separada, hasta que, como es fácil imaginar, convergen y toman sentido. El problema del guión de Peter Morgan (autor de los libretos de The Queen o El Último Rey de Escocia, por ejemplo) es que es ambicioso, pero está algo desequilibrado. Y si las historias de Marie (más arriesgada, y algo falta de concreción) o Marcus (algo más tópica) progresan de manera adecuada, la de George es redundante, plagada de tópicos, con partes perfectamente prescindibles (por ejemplo, todo lo que rodea al personaje interpretado por Bryce Dallas Howard), y todo ello deja a Matt Damon con bastante poco material para trabajar. Además, no es que Damon sea mal actor: es que me parece que el papel de tipo compungido no acaba de casar con su físico de chicarrón sanote.

Otra cosa que juega en contra del film es su falta de definición: no es un film fantástico, no es un film dramático, sino que intenta combinar ambas dimensiones, y por ello Hereafter incurre en el mismo problema que Banderas de Nuestros Padres, que no se decidía entre lo bélico y lo político y acababa dando algunos bandazos.

Pese a la una vez más impecable tarea de dirección y montaje del film (atención a la impresionante escena de apertura, o a la peripecia de Marcus en la estación de metro), y algunos destellos del más puro Eastwood (el funeral al que asiste Marcus, o las escenas en las que desacredita a un buen puñado de parapsicólogos charlatanes, o la naturalidad con la que convergen las tramas), al guión, y por tanto, a la película le faltan garra y le sobran tópicos. Contribuye a ello, lo confieso, mi escaso interés por el tema principal de la trama: la vida después de la muerte, tema que se trata siempre desde una perspectiva elegante, pero que solamente se plantea sin más.

El casi infalible olfato de Eastwood para los guiones no ha acertado esta vez. Y por ello, esta Hereafter queda muy por debajo no sólo de las grandes películas de su filmografía, sino también de filmes más humildes como Deuda de Sangre, por ejemplo, que dan lo que ofrecen y van al grano, sin desviarse.