"You're going to need a bigger boat."

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sábado, 7 de julio de 2012

RODEADO DE SERIES presenta… STATE OF PLAY

Cuando su asistente fallece en lo que parece un suicidio, la vida del parlamentario Stephen Collins (David Morrissey, pronto será El Gobernador en The Walking Dead) se convierte en una pesadilla. Su amigo y antiguo director de campaña, Cal (John Simm), ahora periodista de investigación del diario que dirige Cameron Foster (Bill Nighy, siempre bienvenido), se encargará de investigar el suceso, en una intriga que poco a poco se irá enredando…

Una vez más, la BBC proporciona una serie que cumple con las expectativas de un entretenimiento inteligente y de calidad. State of Play (expresión traducible como "la situación") es una serie de 2003 que narra en seis densos y bien medidos episodios una historia en clave de thriller que trata temas como la relación entre el poder político y el económico, los entresijos del trabajo periodístico en tiempos de crisis y recortes (lo cual es de rabiosa actualidad), y los límites de la amistad.

Con la presencia de muchas caras conocidas en papeles de mayor o menor importancia (Sean Gilder, Kelly McDonald, James McAvoy, Polly Walker, Geraldine James…), State of Play no defrauda. Casi seis horas de buen entretenimiento televisivo, bien rodado, bien interpretado. En 2009, se rodó una nueva versión, esta vez como largometraje, dirigido por Kevin MacDonald, titulada en España La sombra del poder, con Russell Crowe, Robin Wright, Rachel McAdams, Ben Affleck y Helen Mirren en los papeles principales. No creo que sea tan buena...

Muy recomendable.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Películas recién vistas: LA CONSPIRACIÓN

Hace falta algo más que una bonita fotografía, una lograda ambientación histórica y una opinión bienintencionada y honesta (con la cual estoy de acuerdo) para hacer una gran película. Y por desgracia, esta nueva cinta de Robert Redford recuerda mucho más a la plomiza Leones por Corderos que a la excelente Quiz Show.

El proceso al que se ve sometida Mary Surratt (Robin Wright, como siempre estupenda) como cómplice del asesinato de Abraham Lincoln tiene todos los elementos para dar como resultado una buena película comercial, de esas que tan bien sabe urdir el cine norteamericano. Pero por desgracia, no le adornan las virtudes que hacían grande, por ejemplo, la Legítima Defensa de Francis Ford Coppola, por comparar con otro film de "individuo íntegro contra poder absoluto", sea público o privado.

El personaje de James McAvoy (soso, como siempre) evoluciona de manera harto facilona y previsible (sólo faltaría un romance con la hija de Mary Surratt para acabar de estropear el asunto, error que por suerte el film no comete). Los personajes de politicastros encarnados por los estupendos Kevin Kline y Tom Wilkinson, que podrían haber dado mucho más juego, se diluyen, al igual que el del implacable fiscal al que da vida Danny Huston. La buscada trascendencia de todo el asunto naufraga un tanto en un film demasiado redundante, a falta de un guión con verdadero brío que saque más partido a las amplias posibilidades de la historia. Sin llegar a ser una película aburrida, La Conspiración tampoco acaba de enganchar.

Una pena que un director sobradamente dotado como Redford no adorne mejor su habitual discurso de rojeras (o lo que en EE.UU. se entiende por tal, claro), con el cual no puedo estar más de acuerdo, pero que necesita un vehículo mejor llevado, más sutil, para ser más efectivo y no quedarse en un simple panfleto. Y llama la atención el buscado y evidente paralelismo con la situación habitual de su país en los momentos posteriores al 11-S, con lo cual quizá el film llega con un poco de retraso…

En suma: una pena.

domingo, 5 de junio de 2011

Películas recién vistas: X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN

Cuando Disney compró Marvel recientemente, todos los estudios poseedores de derechos cinematográficos de personajes de la casa se pusieron manos a la obra, dado que, de no producir nuevas entregas de sus respectivas "franquicias", los derechos volverían a ser propiedad de Disney. Por ello, el año que viene veremos un reinicio de la saga cinematográfica de Spiderman (y tambén, me temo, de Ghost Rider), y ahora nos encontramos ante una operación similar con los X-Men. Esta primera entrega, bien realizada por Matthew Vaughn (es una pena que el guión de Kick-Ass no fuera un poco mejor) en la cual está presente como productor y co-autor del argumento Bryan Singer (director de las dos primeras entregas de la trilogía, recordemos), cuenta el origen del enfrentamiento entre Xavier y Magneto, con bastante garra aunque con escasas sorpresas.

En los años 60, Erik Lensherr (Michael Fassbender, reconcentrado, atormentado, inspirado) persigue a los asesinos nazis de sus padres por todo el mundo… para terminar enfrentándose a Sebastian Shaw (Kevin Bacon, muy adecuado, disfrutando su papel de villano), que dirige el Hellfire Club ayudado por otros mutantes como él, como Emma Frost (January Jones, tan guapa que da hasta miedo). Al mismo tiempo, en los EE.UU., la agente de la CIA Moira McTaggart (Rose Byrne, todo estilo) contacta con el experto en genética Charles Xavier (James McAvoy, un poco soso), para que le ayude a investigar sus sorprendentes descubrimientos sobre el Hellfire Club. Con Xavier está su socia, la joven Raven (Jennifer Lawrence, guapísima y magnética), mutante como el mismo Xavier.

X-Men: Primera Generación es un reinicio que encaja perfectamente con los anteriores filmes (incluso repite una de sus escenas clave, en el arranque del film), quitando algún cabo suelto acá y allá que probablemente será abordado en sucesivas entregas. El guión mantiene el interés, y pese a repetir varias veces algunas informaciones para que nadie se pierda (tampoco es que sea tan complicado lo que sucede para tener que repetirlo tanto, pero ese es un terrible vicio del cine comercial yanqui de nuestros días), la película es entretenida. Adolece, eso sí, de algunos altibajos en las escenas de acción, como ya le sucedía a sus predecesoras.


Un reparto de actores jóvenes pero con sobrada experiencia llena bien sus respectivos papeles. Destaca el personaje de Mística, que complementa con su evolución la dicotomía Xavier-Magneto, que ven dos soluciones muy distintas para el mismo problema. El aspecto del film, ambientado en un momento histórico muy determinado (la crisis de los misiles de Cuba, durante la presidencia de J.F. Kennedy), le da un aliciente especial. Militares soviéticos desfilando por la Plaza Roja; máquinas que parecen cacharros, más que máquinas… Añades a la mezcla un vestuario que les sienta de cine a actores y actrices; un montaje muy adecuado, con escenas estupendamente resueltas (como la del reclutamiento de los aprendices de Xavier, con la sorprendente aparición de… huy, casi se me escapa), y sale un film de lo más apañado.

Un grupo de nuevos personajes, extraidos de diferentes etapas de la ya casi inabarcable historia de los cómics mutantes, que se unen a los ya conocidos: por ejemplo, la Ángel "a la Morrison" encarnada por Zoë Kravitz, la guapísima y diminuta hija de Lenny Kravitz y Lisa Bonet. Las presencias de secundarios de toda la vida como Oliver Platt, James Remar, Rade Serbedzija, Matt Craven, Don Creech, Ray Wise (¡el padre de Laura Palmer!), Olek Krupa o el mismísimo Michael Ironside alegran la función, como suelen decir los críticos de cine. Son caras que te sonarán, si sus nombres no te dicen nada.

En resumidas cuentas, un film que, sin aportar demasiadas sorpresas, es lo suficientemente divertido y entretenido para darle una oportunidad. Se pasa un buen rato. Y la verdad es que, al final, deja con ganas de más...