"You're going to need a bigger boat."
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lunes, 1 de febrero de 2016
Películas recién vistas: LA JUVENTUD
Es cierto que la nueva película de Paolo Sorrentino guarda muchas similitudes con su anterior obra, la colosal La gran belleza: por ejemplo, la decadencia como centro de todo el argumento, el ambiente lujoso en extremo que apenas enmascara el vacío espiritual de quienes lo recorren, la factura técnica que convierte el film en toda una experiencia sensorial… Es cierto. Como si fuera el único director que hace eso...
Esta vez Sorrentino se centra en un compositor, encarnado por el inigualable Michael Caine, quien, durante unas vacaciones en un casi irreal retiro suizo, reflexiona sobre su vida, acompañado por su hija (la maravillosa Rachel Weisz) y su amigo de toda la vida, un caduco director de cine (Harvey Keitel) empeñado en sacar adelante su nuevo guión. Alrededor de los tres se apiñan una serie de personajes recurrentes, algunos fácilmente reconocibles, como el colosalmente gordo ídolo del balompié encarnado por Roly Serrano o el ídolo de Hollywood al que da vida con simpático desapego un estupendo Paul Dano.
¿Los ricos también sufren? ¿Sienten que algo les falta, pese a tenerlo todo, pese a tener acceso a lugares vedados al resto de los mortales como ese enloquecedoramente bello hotel perdido en las montañas de Suiza? Como Woody Allen, Sorrentino ambienta sus dos más recientes filmes en esos ambientes lujosos, casi irreales, donde el dinero casi deja de tener sentido. Pero, lejos de simplemente quedarse en la simple ilustración o, peor, en la apología de esa vacía opulencia, Sorrentino, como Woody Allen, se centra en esos personajes para hablar de cosas universales como las relaciones, la familia, la pérdida, el remordimiento y, en este caso, sobre todo, el envejecer. Lo que echan en falta sus personajes, obviamente, es lo que dejaron atrás, lo que nunca podrán recuperar por más dinero que tengan. Como cualquier otro ser humano. Pese a que a veces lo disimulan muy bien, quizá los ricachones sean también seres humanos, al fin y al cabo...
Aunque tenga momentos algo más tópicos y resulte algo más redundante e irregular que La gran belleza, La juventud atrapa irremediablemente con sus estupendos intérpretes, su humor juguetón y su belleza estética.
En suma: para disfrutar muchas veces y descubrir nuevos detalles en cada visionado.
martes, 24 de diciembre de 2013
Películas recién vistas: LA GRAN BELLEZA
Jep Gambardella (un impagable Toni Servillo) es un desencantado periodista, que hace veinte años escribió una novela y ninguna más, y desde entonces se dedica a vivir por la noche y dormir de día, en una interminable sucesión de fiestones por todo lo alto, rodeado de gente tan guapa, elegante, hedonista y decadente como él. Es verano en Roma, y Jep, indolente, ingenioso y tan adinerado y crepuscular como los personajes que le rodean, recorre la noche sin prisa, en busca de… ¿qué? Ni él mismo lo sabe. O quizá es algo que perdió hace tiempo…
Metáfora de una ciudad, Roma, y de un país, Italia, continuo desfile de ostentación tan espectacular como falsa, en La gran belleza Paolo Sorrentino mezcla en su film el humor, a veces absurdo, a veces grotesco, con el barroquismo, la grandilocuencia y el exceso, en un film poético, tan exagerado como certero, siempre sorprendente y absolutamente arrebatador en su acabado visual de principio a fin, a lo que contribuye la apabullante monumentalidad de Roma.
La crítica de Sorrentino alcanza a todos: políticos, empresarios, artistas modernos, escritores, la iglesia católica… Sorrentino retrata con brillantez una clase alta que se resquebraja, en un tapiz con múltiples hilos que se cruzan. La gran belleza nos propone un desfile de máscaras tan frágiles que una palabra puede hacerlas pedazos, un rebaño de gente que solamente se relacionan entre sí, y que practicamente no pisan la calle. Pese a dirigir el foco hacia esa "gente guapa" que forman casi una raza aparte, es fácil conectar con muchas de las ideas que expone y critica. Un ejemplo es el personaje del vecino de arriba de Jep, el misterioso tipo de los trajes impecables, que en tres fugaces apariciones dibuja toda una metáfora de la economía actual, en un film tan lleno de detalles que aguantará sin problemas más de una revisión. El reparto al completo brilla en cada escena, en particular el desdichado amigo de Jep al que da vida Carlo Verdone.
En resumen: imprescindible.
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