Nota: reseña completamente spoiler-free.
Christopher Nolan cierra su versión de
Batman con una tercera película que continúa directamente los hechos acaecidos en
El Caballero Oscuro. Mezclando (esta vez, sin tanto acierto como en
Batman Begins) numerosos elementos procedentes de distintas aventuras del personaje (desde
El regreso del Caballero Oscuro a
Tierra de Nadie, pasando por
Knightfall y algunas otras), Nolan enfrenta esta vez a Batman con uno de sus peores enemigos en los cómics:
Bane (interpretado por
Tom Hardy), un rival a su altura en físico e intelecto, preparado para desatar el caos en una Gotham City que aún se está recuperando de la muerte de
Harvey Dent.
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| "Soy el apocalipsis de Gotham" |
El problema principal de esta tercera entrega es que muere de gigantismo, mucho más que
su predecesora, a la cual se parece bastante (mucho). En términos de guión (firmado de nuevo al alimón los hermanos Nolan), se repiten los errores de la segunda entrega, y se mezclan con los ya cometidos en
Origen. Así, tenemos un héroe que se divide en hasta ¡cuatro! personajes diferentes: Batman/Wayne (
Christian Bale), Catwoman
(Anne Hathaway), el comisario Gordon (
Gary Oldman) y el agente Blake (
Joseph Gordon-Levitt), todos ellos quitándose fuerza unos a otros.
Todos ellos se ven enfrentados a un villano mucho, mucho menos conseguido que el tétrico
Joker que componía
Heath Ledger de la segunda entrega (y que, si me apuran, también sale perdiendo en comparación con el desaprovechado
Dos Caras interpretado por
Aaron Eckhart). Si por un lado Bane no tiene el hándicap de compartir protagonismo con ninguna otra fuerza maléfica, por otra parte se echa de menos más explicación y algo más de carisma (la incómoda máscara no ayuda en absoluto a Hardy). Para entendernos: si en
El Caballero Oscuro la magnética presencia del Joker se "come" la película y disimula muchos de sus errores, aquí no sucede lo mismo con Bane, lamentablemente.
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| "Se acerca tormenta, señor Wayne..." |
Tantos personajes, tantas subtramas… es increíble decirlo, pero en un film que supera los 150 minutos falta tiempo para que todas las puertas que Nolan abre se cierren debidamente. Así,
La leyenda renace, sin ser aburrida, da bandazos: sus escenas de acción son arrítmicas, se interrumpen entre sí, los personajes son presentados y desarrollados de manera apresurada porque, literalmente, no hay tiempo para todos. Es una pena que Nolan renuncie a centrarse en explorar las posibilidades de la relación entre Wayne/Batman y Selina/Catwoman, o un posible triángulo con la imponente Miranda Tate (
Marion Cotillard), o a explicar algo mejor al personaje de Bane. Sobra ruido, falta emoción. Y se echa en falta, además, una pieza a la altura de las persecuciones urbanas de las películas precedentes. El "Bat-avión urbano" mola... pero no tanto como el coche o la moto.
Y desde luego, tienen mucha más fuerza el intercambio de miradas entre Christian Bale y un siempre inmenso
Michael Caine, o la divertida composición de Anne Hathaway como Catwoman, que todos los fogonazos, los descacharramientos y los destrozos al ritmo retumbante de la repetitiva banda sonora de
Hans Zimmer. Vale más una simple lagrimita que todas la soflamas revolucionarias que maneja un Bane al que se le podría sacar mucho más jugo.
Dejando aparte las evidentes lecturas que pueden tener escenas como la irrupción de Bane en la sede de la Bolsa de Gotham, o sus diatribas pseudoanarquistas (de parvulario), si algunos momentos de guión funcionan (la aparición de los murciélagos, la sorpresilla final que depara uno de los personajes protagonistas), otros son previsibles (hasta cierto punto, el desenlace se ve venir), o bordean lo simplón y lo sonrojante (la escena de Blake en el puente, la batalla campal entre policías y secuaces de Bane...). La película se revela mucho más deslavazada y errática que
El Caballero Oscuro, que pese a sus arritmias, mantenía bastante mejor el rumbo y mostraba menos momentos involuntariamente risibles...
En resumen: mucho ruido (mucho) y pocas nueces (muy pocas).