Y a las pruebas me remito. Véase cómo en los años 80, en esa época en la que
Marvel reverdecía unos cuantos laureles de la mano de unos cuantos jóvenes destinados a (y preparados para) convertirse en grandes autores, algunas otras series, como ya decíamos
aquí, mantenían un espíritu chalado y divertido a rabiar que a día de hoy resulta de lo más gratificante repasar.
Esta escena delirante es solamente una de las innumerables perlas humorísticas (algunas de ellas, todo hay que decirlo, involuntarias) que se pueden encontrar en cada libro de la edición que Panini está llevando a cabo de los episodios de los 80 de
The Avengers. En este caso, de la mano de
Jim Shooter y
Bob Hall, el grupo se enfrentaba a una antigua integrante,
Dragón Lunar,
una telépata con bastantes delirios de grandeza que siempre ha sido un
personaje cambiante, con un pie en el bando de los buenos y otro en el
de los malos, y siempre llamativa por su cráneo rapado y su atuendo. En
este caso, usaba a un hipnotizado Thor como apoyo a sus planes
megalómanos... Y para algo más, como puede verse.
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| Eran aquellos tiempos en los que Thor no podía separarse demasiado de Mjolnir... |
Una curiosa escena que, si cambiamos el sexo de los protagonistas, realmente se vuelve muy turbia... ¿Habría pasado el filtro del Comics Code si fuese, por ejemplo, el
Dr. Extraño (ya que hablamos de hechiceros) quien "embrujase" a, pongamos por caso, la
Avispa? No digamos si la cosa sucediera entre personajes del mismo sexo, como vemos estos días con el
revuelo (tampoco es para tanto, la verdad) que está levantando la boda gay de dos personajes en Marvel (y los rumores de que DC va a hacer que uno de sus personajes "salga del armario", o la bronca provocada por las
declaraciones de Grant Morrison sobre el intrínseco carácter gay de Batman).
Además, de propina Shooter y Hall, como ya comentaba vuestro amistoso vecino asgardiano en THOR SIN FRONTERAS (autobombo, sí), no se cortaban un pelo al incluir una cita explícita a
Superman en la escena post-encamamiento de ambos personajes, con el célebre truco del carbón que se convierte en diamante. Y todo ello, en sólo dos páginas. Toma ya.