"You're going to need a bigger boat."

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martes, 23 de junio de 2015

El montón de tebeos presenta... EL MULTIVERSO, de Grant Morrison


El Multiverso es un canto de amor de Grant Morrison al género superheroico en general y a DC en particular. La riquísima tradición de universos paralelos de la editorial ofrece el campo de juego perfecto para que Morrison haga, años después de apuntar ya en esta dirección en Animal Man (¿recuerdas al Psicopirata?), por fin, su propia versión a lo grande de Crisis en tierras infinitas. En vez de ordenar para luego unificar, como fue el caso entonces (o viceversa, como sucedió después), Morrison crea un esquema por el que moverse con libertad, lleno de posibilidades que apenas esboza. Todo lo que vemos en El Multiverso deja abierta la puerta a nuevas historias en cada uno de los mundos… Ahora, habrá que ver si DC se anima a seguir adelante y explorar esas distintas realidades o se pierde en nuevos reinicios al mejor estilo DiDio. Todo este material es un verdadero tesoro que en manos de autores inspirados puede dar lugar a diversión sin fin.


En todo caso, El Multiverso cumple a rajatabla las condiciones para ser un tebeo de superhéroes de los buenos. Es divertido, está lleno de sense of wonder, de sorpresas, de homenajes explícitos (como los dedicados a Flash, un verdadero icono para Morrison, durante la batalla final), y la lectura de cada uno de los capítulos deja mucho espacio al lector para ir juntando las piezas. El Multiverso es un tebeo autoconsciente y postmoderno que ha de hacer las delicias del aficionado al género con ganas de divertirse de verdad, y no de leer siempre las mismas historias, como ya sucedía en los imprescindibles New X-Men de Morrison, por no hablar de su andadura en Batman, lo mejor que se ha hecho con el personaje desde Año Uno.


Cierto es que hace falta tener un conocimiento bastante amplio del Universo DC para zambullirse en el laberinto de tierras paralelas que plantea la historia. Unos artículos introductorios al estilo de la antigua edición de Zinco de Crisis en tierras infinitas habrían sido una gran idea. Quizá para una próxima edición en tomo… De todos modos la historia no es complicada, pero sucesivas relecturas permiten hallar nuevos niveles y detalles, como suele suceder con la particular manera de narrar que tiene Morrison. A diferencia de muchos otros tebeos de superhéroes actuales, que no solo no soportan relecturas, sino a veces ni siquiera se dejan leer por primera vez, las obras del escocés ganan con cada revisión.


Los homenajes a los más de 75 años de historia de DC son contínuos. Remando en contra de la filosofía rupturista que representan los Nuevos 52, Morrison abraza, ordena, revisa, reconstruye y trae de vuelta a infinidad de personajes e ideas, en un esfuerzo titánico que además resulta ser un conjunto de tebeos sorprendentemente accesible, variado y legible (a diferencia de otros crossovers anteriores, como Crisis Infinita, simplemente incomprensibles, y sin caer en lo abigarrado como el Infinito de Marvel, un verdadero plomo). Acompañado por las grandes estrellas del lápiz de DC, Morrison divide El Multiverso en varias historias interconectadas que le permiten explorar diversos mundos, sin que las historias se continúen estrictamente, pero encuadrando todas dentro de un tapiz más grande. Solo al final se consigue abarcar el vasto mosaico de personajes coloridos que componen las 52 realidades alternativas.


En El Multiverso 1, Morrison arranca su historia recuperando algunas ideas de su reciente etapa en Action Comics. Un portal entre mundos permite a un Superman negro (y presidente de los EE.UU.) reunir un equipo de héroes de varias tierras para hacer frente a la amenaza del corrompido Nix Uotan, el último Monitor, con héroes de una tierra paralela donde "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" (ejem) como invitados… Esto es solo el principio. La historia se traslada entonces al mundo de la Sociedad de Superhéroes, donde dos mundos chocan de manera dramática; y a continuación, en Los justos, contemplamos el triste futuro de un mundo en el que los héroes han acabado con el mal y sus descendientes malgastan sus dones en una vida anodina.


Después llega un tebeo simplemente apabullante: Pax Americana. Es indescriptible. Solo hay una opción: sumergirse en el mundo creado por Morrison y un Frank Quitely más que inspirado, en su particular versión de Watchmen. Los héroes de la vieja Charlton Comics, que DC compró e incorporó a su catálogo de personajes, incluido el bizarro Peacemaker, protagonizan una historia simétrica y circular, llena de facetas, y que muestra, como Watchmen mostró en su momento, hasta dónde se puede llegar con imaginación y talento. Y a continuación, Mundo Trueno. La familia Marvel contra la hermandad de Sivanas de todas las realidades paralelas y su asombroso plan para vencer por fin a sus siempre sonrientes enemigos. Una verdadera gozada.


Pero es en el siguiente número, La Guía del Multiverso, donde la diversión se dispara de verdad. Dos Batman de distintas realidades encuentran un cómic que es a la vez el que tienes en tus manos, que además es una guía de las 52 realidades paralelas en las que transcurre la historia. Este es el momento en el cual el ámbito de lo que está planeando Morrison comienza a revelarse. Y, tras visitar una Tierra en la que Kal-El nunca aterrizó en Kansas sino en el Berlín de entreguerras para convertirse en el arma definitiva para los nazis, descubrimos el enigma de Ultracomics, el héroe creado a partir de la misma esencia de la ficción, el único superhéroe de Tierra 33.


Y para finalizar, en El Multiverso 2, Morrison redondea la saga con un final tan abierto como siempre deben ser los finales en los crossovers, en esa eterna sucesión de historias que nunca termina que son los tebeos de superhéroes.

El Multiverso demuestra una vez más lo bien que Morrison entiende el género, y que sabe disfrutar y hacernos disfrutar con su trabajo. Un tebeo de superhéroes para todos los que amamos los tebeos de superhéroes. ¡Supermanes a paladas! ¡Flash facts! ¡Colores! ¡Traiciones! ¡El Capitán Zanahoria! ¡No se puede pedir más, gente!


domingo, 13 de julio de 2014

Recién leído: GRAPHIC INK, THE ART OF FRANK QUITELY



Frank Quitely es uno de los grandes en el mundo del cómic. Asimilando influencias enormemente variadas, con los años el escocés ha ido puliendo su estilo hasta alcanzar la pasmosa perfección que podemos encontrar en All Star Superman o Jupiter's Legacy. El único pero: su lentitud, debida a lo meticuloso de su dibujo. Quitely es uno de esos artistas que hacen que la espera merezca la pena.

El volumen que acaba de publicar DC recopila buena parte de la del artista escocés, centrándose en sus historias cortas: desde los primeros relatos cortos de las antologías de The Big Book of… a cosas curiosas como una historia breve de Weird War Tales y otras piezas breves. Destaca, naturalmente, la historieta que firmaba en la antología de The Sandman Noches eternas, simplemente espectacular.

También se recopilan los tres primeros episodios del imprescindible Batman y Robin escrito por Grant Morrison, página tras página de maestría, y esa curiosidad en los anales de Batman titulada Scottish Connection; y además, podemos disfrutar de multitud de portadas creadas por Quitely para numerosas series de DC. Todo ello, en formato grande, lo que permite alucinar el doble con los detallados dibujos de Quitely y su inigualable imaginación.

En resumen: una gozada.

miércoles, 25 de junio de 2014

El montón de tebeos presenta... NEW X-MEN de Grant Morrison



A principios del siglo XXI, Grant Morrison, pleno de ideas e imaginación, daba un giro de timón radical a las vidas de los mutantes más famosos, se inventaba un puñado de personajes y conceptos que siguen dando juego a día de hoy, y además llegaba acompañado de la rompedora imagen gráfica que proponía Frank Quitely, amigo y frecuente colaborador.

La andadura de los renovados New X-Men arrancó en EE.UU. en 2001. En los tres años siguientes, los lectores habituales se encontraron con un panorama absolutamente renovado. Los personajes más populares del equipo quedaban en manos de Morrison: Cíclope, Lobezno, Jean Grey y la Bestia, vestidos a imagen y semejanza de la entonces reciente película X-Men, de Bryan Singer, se encontraban con nuevos dilemas y problemas, y no era el menor de ellos la presencia arrolladora de la sin par Emma Frost, la Reina Blanca, antigua villana reconvertida en heroína. Por otro lado, la simple idea de una posible segunda mutación de los héroes-X abría todo un mundo de posibilidades.


En pocos meses averiguábamos que el Profesor X tenía una hermana gemela, Casandra Nova, telépata como Xavier, pero nacida sin cuerpo, y que, armada con un escuadrón de Centinelas, arrasaba la isla de Genosha, dejando a su paso miles de muertos, entre ellos, aparentemente, Magneto. Al equipo se unía el poderoso Xorn, un mutante chino con un sol en miniatura en su cabeza. Nos sorprendíamos al averiguar que la “X” de Arma-X significaba “décimo”, no “mutante”, cuando el Profesor X y Jean conocían a Arma XIII, el socarrón Fantomex. Y también veíamos como, poco a poco, el inmenso poder de Fénix volvía a manifestarse en Jean Grey, despertando los recelos del poderoso Imperio Shi’Ar. Además, los X-Men se convertían en personajes populares, e inauguraban sedes a lo largo y ancho del globo, en una idea que Morrison reciclaría más adelante para su imprescindible andadura en Batman; y los estudiantes de la escuela Xavier se volvían mucho más interesantes, y ahí estaban las quintillizas telépatas, la nueva Ángel, el Pico o Quentin Quire para demostrarlo.


Todo ello y muchas sorpresas más llegaba servido con la habitual genialidad de Morrison en los diálogos. Además de Quitely, responsable de los diseños de los personajes y de episodios clave como el de la visita de Jean y Emma al cerebro de Xavier, la serie contaba con los dibujos de artistas como Phil Jimenez, Marc Silvestri o Ethan van Sciver (tan cumplidores como anodinos), un estupendo Tommy Lee Edwards, un Leinil Yu tan tieso como siempre o Igor Kordey, todo un descubrimiento.

New X-Men fue nació en una Marvel en verdadera ebullición creativa en aquellos años, y basta recordar que en esos momentos arrancaban Ultimate Spider-Man y Alias, de Brian M. Bendis, Joe M. Straczynski sorprendía a propios y extraños en Amazing Spider-Man, y se avecinaba la irrupción de los Ultimates de Millar y Hitch. Una excelente cosecha. Los tres años de historias mutantes de Morrison, sin el lastre de innecesarios crossovers, siguen siendo a día de hoy una de las etapas de referencia de la franquicia mutante de Marvel. Sí, lo sé, me repito. ¿Y qué? Soy fan de Grant Morrison, que le vamos a hacer...




sábado, 28 de abril de 2012

@rdp: Sobre FLEX MENTALLO


Una delicia para la vista, una historia para todos los que amamos los tebeos y una reivindicación de lo ingenuo y lo divertido (esto último, ausente de la práctica totalidad de los tebeos de superhéroes de hoy) frente a los héroes "realistas y atormentados". A mediados de los 90, Grant Morrison daba vueltas a ideas que aparecerían también en otras obras suyas, como Animal Man o su ya larga andadura en Batman, y maneja bien la historia del improbable héroe musculitos creado por la desbocada imaginación de un chaval. Pero el verdadero do de pecho del tebeo lo proporciona Frank Quitely, con página trás página de puro talento. Ya entonces, cuando no era tan conocido como ahora, su trabajo dejaba boquiabierto. El nuevo coloreado realza la espectacularidad de las páginas de Quitely.
Grant Morrison y Frank Quitely. No hace falta decir más. Imprescindible. Braze yourselves for total reality!

sábado, 24 de septiembre de 2011

EL MONTÓN DE TEBEOS presenta… THE AUTHORITY

 
Y, ¿a santo de qué viene ahora hablar de The Authority? ¿Es que no hay tebeos americanos más recientes que sean lo bastante interesantes? Bueno, alguno hay (no tantos), pero siempre merece la pena hablar de The Authority.

Sobre todo, naturalmente, los dos primeros volúmenes: por un lado, los doce episodios realizados por Warren Ellis y Bryan Hitch; por otro, la continuación debida a Mark Millar, Frank Quitely y otros. Lo demás, en serio, no es importante. Estos capítulos de The Authority son un tebeo de superhéroes diferente porque sus guionistas tratan a sus personajes de una manera más realista, dentro del ambiente de ciencia´ficción que les rodea, y sobre todo, de un modo coherente.

El concepto de partida, que Ellis hizo arrancar en Stormwatch, es fascinante. Los miembros del equipo son seres superiores: un mago supremo, la encarnación del poder del sol, el mejor luchador del mundo, la científica más brillante, un ángel exterminador, el dios de las ciudades y el mismo espíritu del siglo XX, que viajan en una nave viviente del tamaño de una pequeña luna. No hablamos de meros justicieros que mantienen el statu quo, ya no. Y como tales seres superiores, llega un momento en que deciden plantarse y arreglar lo que ellos consideran que debe arreglarse.

Ellis insinúa esta idea, sobre todo con Jenny Sparks. Pese a ello, sus historias no ahondan demasiado en este tema, sino que simplemente van agotando los rivales, cada vez más poderosos, a los que tienen que hacer frente los protagonistas. Llegado el final de su andadura, con la muerte de Jenny, se les acaban los enemigos a The Authority. Todo ello servido por un Bryan Hicth que mejoraba número a número, que ya anticipaba sus estupendos The Ultimates, y que desde entonces ha entrado en un franco declive.

Y entonces llega un Mark Millar aún no tan famoso como ahora, y en uno de sus mejores trabajos, pone a The Authority en marcha de verdad. De pronto, el equipo ya no trata con maléficos superdictadores, realidades alternativas, alienígenas que desafían la imaginación. Ahora, se ocupan de los dictadores que salen todos los días en los telediarios. Y queda bien claro el mensaje que quiere transmitir el demoledor Millar cuando vemos a quién manda el statu quo para intentar reducir a The Authority: superhéroes "del sistema" que recuerdan maliciosamente a Los Vengadores y la Patrulla-X (y todos ellos son masacrados de manera inmisericorde, claro).

En la segunda parte de su etapa, Millar, en un argumento que repetirá casi exactamente más adelante en The Ultimates, deja a los miembros del equipo bastante maltrechos, derrotados por un curioso "supersoldado" (son sustituidos por unas fugaces réplicas, cortesía de Tom Peyer y Dustin Nguyen, en cuatro anodinos capítulos), pero éstos, naturalmente, consiguen rehacerse y eliminar a sus sustitutos, esbirros del establishment que no ve con buenos ojos a los superhéroes "respondones". Y así termina la serie, o al menos, la parte que merece la pena leer.


El grueso de estos episodios los dibujaba un inigualable Frank Quitely, que ya asombraba a propios y extraños, y que después pasaría a colaborar con Grant Morrison en varias obras de referencia del género sobradamente conocidas de todos. Invitados como Arthur Adams, Gary Erskine o Chris Weston tampoco desentonaban.

Las continuaciones de la serie no han alcanzado la calidad del trabajo de Ellis y Millar, y desde luego carecen del carácter transgresor de las historias de ambos. Ese es precisamente el valor de The Authority: Ellis y Millar, sobre todo Millar, le dieron la vuelta al concepto de superhéroe, y gracias a ello hacen parecer caduco cualquier otro tebeo de superhéroes, tanto contemporáneo como posterior, incluso los escritos por ellos mismos.


Escasas excepciones escapan a ello: así, en frío, destacaríamos The Umbrella Academy, por su arrolladora originalidad; Irredeemable, por su falta de prejuicios; Ex Machina, por su originalidad;  Powers, por su inteligencia y su mezcla de géneros… Pero en la práctica totalidad de la producción de Marvel y DC (con algunas honrosas excepciones, como Ultimate Spider-man o el Batman perpetrado por Grant Morrison) se echa de menos ese carácter original y transgresor, y por el contrario, nos encontramos con la repetición continua de fórmulas ya desgastadas: refundaciones, resurrecciones, crossovers, reinicios… vamos, lo mismo de siempre.

Incluso obras tan exitosas como Civil War o The Ultimates (pese a ser guiones del propio Millar) están muy por debajo de la originalidad, el sense of wonder y el carácter transgresor que imperan en estos primeros años de The Authority. Y además, tanto Ellis como Millar no olvidan, además, hacer su Authority divertido. Sorpresas, diálogos brillantes, acción desatada… Ahora que Norma anuncia una nueva edición en formato Absolute, quien aún no haya leído The Authority tiene una excelente oportunidad de hacerlo…