"You're going to need a bigger boat."

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domingo, 22 de septiembre de 2013

Películas recién vistas: RUSH




La nueva película de uno de los directores más populares y exitosos del cine norteamericano, Ron Howard, nos devuelve al legendario pasado de la Fórmula 1. Antes de que los triunfos de Fernando Alonso desatasen un desagradable "forofismo" en España, los aficionados de toda la vida a la velocidad ya disfrutaban de las hazañas legendarias de campeones como Emerson Fitipaldi, Mario Andretti o los dos colosos que protagonizan Rush: el británico James Hunt y el austriaco Niki Lauda.

La pugna entre los dos últimos por el campeonato del mundo de 1976 es el eje alrededor del que gira Rush, una muestra del mejor cine comercial yanqui, que se apoya en un ritmo endiablado, un guion perfectamente medido (obra de Peter Morgan, quien también escribió The Queen, El último rey de Escocia o The Damned United, entre otras) y una impecable tarea de ambientación de época.

Súmese a ello un andamiaje de efectos especiales que hace posible casi cualquier cosa, y dos actores, Chris Hemsworth (entonado, pero con menos aspecto de "vividor" que el verdadero Hunt) y Daniel Brühl (como siempre, cumpliendo bien con el papel de un frío y cerebral Lauda), y tenemos una película que proporciona dos horas de puro entretenimiento, sin altibajos.

Hemsworth y Brühl, Hunt y Lauda.
Ron Howard, estrella desde los cuatro añitos, actor adolescente de gran éxito, y director con una larga carrera solo un escalón más abajo que Steven Spielberg, si hablamos de éxito comercial, hace en Rush un interesante retrato de dos personajes muy diferentes, arrastrados irremisiblemente por la misma obsesión, pero con formas muy diferentes de afrontarla.

El autodestructivo y volcánico Hunt (mucho más en la vida real que en el film, donde, por ejemplo, su devastador alcoholismo solo se insinúa) tiene necesariamente que chocar con el pragmático y calculador Lauda, siempre concentrado en mejorar su coche y minimizar los riesgos. Los diálogos entre ambos van puntuando el film y evolucionan desde las puyas y los insultos al verdadero respeto de dos viejos enemigos que saben que no son lo mismo sin el otro. También es un buen ejemplo de diferencias de carácter el discurrir de los respectivos matrimonios de ambos en el film.

Ron Howard nos transporta a todos, profanos y aficionados (que seguramente encontrarán algún fallo o bufarán ante alguna de las licencias dramáticas que se toma Morgan, que las hay), a un universo de motores estruendosos (casi tanto como la enésima banda sonora retumbante de Hans Zimmer), un espectáculo casi primitivo en comparación con los despliegues de tecnología actuales. Un show atronador rodeado, como ahora, de glamour, dinero… y riesgo.

En resumen: dos horas vibrantes, un disfrutón en pantalla grande.

Los verdaderos Lauda y Hunt.