El director Rodrigo García (Nueve Vidas, Madres e Hijas…) vuelve a sumergirse y sumergirnos en el universo femenino, su tema preferido, pero esta vez en un drama de época de aire clásico, en el cual lo sorprendente es su personaje protagonista, que da nombre al film: el perfecto ayuda de cámara en un pequeño hotel irlandés, que en realidad es... una mujer disfrazada de hombre, interpretada por una Glenn Close, como casi siempre, sobresaliente.
Escritoras que han adoptado seudónimos de hombre; mujeres que ocultaban su sexo y se convertían en marineros o piratas; incluso Shakespeare hace que Rosalind, la protagonista de As You Like It se vista de hombre para ocultar su identidad… a lo largo de la historia ha habido numerosos casos reales y ficticios de mujeres que vestían y actuaban como hombres para alcanzar logros y puestos que en su época les estaban vedados por el simple hecho de ser mujeres.
Basada en el relato de George Moore, Albert Nobbs es una nueva muestra del talento de su director, que se mueve con tanta soltura en el drama de época (con una cuidada presentación de personajes y exposición de roles sociales de las distintas clases) como en sus habituales historias corales de protagonismo colectivo. Pese a que el guión peca de algunos tópicos (en particular, relacionados con los personajes del calderero Joe y la doncella Helen), y tiene un final un pelín almibarado, y quizá es demasiado esquemático en algunos aspectos, el film se ve con agrado, gracias al trabajo de todo su reparto.
En el elenco sobresale, naturalmente, Glenn Close (co-guionista y co-productora, además), y en el que también participan Mia Wasikowska (en vez de Amanda Seyfried, prevista en un principio; salimos perdiendo, sin duda), Aaron Johnson (en vez de Orlando Bloom, previsto en un principio; salimos ganando, sin duda), Brendan Gleeson, Brenda Fricker y Janet McTeer.
Una película de lo más recomendable.
"You're going to need a bigger boat."
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jueves, 22 de diciembre de 2011
jueves, 5 de agosto de 2010
Películas recién vistas: MADRES E HIJAS

Tras debutar como guionista/director con Things you can tell just by looking at her (Cosas que dirías con sólo mirarla) y confirmar su capacidad para el drama centrado en personajes femeninos con Nueve Vidas, Rodrigo García lleva varios años desarrollando una carrera estable como director de series de TV de éxito (en su currículum figuras capítulos de A dos metros bajo tierra, The Sopranos, Carnivale o Big Love, entre otras) y regresa ahora con un nuevo drama que lleva todas sus señas de identidad, Madres e Hijas. A saber:
-una historia intimista, centrada una vez más en los personajes femeninos. Karen (Annette Benning) es una mujer madura que convive con su madre enferma, y que arrastra la carga del arrepentimiento por haber dado en adopción a su hija, a la que dio a luz con solamente catorce años. Huraña y solitaria, Karen se encuentra de repente con la amabilidad de un compañero de trabajo, Paco (Jimmy Smits), que se empeña en saltar el muro que Karen ha construido a su alrededor. Por su parte, Elizabeth (Naomi Watts) es una mujer independiente, triunfadora, pero a la vez fría y solitaria (estupenda la escena de la entrevista inicial de trabajo, cuando en unas pocas frases escuetas resume su vida), a quien le resulta imposible empatizar con la gente a su alrededor y que sin embargo utiliza un atractivo físico para vivir aventuras fugaces... sólo para desaparecer, cuando cambia el viento, e irse a otra ciudad... Pero Elizabeth siempre termina por volver a Los Ángeles, donde siente, intuye, sabe que vive su madre, la mujer que la dio en adopción al nacer.
-una realización excelente, sensible y original, con numerosos momentos visuales logradísimos, como la secuencia que abre el film.
-un reparto de campanillas: Annette Bennig (excelente, aunque a ratos un poco sobreactuada) y Naomi Watts (guapísima y excelente, sin más; qué le voy a hacer, soy fan) encabezan el cartel, con intervenciones de un largo elenco de actores y actrices sobradamente conocidos: Jimmy Smits, David Morse, Samuel L. Jackson, Elpidia Carrillo y la maravillosamente maravillosa Amy Brenneman (ambas repiten de nuevo con García tras Cosas... y Nueve Vidas), Cherry Jones, Elisabeth Peña (¡Olvida el Álamo!) y un largo etcétera de caras conocidas repartidas por el film...
Es este un film algo más solemne y con más pretensiones que sus anteriores películas. Cosas... y Nueve Vidas eran ejercicios excelentes de creación de personajes femeninos a contracorriente, encantadores, vivos, imperfectos: el episodio protagonizado por Rhonda, encarnada por Amy Brenneman, en Nueve Vidas vale por toda una película, al igual que el capitulo de Cosas... protagonizado por Glenn Close. Esta vez, García renuncia a la división en episodios de su historia y se centra en solamente dos personajes, madre e hija, separadas y unidas a un tiempo. Una idea interesante la de que ambas son "defectuosas" porque les falta una parte de sí mismas. Más interesante aún resulta esa tesis que la película defiende y García pone en boca de dos personajes muy diferentes: lo que importa, en términos de familia, no es la sangre, es el tiempo que se pasa con alguien. Una tesis que el final del film (bien resuelto pese a algún que otro excesillo dramático en el hospital) recoge a la perfección.
Dentro de un guión estupendo con momentos realmente logrados, hay que alabar que García no caiga en la tentación del final feliz baboso (pese a que en algunos momentos el film corre peligro de escorar hacia el mundo del almíbar, pero sin llegar a hacerlo), y son destacables unos cuantos momentos más que logrados, como la escena de Karen y Paco en el coche de éste, cuando ella le pregunta "¿Pero de dónde has salido tú?"; el arrebato de Elizabeth en la clínica, o su mirada a su alrededor en la fiesta de la familia de su jefe. Sólo se puede achacar al film algunos momentos superfluos (la charla de Elizabeth con su vecina adolescente ciega, algo redundante) o personajes como los vecinos de Elisabeth o el antiguo amor de Karen, que o bien deberían desarrollarse algo más, o simplemente desaparecer de la trama para aligerar un pelín el metraje de 125 minutos del film.
En resumidas cuentas: merece la pena.
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