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domingo, 21 de agosto de 2016

El montón de tebeos presenta... LOS 4 FANTÁSTICOS


La lectura del libro de entrevistas de Tom DeFalco Comics Creators on Fantastic Four, que recoge entrevistas con una buena cantidad de guionistas y dibujantes que han participado en la serie, es un repaso a los momentos más gloriosos (y también los menos) de la colección, desde 1961 hasta 2005. Una de las ideas más evidentes que se desprenden de las palabras de los entrevistados es que Los 4 Fantásticos son Marvel. Bueno, podemos decir que “fueron” Marvel, porque ya no están ahí, al menos, no con una cabecera propia. Sabemos que tarde o temprano los desempolvarán, y la familia Richards volverá a intentar recuperar los esplendores perdidos. Pero, por ahora… ya no están. 



En 1961, el número 1 de Fantastic Four lo cambió todo. De los locos tebeos de monstruos y científicos chalados (una gran influencia en los primeros tiempos de la serie, que luego derivaría hacia la ciencia ficción), Stan Lee y Jack Kirby pasaron a los superhéroes, renovando el género para siempre. Después vinieron todos los demás personajes bandera de Marvel, pero Reed, Sue, Ben y Johnny fueron los primeros. A mediados de los sesenta, alcanzaban ambos autores un cénit de excelencia difícil de igualar. La serie era literalmente el lugar donde nacía la coherencia y la continuidad del universo Marvel, mes a mes. Los Inhumanos, Pantera Negra, Galactus y Estela Plateada, los Kree, la Zona Negativa… y tantos y tantos personajes e ideas.


Cuando la segunda generación de autores Marvel sustituyeron a Stan y Jack (los Thomas, Conway, Wein, Buckler…), la serie comenzó a reflejar nuevas ideas y maneras de pensar, como prácticamente todas las cabeceras punteras de Marvel. Tensiones matrimoniales entre Reed y Sue (tan bien reflejadas en la estupenda película La tormenta de hielo, de Ang Lee); la mayor presencia de personajes femeninos (Thundra, Medusa, Crystal…) y la irrupción de las minorías étnicas (personificadas en el siempre bienvenido Luke Cage)… Las tintas de Joe Sinnott, presente en practicamente todas las etapas de las primeras tres décadas de la serie, mantenían el aspecto clásico de toda la vida sobre los lápices de John Romita, John Buscema o Rich Buckler. 


Tras una cierta decadencia y falta de ideas, llegaba la segunda gran edad dorada de Marvel: la primera mitad de los ochenta. Y ahí, uno de los jóvenes más osados, hambrientos y descarados de la nueva generación de autores, John Byrne, daba nuevo lustre a los viejos personajes a la manera más clásica. Los años de Byrne como autor completo de la serie marcaron un nuevo pico de calidad difícil de igualar, para muchos a la altura de los inmortales cien primeros capítulos de Lee y Kirby.

Después, la serie reflejaba la pérdida de impulso de Marvel en la segunda mitad de los ochenta y toda la década posterior: Steve Englehart hilaba una etapa llena de sorpresas, algunas realmente extravagantes, que nunca fue del gusto de los aficionados y que sufrió contínuas injerencias. Recogían el testigo un Walt Simonson entonado, pero que tampoco llegaba a la majestuosa calidad mostrada en sus años con Thor, y después Tom DeFalco y Paul Ryan eran los encargados de continuar la serie, en unos años de historias entretenidísimas, aunque también bastante locas (pero que eran de lo poco salvable del terrible páramo de tebeos penosos de la Marvel de aquellos años). 


Tras el exabrupto que supuso la ocurrencia de poner a la “pandilla Image” al mando del universo Marvel por un año (en el caso de los 4F, Jim Lee fue el encargado, casi fue el menor de los desaguisados perpetrados en ese fatídico año), Heroes Return devolvía a los héroes a su aire más clásico. Chris Claremont y Salvador Larroca mantenían el tipo mucho mejor que Carlos Pacheco en su irregular etapa posterior, plagada de problemas editoriales, y que podría haber sido mucho más importante de lo que fue. 

 

Mark Waid y Mike Wieringo han sido los únicos autores en darle verdadero lustre al cuarteto en el siglo XXI, tanto en la excelentes historias como en los espléndidos dibujos del lamentablemente desaparecido artista. Los chispazos de calidad de los años de la gran renovación de Marvel (los primeros Ultimate FF, el 4,3,2,1 de Grant Morrison…) fueron solo eso, instantes. Solo Waid y Wieringo hicieron brillar a los 4 Fantásticos de nuevo.


Y llegó Civil War, y desde entonces el cuarteto no se vio acompañado por la suerte. Primero, las breves etapas de J. M. Straczynski primero, y la pareja de Mark Millar y Bryan Hitch después, no conseguían grandes resultados. Llegaba después Jonathan Hickman con sus intrincados laberintos cósmicos (en una historia-río que luego siguió desarrollando hasta la extenuación en Los Vengadores y que desembocó en la anodina Secret Wars II), y despúes un desmotivado Matt Fraction. Ninguno de ellos conseguía hacerse con los personajes, y la serie fue languideciendo hasta ser cancelada. 



¿Volverán Reed, Sue, Ben y Johnny a formar el equipo más clásico de aventureros de Marvel? Esperemos que sí. ¿Volverán a ser el tebeo Marvel “que había que leer”, como lo fueron en tantas etapas? Es difícil saberlo. Quizá. Pero hará falta alguien con el impulso, las ganas, la imaginación y el empuje de los grandes para conseguirlo.

jueves, 5 de mayo de 2016

El montón de tebeos presenta… EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO


Pues sí, lo he releído por vez enésima, y me sigue dejando alucinado cómo conserva intacta su potencia narrativa, treinta años después. Y cómo se queda grabado en tu memoria lo que realmente te impresiona, la primera vez que lo lees...

Sorprende lo diferente que era la DC de aquellos tiempos, empeñada en dar una vuelta a sus iconos de siempre y dominando la segunda mitad de los ochenta y parte de los noventa con dos jugadas maestras: el fichaje de las grandes figuras de la Marvel de los primeros ochenta, como Byrne, Pérez y Miller, y la captación de todo ese talento que esperaba en Gran Bretaña: los Moore, Morrison, Delano, Ellis, Ennis, Gibbons y tantos y tantos otros. Wonder Woman, en manos de George Pérez, y Superman, con Byrne, se renovaban de arriba a abajo, pero las operaciones de lavado de cara practicadas en ambos personajes eran una minucia comparadas con la salvaje deconstrucción de Batman en manos de Frank Miller.

El creador de Elektra, con El regreso del Caballero Oscuro y Año Uno, daba forma al concepto de Batman que ha marcado a varias generaciones de lectores ya: Bruce Wayne es el disfraz, Batman es Batman todo el rato. Un justiciero torvo, obseso, violento, que nunca se toma un descanso. De este concepto han bebido practicamente todas las encarnaciones de Batman desde entonces, con matices, con mejor o peor fortuna, y así seguirá siendo. Por no hablar de la influencia que la visión posmoderna, sardónica y desatada de Miller ha tenido en una multitud de autores que han venido después. 


Sorprende el desparpajo de un Miller al que DC prestaba su mejor juguete para jugar. Asombra, aún hoy, la capacidad del autor para el montaje de escenas y páginas, usando de manera soberbia una rejilla de dieciséis viñetas que le permite miles de posiblididades. Esa página en que las franjas de la bandera americana se transforman en la S de Superman… el uso de las onomatopeyas, un arte casi perdido en el cómic comercial hoy en día… las espectrales escenas del retorno a la acción de Batman… Miller hace puro cómic, saca músculo en cada página, huye de lo convencional, no hace concesiones a la galería, refina ese monólogo interior narrativo que se convertirá en marca de fábrica de la casa.

Por no hablar del ramalazo fascista-libertario que desprende su visión del personaje y del mundo en general, en la obra. El estado no arreglará los problemas: Batman demuestra que nosotros tenemos que arreglar los problemas (con esa Lana Lang abogando por el murciélago desde la televisión…). Las buenas intenciones no valen para nada. La caricatura salvaje de las torpes instituciones (alcaldía, gobierno…) y de las ideas de izquierda, encarnadas en los padres porreros de Carrie y en el siquiatra empeñado en rehabilitar a los viejos enemigos de Batman, haría las delicias de Ayn Rand.



Si en Daredevil, Murdock dudaba entre la acción directa del justiciero y la ley del abogado, Batman no duda. No se cimbrea contra el viento. No hace concesiones. No se ablanda, como Superman. Cuando todo el mundo dice "sí", el dice "que te den". Crea su propio viento y las concesiones te las incrusta en la cocorota de un porrazo.

Y sin embargo, años después, Miller llevaba aún más lejos ese concepto en el DK2, un tebeo adelantado a su tiempo, mucho más simple en apariencia, pero igualmente complejo en el fondo, que gana con cada relectura. Y el mismo Miller se choteaba sin pudor alguno de su Batman en All Star Batman & Robin, esa monumental broma que muchos siguen sin entender, como tampoco la entendió Jim Lee.

En resumen, todo lo anterior se resume en lo siguiente: Frank Miller, con sus luces y sus sombras, con sus aciertos y sus errores, es uno de los autores de cómic más importantes de la historia del medio. Punto. Estos días, Miller visita España. Cuando hablen de él, ya sabes de quién estamos hablando.


domingo, 1 de mayo de 2016

El montón de tebeos presenta… FRANK MILLER


Para toda una nueva generación de lectores, el nombre de Frank Miller no tiene la resonancia mítica que tiene para los que ya tenemos una cierta edad. ¿Cómo no sentir algo especial cuando recuerdas las obras más clásicas de Miller? ¿Cómo olvidar el duelo a muerte entre Bullseye y Elektra? ¿O Ruleta? ¿Cómo olvidar el encuentro de Matt con la hermana Maggie en Born Again? ¿Cómo quitarse de la cabeza esa imagen de Lobezno, enseñando las garras e invitándote a bailar? ¿Cómo olvidar el dramático "Me convertiré en un murciélago" de Año Uno? Pero, en los últimos tiempos (o sea en los últimos quince años), como sucedió con la estela de Prince, otro monstruo sagrado de los ochenta, la estrella de Miller ha brillado bastante menos. Miller es sin duda uno de los autores de cómics vivos más importantes de la historia del medio. ¿Vale? Lo digo por si acaso alguna vez se nos olvida...



Su época de esplendor máximo fueron los ochenta, esa verdadera década prodigiosa del cómic americano, dominada en su primera mitad por Marvel y en su segunda mitad por DC. Autores como Frank Miller, Walt Simonson, John Byrne, Chris Claremont, George Pérez, y después la invasión británica encabezada por Alan Moore, dieron al cómic yanqui grandes obras. Pero, me atrevo a afirmar, ninguna, más explosiva, más visceral, más emocionante, más inolvidable que las de Miller.

Miller triunfó en las dos orillas. Primero, en Daredevil, donde le dio la vuelta completamente al personaje, además de acuñar un estilo y una manera de narrar nunca vistas hasta entonces en un tebeo comercial norteamericano, a la altura del estallido realista del Batman de Neal Adams en los setenta, y culminó con ese monumento que es Born Again, junto a un soberbio David Mazzucchelli. Inolvidable es también el Lobezno que fraguó junto a un Claremont en estado de gracia. Las influencias del manga, del noir, de Will Eisner, se amalgamaban en las páginas de Miller, y además contaba con la inestimable ayuda de Klaus Janson en las tintas y el color.



Tras dejar Marvel, Miller inauguraba en DC el formato de lujo con una amalgama de samuráis y ciencia ficción, Ronin, pero la verdadera campanada llegó con sus dos obras seminales sobre Batman, El regreso del Caballero Oscuro (sí, por eso se le llama a Batman "Caballero Oscuro", no se lo han inventado los hermanos Nolan) y Año Uno, de nuevo con Mazzucchelli. Dos tebeos que transformaron a Batman por completo, como ya había trastocado Miller a Daredevil antes, obras de las cuales han copiad… perdón, bebido, con mayor o menor fortuna, practicamente TODOS los tebeos y películas relacionados con Batman en las últimas tres décadas. Y que, junto a Watchmen, contribuyeron a revitalizar el cómic norteamericano y a darle otra dimensión… y quizá a acabar con una manera más ligera, divertida y vitalista de ver las historias de los justicieros disfrazados, pero esa es otra historia.


En los noventa, Miller escribió guiones de cine (Robocop II y III) y paralelamente se consagró a los guiones, ilustrados por otros (Hard Boiled, Give Me Liberty, etc.), se alineó con los primeros ejemplos de autores que seguían la estela de los "fugitivos" de Image y buscaban un mejor reconocimiento de su trabajo en Dark Horse, a través de aquellos sellos editoriales como Legend, Bravura y otros, ya extintos, junto a gente como Arthur Adams, John Byrne o Mike Mignola, por ejemplo. Regresó brevemente a Marvel, justo antes de arrancar con Sin City, para crear Elektra Lives Again, y después se sacó de la manga en DC el célebre DK2, El Contraataque del Caballero Oscuro, un tebeo que descolocó a propios y extraños en su momento (incluido yo mismo; por suerte, con el tiempo, uno va creciendo y juzgando mejor las cosas), y que el tiempo ha puesto en su lugar.




Desde entonces, poco que reseñar: Sin City se alargó mucho más de lo que hubiera debido durar, 300 sigue siendo tan divertido como exagerado (envejece mejor que la película, desde luego), y las aventuras fílmicas de Miller junto a Robert Rodríguez se saldaron con resultados muy decepcionantes. All-Star Batman & Robin quedó como una rara avis en DC, un chiste que nadie pareció entender, y menos que nadie Jim Lee. El tiempo lo va poniendo en su lugar como lo que es, un tebeo tan divertido que da pena que nadie se moleste en seguirle la estela.

El tan rumoreado regreso de Miller a los cómics, Terror sagrado, fue un proyecto muerto desde un principio que pasó totalmente desapercibido cuando se publicó (y era el primer tebeo de Miller desde el DK2…), pese a los "esfuerzos" de Miller para atraer atención mediática… Ahora llega un DKIII que, pese a contar con el concurso de Miller y con autores más que solventes como Azzarello, Kubert y Janson, no parece destinado a ser el aldabonazo que fueron sus dos predecesores… pero que todos vamos a leer, sin duda. Aunque solo sea por si acaso.



En fin, que este es Frank Miller, gente. Creo que es importante recordarlo, porque parece que a veces la gente se olvida de de quién estamos hablando. No puedo menos que recomendar a quien no conozca sus años dorados que se zambulla en ellos sin pensárselo dos veces: Daredevil, Born Again, Año Uno, El regreso... y El contraataque..., de estos últimos al menos tengo pendientes sendas relecturas inminentes. Y lo mejor: todo ello está disponible en el mercado en estos momentos en estupendas ediciones. Merece la pena, y mucho. Pero MUCHO.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

EL MONTÓN DE TEBEOS presenta… By friends-- betrayed!


Ya hablé aquí de otro de mis tebeos Marvel de cabecera, La muerte del Capitán Marvel. Ahora toca hablar de otro, que por méritos propios, es otro de los grandes momentos de la historia de Marvel. El décimo Annual de The Avengers, que data de 1981, es otra historia inolvidable, por varios motivos. Por el excelente guión de Chris Claremont, por los maravillosos dibujos de Michael Golden, y por la bofetada que significaba para el lector habitual marvelómano el giro en la vida de Ms. Marvel. Pero, vayamos por partes.

Carol Danvers, Ms. Marvel, siempre fue un personaje secundario; con gracia, pero secundario. Como casi todas las heroínas Marvel, muchas de ellas versiones femeninas de personajes masculinos (como la propia Carol), su papel en los setenta y en los ochenta era, en la gran mayoría de los casos, el de simple comparsa. Precisamente el autor de este Annual, Chris Claremont, fue uno de los que escribieron su primera serie, publicada a finales de los setenta, y era, ya en los ochenta, de los escasos ejemplos de guionista en cuyos tebeos encontrábamos mujeres con peso e importancia en las tramas. John Byrne también, en esos mismos años, prestaba mucha más atención a Susan Richards en Los 4 Fantásticos. 


En este Annual en concreto, Claremont le daba una dramática nueva dimensión al personaje de Carol, a quien luego incorporaría al cada vez más nutrido grupo de personajes que manejaba, por entonces, en La Patrulla-X. La hasta entonces Ms. Marvel perdía sus poderes a manos de una mutante, la célebre Pícara, que aparecía entonces por primera vez y que pronto pasaría a ser imprescindible: la desdichada dama cajún que roba los poderes de cualquiera que tenga contacto físico con ella. En aquel caso, la transferencia resultó permanente, porque entonces Pícara aún no había "visto la luz" y engrosado el bando de los buenos, como haría más adelante. 

Después, Pícara y sus colegas de la Hermandad de Mutantes Diabólicos y los Vengadores se enzarzaban en una descomunal batalla, como suele suceder en estos casos. Pero la clave de la historia venía en las páginas finales: en un encuentro cara a cara en la Escuela Xavier, Carol echaba en cara a sus compañeros Vengadores su papel de meros observadores en la vergonzosa manipulación, embarazo inducido incluido, que Carol sufrió a manos de Immortus. Todo ello relatado en los números previos al episodio 200 de Avengers, y recordado amargamente por Carol ante sus compañeros.



La reacción de Claremont a la mencionada historia fue visceral, dado que, como ha declarado en algunas entrevistas, él provenía de una familia de mujeres fuertes, y en un momento de su carrera decidió conscientemente hacer algo que no veía hacer a nadie más: crear retratos femeninos que no fueran personajes masculinos con forma de mujer o simples floreros. Eso es lo que intentó hacer con Ms. Marvel en su serie, y en esta historia. Cualquiera que haya leído tebeos de Claremont, en particular sus inolvidables años en La Patrulla-X, recordará la fuerza y el peso de sus personajes femeninos.

Este giro final de la historia de Carol era una verdadera bofetada, y aún recuerdo la impresión que me produjo el leerlo por primera vez. La amargura de este final al mejor estilo El hombre que mató a Liberty Valance me dejó pasmado, y a día de hoy sigue teniendo una enorme fuerza. Esto es lo que hace un buen guionista: sorprender. No solo se trata de buscar resquicios en lo anterior "al estilo Byrne" (o Busiek), para mejorar o corregir lo que él cree que no se hizo bien, sino de dar una verdadera sensación de continuidad y evolución en los personajes. Claremont lo consiguió con creces. Había drama, había sorpresas… Vamos, como tiene que ser. Y sobre todo, el guionista lograba mostrar que hay muchos puntos de vista en una historia.



No se puede olvidar el hecho de que esta aventura inolvidable está dibujada por el gran Michael Golden. "Grande" es una palabra que se queda pequeña para el artista al que Howard Chaykin considera el más influyente de los años ochenta. Dueño de un estilo expresivo, personal, vibrante e inconfundible, el mainstream nunca fue el lugar de Golden. Inolvidable es su trabajo en The 'Nam, en varios episodios de los setenta de Batman (como La tumba del murciélago blanco), en Los Micronautas... Además de los espectaculares lápices, Golden se encargó de colorear el arte final, con tintas soberbias de Armando Gil. Entre ambos, lograron página tras página de un arte colosal, impactante. 

En Excess: The art of Michael Golden, el dibujante contaba que Claremont dejó en sus manos buena parte de la narrativa visual del Annual, incluidas las escenas de batalla, con las cuales hizo un trabajo soberbio. Eso sí, el guión de Claremont era mucho más detallado en las interacciones entre personajes, en particular en esa escena final que daba  sentido al título. Un anécdota: la portada no es de Golden. Uno de los "hombres de la casa", el muchas veces injustamente denostado Allen Milgrom, perpetró una "cosa" que figuró como portada, que no pega ni con cola y que parece una solución de ultimísima hora a algún problema inesperado. Al parecer ninguno de los bocetos de portada que Golden presentó convenció a Marvel. Golden realizó una espléndida commission basada en uno de ellos… 



Se editó por primera vez en Los Vengadores Vol. 1 de Forum, números 32 y 33. Ah, aquellos gloriosos años de Forum: no puedo entender como algunas personas sienten nostalgia al respecto. También apareció en la Biblioteca Marvel: Los Vengadores, también en el número 32; y recientemente, en el tercer tomo de los Marvel Gold de La Patrulla-X.


Link a la versión digital a la venta: http://marvel.com/comics/issue/6924/avengers_annual_1967_10

La maravillosa escena final, completa:







domingo, 1 de noviembre de 2015

El montón de tebeos presenta... Dibujar "bien" y dibujar "mal"


Es un comentario habitual entre los fans del cómic, en particular el de superhéroes, que algo no les gusta porque está "mal dibujado". Hemos de analizar qué es dibujar "bien" y qué es dibujar "mal". Es una cuestión interesante.

En general, la gente que hace ese tipo de comentarios aplica "bien" a un dibujo anatómicamente correcto, cuidado, y estéticamente agradable a la vista, en general. En esta categoría entrarían clásicos como John Buscema o Neal Adams, y sus herederos actuales, como Lee Weeks o Alan Davis, por ejemplo. 


Bien, el problema es pensar que esa es la única manera de dibujar o de narrar que existe. Sin quitar ningún mérito a monstruos como Davis o Buscema, y tantos otros, esa manera de ilustrar una historia no es ni debe ser la única. Porque si aplicamos "mal" a lo que no es anatómicamente "correcto", no es realista, o no se ajusta a un canon clásico de dibujo, entonces dibujan "mal" gente como Frank Quitely, Tim Sale, Arthur Adams, Paul Pope, Mike Allred, Bill Sienkiewicz, Ross Campbell… o Jack Kirby. 

¿Es la anatomía lo único importante? ¿Todo tiene que estar "bien dibujado"?  ¿Confundimos "buen dibujo" con "acabado lustroso", que normalmente es fruto del trabajo de varios pares de manos, a veces no demasiado bien coordinadas?¿Tiramos un tebeo porque una cara está mal resuelta, o porque el autor entiende la anatomía de una manera más personal que académica? ¿Y dónde queda el diseño de personajes? ¿Y la planificación de página? ¿Y la ambientación de la historia? ¿Y la IMAGINACIÓN?



Ejemplos de a qué me refiero: el reciente Capitán Victoria de Joe Casey y Nathan Fox; el Batman Año 100 de Paul Pope; Aurora West de Pope, Petty y David Rubín; el Glory de Keatinge y Campbell; la nueva Ms. Marvel; la reciente Hulka de Pulido; el ya inminente en español Jupiter's Legacy, de Millar y Quitely; o el Ojo de Halcón de Fraction y Aja, entre otros muchos.

No es una cuestión de "mal" o "bien". Dibujar es hacer magia, es convertir un espacio en blanco en otra cosa, es comunicar, es contar. El problema no es que los dibujantes sean más o menos académicos (y ahí está el inmenso Stuart Immonen para demostrarlo); el problema es que sean anodinos. Tantos y tantos tebeos de Marvel, DC y otras vienen envueltos en coloreados digitales abigarrados que intentan disimular lo estático y falto de personalidad de muchos dibujantes, unos porque su talento no da para más, otros (muchos) porque están sujetos por las férreas leyes de una dirección artística mal entendida. Eso sin hablar de las historias, claro...


El género de los superhéroes es pura fantasía, un baúl de sastre en el que cabe todo, y que no puede ni debe afrontarse como algo "realista". Un tebeo de superhéroes realista es un aburrimiento garantizado. Gigantes verdes, personas vestidas de colores que vuelan, gigantes, enanos, seres divinos, otras dimensiones, edificios imposibles… ¿dibujados de manera realista? Venga ya. Eso funcionó con Marvels y con Kingdom Come… pero no solo por Alex Ross, sino porque eran buenas historias, además.


Todo lo que acabo de decir se puede condensar en dos palabras: JACK KIRBY.

jueves, 17 de septiembre de 2015

El montón de tebeos presenta... ¡GARCíA!, 1

¡García! es obra de Santiago García y Luis Bustos, dos talentos que no necesitan presentación (y si la necesitan, es que no has leído Versus, Las meninas, Endurance, El vecino… ¿a qué esperas?). Ambos al alimón nos presentan un personaje inspirado en el legendario Roberto Alcázar, aquel agente secreto de tiempos pretéritos que despachaba expeditivamente a los criminales, acompañado del pendenciero Pedrín.

García es un agente secreto de armas tomar que, como el Capitán América, revive décadas después de su tiempo y despierta en la agitada España de hoy, perfectamente reconocible en el ambiente que pintan García y Bustos. ¿Por qué ha vuelto? ¿Por qué desapareció? ¿Qué fue de su compañero de aventuras, el aguerrido Jaimito?

¡García! es, en palabras de su guionista, un tebeo de superhéroes, pero ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. Los personajes secundarios (don Jaime, Antonia la periodista, el tertuliano Aquilino y demás) tienen múltiples dimensiones, lo cual asegura sorpresas contínuas, y no solo eso, sino que la trama de intriga que rodea al agente García y Antonia, llena de acción, se ve salpicada de homenajes, descacharrantes momentos de humor y más que evidentes referencias a la España del presente.

El gran valor de ¡García! es, precisamente, aunar todas las dimensiones mencionadas dentro de una historia dinámica, que se lee en un suspiro, y que se disfruta de principio a fin. Este tebeazo no hace sino certificar el momento dulce que vivimos los aficionados al cómic en España. No solo tenemos publicada una amplísima variedad de tebeos foráneos de toda clase y condición, sino que contamos con una gran cantidad de talento en casa que están creando un catálogo de obras de enorme calidad, tan estupendas como diferentes entre sí. Esta es una de esas obras. Una de muchas, por suerte. Lectores de toda clase y condición están invitados a la fiesta. Esta semana, llega ¡García! a tu librería. Y el año que viene, la segunda parte.


En resumen: lo necesitas. 

PS: He tenido el placer de entrevistar a ambos para la revista Z, búscala esta semana en todas las librerías asociadas a Zona Cómic.

lunes, 29 de junio de 2015

El Montón de Tebeos presenta... MARVEL 75 AÑOS: LA ERA CLÁSICA



Panini recopila en este Marvel 75 años: la era clásica una serie de inolvidables historias protagonizadas por los héroes Marvel, en una fastuosa celebración de los primeros 75 años de vida de la editorial. En estas 700 páginas encontramos momentos inolvidables como el célebre viaje espacial que otorga sus poderes a Los 4 Fantásticos; la picadura fatídica de la araña envenenada con radiación que convierte al gafotas de Peter Parker en el asombroso Spiderman, o la reunión de los miembros fundadores de Los Vengadores…


Los orígenes de los héroes se complementan con historias selectas de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta: la muerte del primer amor de Peter Parker, Gwen Stacy, a manos del Duende Verde, una imborrable historia que sigue siendo tan vibrante como en el momento de su aparición; los imprescindibles capítulos de Capitán América creados por el sin par Jim Steranko, y la llegada de una de las grandes estrellas del nuevo firmamento fílmico Marvel, la Visión; o la irrupción del gran rey de los cómics de superhéroes de los ochenta, John Byrne, cuyo arte encontramos en numerosos episodios de este libro: en particular, destaca Días del futuro pasado, la brillante distopía que constituye una de las cumbres de la colaboración de Byrne con Chris Claremont en La Patrulla-X.


El volumen nos da una visión de cómo ha sido la editorial en estos primeros 75 años de vida: de unos comienzos algo titubeantes, ingenuos y a menudo inconexos, a la consolidación a lo largo de la década de los sesenta de un universo cohesionado con una impecable lógica interna. Y de unos años setenta que alternaban la repetición con la innovación, pasamos a unos años ochenta donde nuevos creadores como Chris Claremont, John Byrne, Frank Miller, Walt Simonson y otros dejaron una huella imborrable en Marvel con una imbatible combinación de conceptos innovadores y homenajes a sus maestros. 


Este espléndido libro es tan imprescindible para el fan de Marvel de toda la vida como para el aficionado que solo conoce los tebeos más modernos, o que llega al cómic desde las cada vez más abundantes películas y series de televisión que narran las aventuras de los personajes creados por autores como Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko, Bill Everett y otros muchos. Creadores y creaciones que forman parte de la historia del cómic y de la cultura popular desde hace décadas. Como suele suceder en este tipo de proyectos, no están todos los que son… pero sí son todos los que están. 

Además, Panini se lo pone fácil a los neófitos, con numerosos textos que ponen en contexto las historias y referencias a otras ediciones de clásicos de la editorial en distintos formatos, donde los lectores pueden conocer más grandes hitos de la historia de Marvel.


En resumen: excelente en todos los sentidos.

martes, 23 de junio de 2015

El montón de tebeos presenta... EL MULTIVERSO, de Grant Morrison


El Multiverso es un canto de amor de Grant Morrison al género superheroico en general y a DC en particular. La riquísima tradición de universos paralelos de la editorial ofrece el campo de juego perfecto para que Morrison haga, años después de apuntar ya en esta dirección en Animal Man (¿recuerdas al Psicopirata?), por fin, su propia versión a lo grande de Crisis en tierras infinitas. En vez de ordenar para luego unificar, como fue el caso entonces (o viceversa, como sucedió después), Morrison crea un esquema por el que moverse con libertad, lleno de posibilidades que apenas esboza. Todo lo que vemos en El Multiverso deja abierta la puerta a nuevas historias en cada uno de los mundos… Ahora, habrá que ver si DC se anima a seguir adelante y explorar esas distintas realidades o se pierde en nuevos reinicios al mejor estilo DiDio. Todo este material es un verdadero tesoro que en manos de autores inspirados puede dar lugar a diversión sin fin.


En todo caso, El Multiverso cumple a rajatabla las condiciones para ser un tebeo de superhéroes de los buenos. Es divertido, está lleno de sense of wonder, de sorpresas, de homenajes explícitos (como los dedicados a Flash, un verdadero icono para Morrison, durante la batalla final), y la lectura de cada uno de los capítulos deja mucho espacio al lector para ir juntando las piezas. El Multiverso es un tebeo autoconsciente y postmoderno que ha de hacer las delicias del aficionado al género con ganas de divertirse de verdad, y no de leer siempre las mismas historias, como ya sucedía en los imprescindibles New X-Men de Morrison, por no hablar de su andadura en Batman, lo mejor que se ha hecho con el personaje desde Año Uno.


Cierto es que hace falta tener un conocimiento bastante amplio del Universo DC para zambullirse en el laberinto de tierras paralelas que plantea la historia. Unos artículos introductorios al estilo de la antigua edición de Zinco de Crisis en tierras infinitas habrían sido una gran idea. Quizá para una próxima edición en tomo… De todos modos la historia no es complicada, pero sucesivas relecturas permiten hallar nuevos niveles y detalles, como suele suceder con la particular manera de narrar que tiene Morrison. A diferencia de muchos otros tebeos de superhéroes actuales, que no solo no soportan relecturas, sino a veces ni siquiera se dejan leer por primera vez, las obras del escocés ganan con cada revisión.


Los homenajes a los más de 75 años de historia de DC son contínuos. Remando en contra de la filosofía rupturista que representan los Nuevos 52, Morrison abraza, ordena, revisa, reconstruye y trae de vuelta a infinidad de personajes e ideas, en un esfuerzo titánico que además resulta ser un conjunto de tebeos sorprendentemente accesible, variado y legible (a diferencia de otros crossovers anteriores, como Crisis Infinita, simplemente incomprensibles, y sin caer en lo abigarrado como el Infinito de Marvel, un verdadero plomo). Acompañado por las grandes estrellas del lápiz de DC, Morrison divide El Multiverso en varias historias interconectadas que le permiten explorar diversos mundos, sin que las historias se continúen estrictamente, pero encuadrando todas dentro de un tapiz más grande. Solo al final se consigue abarcar el vasto mosaico de personajes coloridos que componen las 52 realidades alternativas.


En El Multiverso 1, Morrison arranca su historia recuperando algunas ideas de su reciente etapa en Action Comics. Un portal entre mundos permite a un Superman negro (y presidente de los EE.UU.) reunir un equipo de héroes de varias tierras para hacer frente a la amenaza del corrompido Nix Uotan, el último Monitor, con héroes de una tierra paralela donde "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" (ejem) como invitados… Esto es solo el principio. La historia se traslada entonces al mundo de la Sociedad de Superhéroes, donde dos mundos chocan de manera dramática; y a continuación, en Los justos, contemplamos el triste futuro de un mundo en el que los héroes han acabado con el mal y sus descendientes malgastan sus dones en una vida anodina.


Después llega un tebeo simplemente apabullante: Pax Americana. Es indescriptible. Solo hay una opción: sumergirse en el mundo creado por Morrison y un Frank Quitely más que inspirado, en su particular versión de Watchmen. Los héroes de la vieja Charlton Comics, que DC compró e incorporó a su catálogo de personajes, incluido el bizarro Peacemaker, protagonizan una historia simétrica y circular, llena de facetas, y que muestra, como Watchmen mostró en su momento, hasta dónde se puede llegar con imaginación y talento. Y a continuación, Mundo Trueno. La familia Marvel contra la hermandad de Sivanas de todas las realidades paralelas y su asombroso plan para vencer por fin a sus siempre sonrientes enemigos. Una verdadera gozada.


Pero es en el siguiente número, La Guía del Multiverso, donde la diversión se dispara de verdad. Dos Batman de distintas realidades encuentran un cómic que es a la vez el que tienes en tus manos, que además es una guía de las 52 realidades paralelas en las que transcurre la historia. Este es el momento en el cual el ámbito de lo que está planeando Morrison comienza a revelarse. Y, tras visitar una Tierra en la que Kal-El nunca aterrizó en Kansas sino en el Berlín de entreguerras para convertirse en el arma definitiva para los nazis, descubrimos el enigma de Ultracomics, el héroe creado a partir de la misma esencia de la ficción, el único superhéroe de Tierra 33.


Y para finalizar, en El Multiverso 2, Morrison redondea la saga con un final tan abierto como siempre deben ser los finales en los crossovers, en esa eterna sucesión de historias que nunca termina que son los tebeos de superhéroes.

El Multiverso demuestra una vez más lo bien que Morrison entiende el género, y que sabe disfrutar y hacernos disfrutar con su trabajo. Un tebeo de superhéroes para todos los que amamos los tebeos de superhéroes. ¡Supermanes a paladas! ¡Flash facts! ¡Colores! ¡Traiciones! ¡El Capitán Zanahoria! ¡No se puede pedir más, gente!