"You're going to need a bigger boat."
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domingo, 18 de agosto de 2013
Películas recién vistas: ELYSIUM
Una de las propuestas más interesantes del verano era la nueva película de Neil Blomkamp (District 9), un film de ciencia ficción que nace de una idea de lo más atractiva: un futuro más que posible en el que una minoría de ricachones vive en una gigantesca estación espacial, Elysium ('Heaven' habría tenido connotaciones más polémicas, y por ello más interesantes, al añadir la religión al elitismo...), mientras la gran mayoría de la población mundial sobrevive como puede en un planeta convertido en un estercolero contaminado y ruinoso (por los mismos que ahora lo observan desde su órbita, claro). Entre los zarrapastrosos desposeídos, está Max (Matt Damon), cuyo sueño es ir a Elysium… para quedarse.
Pese a que la primera mitad del film funciona muy bien en todos los sentidos; aporta ideas interesantes con un ritmo muy bien medido, insinuando una disertación sobre la lucha de clases bastante atinada. Pero Elysium pierde gas a partir de la mitad de su metraje, y desperdicia lo ganado al olvidarse de la más que interesante carga política que puede tener su ambiente, y no digamos el personaje de la ministra Delacourt (Jodie Foster), para convertirse en un pim-pam-pum de explosiones, disparos, confusión visual, peleas y lo que es peor, simplezas.
Tampoco se le saca demasiado partido al matón chalado que encarna Sharlto Copley, que resulta anodino y a ratos más que cargante, y el personaje de la novia de toda la vida de Max, Frey (Alice Braga) está metido literalmente con calzador a lo largo de la trama, en la cual ocupa un tiempo que demanda la fascinante estación espacial Elysium, un lugar que apenas entrevemos a ratos, en un film que disfruta de un excelente diseño de producción y de unas atinadas interpretaciones de Damon y Foster (cosa que no es ninguna sorpresa).
En resumen: podría ser mucho, mucho mejor.
lunes, 17 de junio de 2013
Películas recién vistas: BEHIND THE CANDELABRA
La nueva película de Steven Soderbergh, ese director que siempre anuncia su retirada cuando presenta una nueva película, es un curioso film sobre la bizarra figura de Liberace, un excéntrico pianista que triunfó en los EE.UU. a partir de los años 40 con un tipo de show que hace que Paquito Clavel parezca un cantante parroquial, que veamos a Luis Cobos un escrupuloso conservador de los clásicos, que Frank N. Furter nos parezca un científico loco al uso, y Tino Casal un artista pop moderado.
Busca fotos si crees que exagero. Cualquiera que haya leído Oración por Owen de John Irving recordará la devoción psicópata que el diminuto Owen Meany sentía por el músico. Pero afrontémoslo, el tipo fue un ídolo, y una vez más el cine americano (bueno, en este caso, HBO, dado que muchas productoras rechazaron el proyecto) saca a pasear a uno de esos artistas extravagantes que dejaban boquiabiertos a los americanos de a pie.
Behind the Candelabra nos lleva a finales de los setenta, cuando Liberace actúa en Las Vegas como tantas otras viejas glorias (pese a estar totalmente forrado, Lee está ya en su etapa de decadencia) y se rodea de jovencitos pese a que su agente de prensa difunde sin cesar rumores de romances con estrellas femeninas. Una noche, Lee (interpretado por un Michael Douglas inspirado, con el punto justo de histrionismo) se prenda del joven Scott Thorson (un estupendo Matt Damon, lejos de su registro de héroe de mandíbula cuadrada). La película cuenta el discurrir de la relación entre ambos.
Pese al estupendo trabajo de la pareja protagonista, ayudados ambos por una excelente caracterización, el guion de Richard LaGravenese acumula bastantes tópicos, y algunos personajes (por ejemplo, el de Scott Bakula) entran y salen de la trama sin ton ni son. Por contra, muchos otros momentos no tienen precio: los abracadabrantes shows de Liberace, una reinona con todas las consecuencias; las broncas y los celos de Scott cuando Lee posa los ojos en otro jovencito, o el impagable cirujano plástico al que da vida Rob Lowe.
En resumen: le falta algo más de garra, pero se deja ver.
jueves, 6 de octubre de 2011
RODEADO DE CELULOIDE presenta… IDENTITY, SUPREMACY AND ULTIMÁTUM: LA TRILOGíA DE BOURNE
He aquí algunas breves reflexiones sobre las tres películas que componen la saga del bueno de Jason Bourne, disponibles en un cómodo pack a precio estupendo en tu tienda habitual.
Sus directores y guionistas esquivan bien la tentación de caer en las típicas tonterías de película de acción americana de hoy, y optan por un ritmo vibrante y un tono tenso y realista, sumergiendo al espectador en una intriga en la cual el misterio de la verdadera identidad del amnésico Bourne da lugar a numerosas persecuciones, peleas, tiroteos y demás descacharre de todo tipo, todo ello excelentemente rodado por Doug Lyman (la primera entrega) y Paul Greengrass (la segunda y la tercera).
Como buenos filmes comerciales, "los tres Bournes" reúnen un amplio reparto de actores y actrices secundarios bien conocidos y competentes: Brian Cox, David Strathairn (soy fan), Julia Styles, Joan Allen, Adewale Akinnuoye-Agbaje (sabes quién es, lo que pasa es que no te suena su nombre), Scott Glenn, Franka Potente, Chris Cooper, Karl Urban, Clive Owen, Daniel Brühl, Albert Finney… además, naturalmente, del absoluto protagonista, Bourne en persona: Matt Damon, perfecta elección para un papel de héroe a contracorriente.
El bueno de Bourne viaja más que el baúl de doña Concha Piquer, como se decía antes: Nueva York, París, Londres, Berlín, Goa, Madrid (divertidísima la escena de Bourne llamando a la policía), Tánger, Moscú… y eso contribuye al aire molón de las tres películas. Edificios, monumentos, coches… un saludable aroma a buen thriller europeo impregna la producción, pese a estar presente, entre otras, la compañía de Kathleen Kennedy y Frank Marshall, conocidos socios de Steven Spielberg. Ese ambiente de thriller a la europea le sienta de cine a la trilogía, inspirada al parecer bastante libremente en las novelas homónimas de Robert Ludlum.
Los filmes ilustran a la perfección hasta dónde pueden llegar hoy en día los gobiernos y los servicios secretos gracias a inventos como la moderna tecnología digital, la red Echelon y las miles y miles de cámaras de seguridad que adornan cualquier ciudad hoy en día. Tendrá sus detalles "peliculeros", naturalmente (y no digamos si hablamos de lo resistente que puede llegar a ser la suspensión de un Mini, por ejemplo...), pero le saca muy buen partido al asunto tecnológico, y los tres films mantienen un ritmo trepidante, con escenas de acción estupendamente resueltas.
Si quizás, después de tanto salto, pelea, carrera, tiroteo, intriga, tensión y destrozo, el descubrimiento final de la identidad de Bourne antes de ser Bourne es algo decepcionante (y a día de hoy, tampoco es excesivamente original el argumento de "creamos al asesino perfecto y luego resulta que nos sale rana"), cierto es que el viaje de casi seis horas hasta ello resulta trepidante y entretenido a más no poder. Y de eso se trataba, ¿no?
Y cerramos, como las tres películas, con EXTREME WAYS, de Moby.
Sus directores y guionistas esquivan bien la tentación de caer en las típicas tonterías de película de acción americana de hoy, y optan por un ritmo vibrante y un tono tenso y realista, sumergiendo al espectador en una intriga en la cual el misterio de la verdadera identidad del amnésico Bourne da lugar a numerosas persecuciones, peleas, tiroteos y demás descacharre de todo tipo, todo ello excelentemente rodado por Doug Lyman (la primera entrega) y Paul Greengrass (la segunda y la tercera).
Como buenos filmes comerciales, "los tres Bournes" reúnen un amplio reparto de actores y actrices secundarios bien conocidos y competentes: Brian Cox, David Strathairn (soy fan), Julia Styles, Joan Allen, Adewale Akinnuoye-Agbaje (sabes quién es, lo que pasa es que no te suena su nombre), Scott Glenn, Franka Potente, Chris Cooper, Karl Urban, Clive Owen, Daniel Brühl, Albert Finney… además, naturalmente, del absoluto protagonista, Bourne en persona: Matt Damon, perfecta elección para un papel de héroe a contracorriente.
El bueno de Bourne viaja más que el baúl de doña Concha Piquer, como se decía antes: Nueva York, París, Londres, Berlín, Goa, Madrid (divertidísima la escena de Bourne llamando a la policía), Tánger, Moscú… y eso contribuye al aire molón de las tres películas. Edificios, monumentos, coches… un saludable aroma a buen thriller europeo impregna la producción, pese a estar presente, entre otras, la compañía de Kathleen Kennedy y Frank Marshall, conocidos socios de Steven Spielberg. Ese ambiente de thriller a la europea le sienta de cine a la trilogía, inspirada al parecer bastante libremente en las novelas homónimas de Robert Ludlum.
Los filmes ilustran a la perfección hasta dónde pueden llegar hoy en día los gobiernos y los servicios secretos gracias a inventos como la moderna tecnología digital, la red Echelon y las miles y miles de cámaras de seguridad que adornan cualquier ciudad hoy en día. Tendrá sus detalles "peliculeros", naturalmente (y no digamos si hablamos de lo resistente que puede llegar a ser la suspensión de un Mini, por ejemplo...), pero le saca muy buen partido al asunto tecnológico, y los tres films mantienen un ritmo trepidante, con escenas de acción estupendamente resueltas.
Si quizás, después de tanto salto, pelea, carrera, tiroteo, intriga, tensión y destrozo, el descubrimiento final de la identidad de Bourne antes de ser Bourne es algo decepcionante (y a día de hoy, tampoco es excesivamente original el argumento de "creamos al asesino perfecto y luego resulta que nos sale rana"), cierto es que el viaje de casi seis horas hasta ello resulta trepidante y entretenido a más no poder. Y de eso se trataba, ¿no?
Y cerramos, como las tres películas, con EXTREME WAYS, de Moby.
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jueves, 15 de septiembre de 2011
@rdp: Unas cuantas películas vistas, en breve
DESTINO OCULTO (THE ADJUSTMENT BUREAU). Entretenida sin más, aunque probablemente todo lo bueno proviene de su origen, una vez más un relato de Philip K. Dick. Como Matrix, como Origen, enseña sus cartas a media película, y a partir de ahí es más el ruido que las nueces. Pregunta: ¿Por qué Matt Damon siempre corre tanto en sus películas?
EL PERFECTO ANFITRIÓN: Una película interesante, a la que sin embargo le falta mucho trabajo de guión para rematar su sorprendente punto de partida. David Hyde Pierce, histriónico como siempre, borda su papel de anfitrión con sorpresa.
CÓDIGO FUENTE: Pese a la presencia de Duncan Jones en la dirección y de Jake Gyllenhaal en el papel protagonista, esta propuesta de ciencia-ficción no llega a entusiasmar, ni a interesar tanto como la original opera prima de Jones, la curiosa Moon.
STAKE LAND: Un film sobre vampiros que al menos intenta ser algo original, aunque su ambiente está sacado directamente de La Carretera o de The Walking Dead. Entretenida, pero bastante previsible en su parte final.
LA SEMILLA DEL DIABLO: Sí, la de Polanski. Muy, muy fiel a la excelente novela de Ira Levin; muy inteligentemente rodada, resulta inquietante precisamente por su frialdad y su escaso recurso a la truculencia (incluso en su parte final renuncia a mostrarnos en toda su "gloria" al bebé de Rosemary, cosa que el libro sí hace). Mia Farrow, estupenda.
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